Sobre querer cosas

Original - Agosto 30 de 2011

Hay gente que aclama que ya nunca desean tener cosas, que simplemente ya no les importa tener ropa genial y aparatos y maletas y cuadernos, quienes han logrado trascender el querer cosas.

Esas personas están mintiendo.

A menos que seas un Maestro Zen certificado, tú nunca trascenderás el querer cosas (e inclusive los Maestros Zen tienen sus tentaciones, estoy seguro).

Somos humanos, y tenemos deseos. Cuando el nuevo iPhone sale al mercado, lo deseo igual que la mayoría de tecnófilos como yo lo desean.

Yo, sin embargo, no compro el iPhone.

He deseado el iPhone desde que salió por primera vez en el 2007, y por más de cuatro años me he resistido a conseguir uno.

No es porque me guste torturarme a mi mismo, o porque piense que soy muy cool para un iPhone, sino porque no quiero sucumbir a esa codicia.

Sé que no necesito el iPhone, y sé que mi cerebro ha sido engañado para que lo desee.

Cuando queremos cosas que son hermosas, cool, sexys (sí, tenemos deseos semi-sexuales por los objetos, y sí, eso es raro)... hemos sido engañados.

No hemos sido engañados porque somos ignorantes, estúpidos o tontos, sino porque somos humanos.

Las corporaciones se han vuelto buenas en engañarnos, en estimular nuestros deseos, y como resultado codiciamos y luego compramos sus productos.

Apple es uno de los mejores en eso, y ha hecho un trabajo tan bueno que cuando por Twitter publiqué una pequeña observación sobre Steve Jobs, recibí trinos de odio por mi estupidez, ceguera, idiotez y pretenciosidad.

Todas esas palabras y más porque sugerí que el mercadeo de Apple ha funcionado muy, muy bien en nosotros (me incluyo a mi mismo).

Apple no es el único, pero es uno de los mejores ejemplos.

Codiciamos otras marcas, incluyendo zapatos, maletas para laptop, jeans, máquinas de café, hamburguesas y más.

La publicidad ha funcionado en nosotros.

Pero no te decepciones de ti mismo. No hay forma de dejar de desear, pero hay formas de reducir los deseos.

Deja de ir a los centros comerciales y otros lugares diseñados para hacer que compres cosas.

Deja de ver tanta televisión (o por lo menos bloquea todos los anuncios), porque están diseñados para que compres cosas.

Deja de leer revistas llenas de anuncios diseñados para que compres cosas.

Deja de leer catálogos, los cuales solo son anuncios.

Deja de ir a sitios web llenos de cosas que tal vez quieras comprar. Deja de visitar tanto esos sitios de compras.

Deja de ver las cosas que otras personas tienen, en Internet y en la vida real, y aprende a ser feliz con lo que ya tienes.

Y cuando te notes a ti mismo queriendo algo (la consciencia lo es todo), pausa.

Pausa un poco más. Pon ese objeto en una lista de 30 días.

Espera. Los deseos se desvanecen con el tiempo.

Algunos toman más años que otros.

- Gracias a Jeremy Barth por la idea de este artículo.

(Santiago: Yo pienso que deberías ser un adulto responsable, y que si quieres ir al centro comercial, ver televisión, leer revistas y navegar por Internet, hazlo, y pues aguántate y no sucumbas a comprar todo lo que te muestren y digan los anuncios.

Tú eres una niña/niño grande y puedes hacerlo, ¿verdad?)


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