La historia de Elliot Rodger - Capítulo 10

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Parte 6: Santa Bárbara - Fin del Juego

Edad: 19-22

El sábado 4 de junio de 2011 empaqué todas mis pertenencias más importantes en mi auto, me despedí de mi madre, y me fui para enfrentar mi destino en la hermosa ciudad costera de Santa Bárbara. Estaba lloviendo cuando llegué a los alrededores, y sentí un ominoso presentimiento cuando llegué a Isla Vista, mi nuevo hogar. Me encontré con mi padre afuera de mi apartamento, quien me ayudó a ingresar mis pertenencias.

Los dos caminamos hasta la oficina de arriendos, donde me dieron mis llaves nuevas, y una de los recepcionistas me llevó a mi unidad de apartamento, en la cual me quedaría durante un mes. Me presentaron a dos compañeros de apartamento que solo se quedarían allí durante una semana. Uno de ellos se llamaba Artem, un estudiante ruso callado que iba a la UCSB; y el otro, cuyo nombre no recuerdo, era un chico alto rubio tipo surfista que iba a la SBCC. Me molestó lo alto y atractivo que era él, aunque no lo demostré.

Después de desempacar todas mis pertenencias, mi padre y yo salimos para tener un almuerzo rápido antes de despedirnos. Y eso fue todo. Por primera vez en mi vida, yo viviría independientemente, a millas de mis padres, en una nueva ciudad. Sentí una gran ansiedad, miedo y trepidación; pero también sentí esperanza de que mi vida posiblemente cambiara para mejorar. Hablé un poco de cháchara con mis nuevos compañeros de apartamento, y estos parecieron ser lo suficientemente agradables.

Fue difícil de creer que yo de verdad estaba viviendo en un apartamento con otros dos estudiantes universitarios a quienes yo no conocía hasta ese día, especialmente para alguien como yo que ha tenido interacciones sociales muy mínimas con otras personas jóvenes. Se sintió extraño y peculiar. Me sentía incierto de qué esperar, y la ansiedad que sentí de esa incertidumbre era abrumante, pero sabía que tenía que esforzarme. Sabía que este era un gran punto de giro en mi vida. Mi vida finalmente estaba cambiando, y tenía que hacer mi mejor esfuerzo para lograr que ese cambio fuese positivo.

La primera noche fue traumática, y me dejó más que todo un muy mal sabor de boca. A través de mi ventana escuché a muchos estudiantes festejando afuera, y me pregunté, sintiendo una gran cantidad de miedo, cómo es que podría unirme a su diversión. Después de todo, esa es la razón por la que yo estaba allá. Yo no pensaba que era capaz de hacerlo. Luego esa noche, escuché a un chico y una chica teniendo sexo en el apartamento encima del mío.

El solo saber que otro hombre joven estaba disfrutando de los placeres del sexo, mientras que yo no recibía nada de ese placer, siempre me llenaba de furia envidiosa, además de un amargo odio hacia el mundo. ¿Pero escucharlos haciéndolo? Eso fue todavía más traumatizante.

Sin embargo, yo estaba preparado para esto. Investigué mucho sobre la vida universitaria en la ciudad de Isla Vista, y sabía que los estudiantes tenían mucho sexo allá. Tuve un toque de sospecha de que pronto terminaría escuchando e inclusive viendo a gente haciendo cosas así si vivía en ese ambiente. Joder, la razón por la que me mude allí era porque era un lugar sexualmente activo. Yo quería ser sexualmente activo. Pero cuando escuché a la pareja sobre mí tener sexo, no pude evitar sentirme totalmente miserable por eso. Intenté calmarme a mí mismo y convencerme de que pronto yo estaría haciendo eso mismo. Que equivocado estaba.

Mi primera semana resultó ser muy desagradable, dejándome una horrible primera impresión de mi nueva vida en Santa Bárbara. Mis dos compañeros de apartamento eran amables, pero seguían invitando a este amigo de ellos llamado Chance. Él era un chico negro que venía todo el tiempo, y yo odiaba su actitud arrogante. Inevitablemente, un amargo incidente ocurrió entre él y yo. Yo estaba comiendo algo en la cocina cuando él llegó y empezó a presumirle a mis compañeros de apartamento sobre su éxito con las mujeres. Yo no lo pude aguantar, así que procedí a preguntarles a todos si ellos eran vírgenes. Todos ellos me miraron raro, y me dijeron que habían perdido sus virginidades hace mucho tiempo. Me sentí tan inferior, y me recordó lo mucho que me había perdido de la vida.

¡Y luego este chico negro llamado Chance me dijo que había perdido su virginidad cuando solo tenía trece años! ¡Y además dijo que la chica con la que había perdido su virginidad era una chica blanca rubia! Me sentí tan enfurecido que casi le echo mi jugo de naranja encima. Indignantemente le dije que no le creía, y luego fui a mi habitación a llorar. Lloré y lloré y lloré, y luego llamé a mi madre, y le lloré por teléfono.

¿Cómo es que un chico negro, feo e inferior, podía conseguir a una chica blanca, y no yo? Yo soy hermoso, y soy mitad blanco. Soy descendiente de la aristocracia británica. Él desciende de esclavos. Yo lo merezco más. Intenté no creer en sus repugnantes palabras, pero estas ya habían sido dichas, y fue difícil borrarlas de mi mente. Si eso era verdad, si ese negro feo y guarro podía tener sexo con una chica blanca rubia a la edad de trece años mientras que yo tenía que sufrir por mi virginidad toda mi vida, entonces eso prueba lo ridículo que es el género femenino. Ellas se entregarían a sí mismas a esa asquerosa escoria, ¿pero me rechazan a MÍ? ¡La injusticia!

Las mujeres de verdad están mal de la cabeza. Sus mentes están dañadas, y en esos momentos de mi vida empecé a verlo. Mientras más exploré mi ciudad universitaria de Isla Vista, más ridiculeces empecé a presenciar. Todas las chicas hermosas y candentes caminaban junto con odiosos tipos rudos tipo atletas que iban a fiestas todo el tiempo y actuaban como locos. En su lugar ellas deberían es ir detrás de caballeros inteligentes como yo. Las mujeres se sienten sexualmente atraídas al tipo equivocado de hombre. Esta es una falla mayor en la mismísima fundación de la humanidad. Es completamente y absolutamente equivocado, en todo el sentido de la palabra. Y cuando de verdad entendí estas verdades, me sentí profundamente perturbado por ellas. Profundamente perturbado, ofendido, y traumatizado.

Esos dos compañeros de cuarto se mudaron una semana después. Me sentí aliviado de ver que se fueron, después de ese horrible incidente. Luego me presentaron dos compañeros de apartamento nuevos, quienes se quedarían en el apartamento durante el resto del mes en el que estuve allí. Sus nombres eran Daniel Faynshell y Reed Mankins. Reed era un callado estudiante asiático-americano que estudiaba biología en la UCSB, y Daniel era un corpulento estudiante ruso que tenía una personalidad ocurrente. Ambos eran mayores que yo por un par de años. Daniel era muy social y conversador. Él usualmente intentaba iniciar conversaciones conmigo, lo cual me gustaba. La interacción social siempre era bienvenida en mi solitaria vida, y me pareció que él era una persona muy interesante. Fue agradable que alguien me hablara.

Pronto empezó mi sesión de verano en la Universidad de la Ciudad de Santa Bárbara - la SBCC. Me inscribí en dos clases, una de historia y una de geografía. La clase de historia empezaba a las 8:00 de la mañana. Cuando sonó mi alarma, con entusiasmo me puse una de una de mis camisetas nuevas, y me alisté para empezar mi primer día en mi nueva universidad. El clima era soleado y brillante mientras conducía por la autopista 101. Ahí estaba. Este era el momento de la verdad. Toda mi vida había llevado a este momento.

Estaba empezando en una nueva universidad, y una hermosa ciudad nueva. Este fue un nuevo comienzo para alcanzar la vida que había deseado por tanto tiempo. Si no puedo lograr lo que quiero en este ambiente lleno de oportunidades, entonces estoy arruinado de por vida.

Sentí una gran cantidad de seguridad en mí mismo cuando ascendí las escaleras que llevaban al campus principal. Para mi primera clase, que era de historia, tenía que cruzar el icónico puente al este del campus. Intenté sentirme tan seguro de mí mismo como era posible, pensando que todas las chicas que pasaba se sentían atraídas a mi apariencia. Deberían estarlo. Pasé mucho tiempo eligiendo mi camiseta y arreglando mi cabello.

Cuando llegué al salón de clases, vi a algunas chicas bonitas esperando afuera. Mis nuevos compañeros de clase, pensé con entusiasmo. Me sentí un poco decepcionado de que no me prestaran ninguna atención. Ni siquiera me miraron. Me sentía seguro de que tenía una apariencia atractiva ese día, pero esas chicas no parecían notarlo. Tal vez yo solo me estaba engañando a mí mismo.

A medida que todos los estudiantes empezaron a llegar, un grupo de típicos chicos populares se sentaron cerca de mí. Sus personalidades odiosas y extremadamente sociales me ofendieron, y me sentí con deseos de levantarme e irme. Ellos de alguna forma conocían a todas las chicas bonitas en la clase, y rompió mi corazón verlos hablar con estas chicas.

¿Cómo es que yo podía competir contra esos chicos populares? Los odié mucho. Toda mi vida yo había querido ser como ellos, desde la primaria, pero ellos nunca me aceptaron. Ellos habían causado que mi vida fuese un infierno en vida durante demasiado tiempo. Justo entonces, en mi primer día en la SBCC, yo estaba pasando exactamente por lo mismo que había pasado en todas las otras instituciones de educación en las que había estado; el sentimiento de ser un rechazado solitario e indeseado.

Esa clase fue horrible, pero no quería rendirme tan pronto. ¡No podía! Toda mi vida dependía de mi éxito en Santa Bárbara. Luego atendí a mi clase de geografía. Esta clase fue mucho más interesante, y más relajada, pero no tenía a ninguna chica bonita. Después del almuerzo me dirigí al área de la cafetería, y vi a muchas rubias bonitas sentadas allí. Deseé tener el coraje de abordar a alguna de ellas y pedirle que saliera en una cita conmigo, pero me hubiesen visto como un rarito asqueroso. Las mujeres son tan crueles.

Después de que salí del campus conduje hasta el centro de Santa Bárbara para explorar áreas nuevas. Subí y bajé por la Calle State, el área común principal de la ciudad, la cual casi todos frecuentaban. Incontables restaurantes y tiendas llenaban una calle magníficamente diseñada con andenes anchos. Era absolutamente hermoso… un verdadero paraíso, para aquellos que la estaban pasando bien allá.

Solo me puedo imaginar lo celestial que sería caminar por esa calle con una novia bonita. Mi vida estaría completa si yo pudiese hacer eso. Sería el clímax de la perfección gratificante. Tener a una hermosa chica rubia a mi lado, sentir su mano agarrada de la mía mientras caminamos a todos lados juntos, ¡y sentir su amor! Eso es lo que yo quería en la vida. Pero en vez de eso, tuve que ver a otros hombres experimentar mi idea del cielo mientras yo me pudría en amarga soledad.

Y había muchas parejas jóvenes en la Calle State. El área entera estaba llena de gente joven disfrutando de sus placenteras vidas. Vi a grupos de chicos y chicas populares alegremente caminando juntos. Eso me recordó aquella funesta caminata por la zona común de Calabasas, cuando vi lo mismo. Y ahí estaba yo, dos años después, todavía en la misma situación exacta. Era muy difícil lidiar con eso. Rápidamente conduje hasta mi apartamento y lloré solo, mojando mi almohada con lágrimas de agonía.

Hasta ahora, no estaba funcionando el estar en Santa Bárbara. Temía lo horrible que sería continuar sufriendo mi miserable, solitaria y célibe vida en una ciudad tan hermosa, donde todos los demás experimentaban los placeres del sexo y el amor. Eso sería el infierno más oscuro. Y eso era exactamente lo que me deparaba.

Después de un par de días decidí abandonar mi clase de historia. No podía aguantar ver a esos odiosos chicos populares hablar con todas las chicas bonitas de la clase. ¡Y las chicas de verdad se sentían atraídas hacia ellos! A mí es a quien deberían prestarle atención, pero me trataban como si fuese invisible. Yo no quería seguirme torturando a mí mismo. Sentí culpa cuando lo hice, ya que me había comprometido a sacarle el mayor provecho a mi estadía en Santa Bárbara. Una vez abandoné la clase, sentí alivio. Yo todavía estaba inscrito en la clase de geografía, y era solo la sesión de verano. Tenía mucho tiempo para compensar.

Pasé el resto de mi primer mes intentando tanto como pude el ponerme a mí mismo en el ambiente social de Isla Vista. Daniel tenía veintitrés años, así que le pedí que comprara algo de alcohol para mí – en particular, una botella de vodka. En esa ciudad universitaria, todos salían a la calle por lo menos con un poco de alcohol dentro de su sistema.

Yo no era un alcohólico, pero beber alcohol siempre me ayudaba a ser más sociable y seguro de mí mismo. Las noches de los fines de semana tomaba unos tragos de mi botella de vodka, y me dispondría a caminar por la ciudad, desesperadamente esperando que me encontrara con alguna oportunidad para hacer amigos. Usualmente terminaba sentándome solo en un café, esperando que alguna chica me hablara antes de volver a estar sobrio. Ninguna mujer me habló. Luego regresaría a casa para acostarme en mi cama, solo.

Una noche de esas me embriagué lo suficiente para presentarme a otros estudiantes que vivían en mi conjunto de apartamentos. Ellos estaban sentados en el área común del apartamento, y yo abordé su grupo y me senté con ellos. Ellos no fueron hostiles hacia mí, y logré hablar algo de cháchara con ellos. Sin embargo, después de un rato, terminé sentado allí incómodamente, y ellos finalmente me preguntaron por qué estaba tan callado. Yo odiaba cuando la gente hacía eso… nadie jamás entiende los problemas de alguien que sufre de ansiedad social.

Ellos me ofrecieron unas cervezas, las cuales con gusto acepté. Terminé embriagándome tanto que me desmayé. Terminé tambaleándome de regreso a mi apartamento, y vomité en el suelo, al igual que esa vergonzosa noche en la fiesta de cumpleaños de Addison Altendorf. La mañana siguiente, ni siquiera recordé que me había vomitado. Daniel me informó de lo que pasó, con una pícara sonrisa en su rostro. Me sentí tan avergonzado, pero por lo menos hice algo más social que cualquier otra cosa que había hecho en los últimos años. Eso era un progreso… suponía yo.

Debido a vivir en un ambiente totalmente nuevo, con muchas nuevas experiencias que venían con ese ambiente, mi primer mes en Santa Bárbara pasó muy lentamente. Me sentí aliviado cuando llegó julio, y pude visitar mi casa durante un fin de semana. Cuando llegué a Woodland Hills, sentí como si no hubiese estado allí hace años. Fue un sentimiento agradable, y me dio la impresión subconsciente de que mi vida finalmente estaba moviéndose hacia adelante en vez de quedarse estancada.

Cuando llegué al apartamento de mi madre, ella estaba en el trabajo, y Georgia estaba en la escuela. Me tomé un momento para relajarme después de haber pasado por tantos traumas e intranquilidad, poniéndome al día con todos los episodios de Juego de Tronos que me había perdido, incluyendo el final de la Temporada 1. Más tarde esa noche me encontré con mi madre y padre en un restaurante de clase alta cerca del Centro Warner, y ambos parecían muy orgullosos de mí.

Yo no me sentía orgulloso de mí mismo, ya que a duras penas había cumplido mis expectativas durante mi primer mes en Santa Bárbara. Tuve una comida exquisita en el restaurante, y allí vi a una chica bonita caminar con su familia. La miré, y ella me miró. Desesperadamente me pregunté si ella me consideraba atractivo, e intenté convencerme a mí mismo de que ella sí se sentía atraída hacia mí, en un esfuerzo para sentirme mejor sobre mí mismo. Sea que ella se sintiera atraída hacia mí o no es una pregunta cuya respuesta nunca sabré.

No había clases el lunes siguiente, debido a las festividades del 4 de julio. Fui con mi madre a la fiesta anual del 4 de julio en casa de los Lemelson. Allí, vi a James por primera vez en mucho tiempo. Se sintió bien verlo de nuevo. Él me había estado ignorando durante el último par de meses, pero los dos recomenzamos nuestra amistad en la fiesta. Yo le comenté que ahora estaba yendo a la Universidad en Santa Bárbara, y él pareció ponerse feliz por mí. Mientras cenaba con él, Noah, y algunos de los amigos de Noah que estaban en la mesa de afuera, filmaron un video gracioso que yo tengo en mi teléfono hasta el día de hoy.

La mañana siguiente conduje de regreso a Santa Bárbara para terminar la segunda mitad de mi sesión de verano. Rezaba que mi experiencia fuese mejor desde ese punto.

Cuando regresé a los Apartamentos Capri era hora de que me transfirieran a mi unidad de apartamento permanente, en la cual permanecería durante todo el año. Metí todas mis pertenencias en mi auto, y me despedí de Daniel y Reed. Disfruté estar con ellos. Ellos fueron excelentes compañeros de apartamento. Antes de irme, Daniel me dijo que debería visitarlo en el futuro.

Mi nuevo apartamento estaba en otro edificio de los Apartamentos Capri. El edificio principal estaba en Seville Road, en el centro de Isla Vista. El otro edificio en el que se suponía que me quedaría estaba en Abrego Road, a unas cuadras de ahí, hacia el borde de la ciudad. Al principio no estaba seguro de la localización, aunque todavía estaba a una caminata de distancia de toda la acción. Esa área definitivamente era más tranquila, así que eso era positivo.

Una de las recepcionistas me mostró mi nueva habitación. El apartamento estaba vacío. Mis nuevos compañeros de apartamento no se mudarían sino hasta agosto, así que tenía todo el apartamento para mí solo durante el mes de julio. Eso me gustó mucho. Eso me daría la comodidad de instalarme en el lugar.

No tenía ni idea de quienes serían mis compañeros de apartamento, y esperaba que fueran personas con las que pudiese tener amistad, para que eso me ayudara a mejorar mi vida social. Todas las habitaciones eran asignadas aleatoriamente en los Apartamentos Capri, así que yo no tenía nada de control en cuanto a con quien compartir apartamento. Solo podía esperar que por lo menos fuesen personas tolerables, ya que serían mis compañeros de apartamento durante todo el año.

Unos días después, mi padre condujo hasta Santa Bárbara para encontrarse conmigo. Los dos fuimos a almorzar a un restaurante en el Mercado de Camino Real, un área que yo solía frecuentar. Nos sentamos en nuestra mesa, y vi a una pareja joven sentada a unas mesas de distancia en nuestra misma hilera. El verlos me enfureció hasta el final, especialmente porque era un sujeto mexicano de piel morena saliendo con una candente chica blanca y rubia. Yo vi eso como un enorme insulto a mi dignidad. ¿Cómo es que un sujeto mexicano inferior pudiera salir con una chica rubia y blanca, mientras que yo tenía que sufrir como un virgen solitario?

Me sentí avergonzado de estar en una posición tan inferior en frente de mi padre. Cuando vi a los dos besarse, a duras penas pude contener mi ira. Me levanté de la ira, y estuve a punto de dirigirme a ellos y echarles todo mi vaso de gaseosa sobre sus cabezas. Probablemente lo hubiese hecho, si mi padre no hubiese estado allí. Mi sangre hervía de furia envidiosa, y mi padre estaba allí para verlo todo. Fue tan humillante. Yo no era el hijo que quería presentarle a mi padre. Yo debería ser el que tiene a la chica candente y rubia, haciendo orgulloso a mi padre. Pero en vez de eso, mi padre tuvo que verme sufrir en una posición patética. La vida es tan cruel conmigo. Cuando me despedí de mi padre antes de conducir a casa, me sentí absolutamente miserable. Luego regresé a mi habitación, y lloré durante horas.

Otro incidente ocurrió al día siguiente, cerca de la misma localización. Fui solo al Starbucks del Mercado de Camino Real, como usualmente lo hacía cada mañana. Pedí mi café y me senté en una de sus sillas para relajarme. Unos momentos después cuando le quité mi mirada a mi bebida, vi a una pareja joven haciendo fila. Los dos se estaban besando apasionadamente. El chico se veía como un vándalo repulsivo; era alto, y usaba pantalones sueltos. ¡La chica era una rubia bonita! Ellos parecían estar apasionadamente atraídos sexualmente el uno al otro, frotando sus cuerpos juntos y besándose de lengua en frente de todos.

Me sentí absolutamente lívido con odio envidioso. Cuando ellos salieron del Starbucks, los seguí hasta su auto, y les eché todo mi café encima. El sujeto me gritó, y yo rápidamente hui de ahí con miedo. Entré en pánico mientras entraba a mi carro y me alejaba conduciendo, temblando de la emoción alimentada por la ira.

Conduje todo el camino hasta Vons en la Plaza Fairview, y pasé tres horas en mi auto tratando de contener mis tumultuosas emociones. Yo nunca antes había atacado de vuelta a mis enemigos, y sentí una pequeña sensación de gratificación insignificante al haberlo hecho. Los odiaba tanto. Inclusive aunque les eché mi café encima, el sujeto con la chica todavía era el ganador. Él iría a casa para tener sexo apasionado y celestial con su hermosa novia, y yo me iría a mi apartamento para quedarme en mi solitaria habitación, y dormir solo en mi solitaria cama. Nunca me había sentido tan miserable y maltratado en mi vida. Maldije al mundo por condenarme a un sufrimiento así.

Yo quería hacerle cosas horribles a esa pareja. Quería causarles dolor a todas las parejas jóvenes. Fue más o menos en ese punto de mi vida que me di cuenta de que era capaz de hacer cosas así. Felizmente haría cosas así. Era capaz de matarlos, si lo quisiera. Quería matarlos lentamente, arrancándoles la piel de su carne. Se lo merecían. Los hombres se lo merecían por llevarse a las mujeres de mí, y las mujeres se lo merecían por elegir a esos hombres en vez de a mí.

Desde que yo tenía diecisiete años, con frecuencia fantaseaba con volverme poderoso, y causarle sufrimiento a todos los que me habían hecho daño en el pasado, pero nunca pensé en hacerlo de verdad. En esos momento, después de pasar por tanto sufrimiento e injusticia, toda mi inocencia había sido eliminada. El mundo había sido cruel conmigo, y me había moldeado para volverme lo suficientemente fuerte como para tener la capacidad de devolverle esa crueldad al mundo. Yo nunca había sido una persona violenta por naturaleza, pero después de acumular tanto odio durante años, me di cuenta de que no dudaría en matar o inclusive torturar a mis odiados enemigos si tuviese la oportunidad.

Pasé los siguientes cinco días en mi habitación, tratando de olvidarme de las horribles experiencias que tuve que aguantar. Pero inclusive en mi habitación, no podía escapar el que se me recordara mi nulo valor. Cada vez que miraba por mi ventana hacia la zona verde, veía a personas jóvenes socializando. Repulsivos chicos embriagados hablando con chicas bonitas, y yo me preguntaba sintiendo mucho pánico si ellos tendrían sexo juntos por la noche. Usualmente fantaseaba con entrar a la fuerza a sus habitaciones mientras tienen sexo, y apuñalarlos hasta la muerte con mi cuchillo.

Antes de que me diera cuenta, era julio 12, y el contador en la página inicial de mi navegador de Internet llegó a ceros. El nuevo libro de la saga de Canción de Hielo y Fuego, Un Baile con Dragones, fue lanzado. Le envié un email a mi madre para que me pidiera el libro por Amazon. El conteo finalmente había terminado, y yo no había logrado nada. Todavía era un virgen, inclusive después de un mes de vivir en una ciudad llena de chicos universitarios que tenían sexo todo el tiempo. ¡Me di cuenta de que solo me quedaban doce días más como adolescente! Pronto cumpliría veinte años. Una de mis esperanzas era por lo menos perder mi virginidad antes de dejar de ser adolescente. Ser un virgen a la edad de veinte años me haría sentir muy derrotado.

Me comprometí a hacer todo lo que pudiera para perder mi virginidad en esos pocos días que me quedaban. Tenía una tremenda cantidad de pánico, y me pregunté que podía hacer. Lo único que se me ocurrió fue salir a las áreas comunes de Isla Vista tanto como me fuese posible. Tenía que salir a donde estuviesen otras personas, inclusive si eso solo incrementaba la probabilidad de que yo tuviese sexo en un uno por ciento. Un uno por ciento sigue siendo mejor que cero.

Durante esos doce cruciales días que me quedaban como adolescente, caminé hasta el centro de Isla Vista todos los días, y me senté en una de las mesas fuera de Domino's Pizza, teniendo la fuerte esperanza de que una chica se acercara a mí y me hablara. ¿Por qué no lo harían? Yo me veía lo suficientemente bien, ¿o no? ¿O acaso no me veía lo suficientemente bien? Pensamientos así volaron por mi cabeza en olas frenéticas. Para cenar, caminé cada vez al restaurante saludable llamado Silvergreen's. Ahí siempre había chicas candentes, pero ninguna de ellas si quiera se dignaba a mirarme. Todas esas noches caminé a casa solo, con mi cabeza abajo, derrotado.

Tampoco había progresado en la universidad. Mi clase de geografía no tenía chicas bonitas, así que yo todavía tenía esperanzas de seguir asistiendo a esa clase. Pasé mucho tiempo sentado en el área de la cafetería, pero todas las chicas hermosas que yo veía me intimidaban mucho. Una vez, mientras caminaba por el enorme puente que conectaba los dos campus, pasé por el lado de una chica que me pareció bonita, y dije "Hola" mientras nos acercábamos hacia el otro. Ella siguió caminando, y ni siquiera tuvo la delicadeza de responderme. ¡Cómo se atreve! Esa perra miserable. Me sentí tan humillado que me metí en uno de los baños de la universidad, me encerré en uno de los retretes, y lloré por una hora.

Uno de mis últimos días como adolescente, mientras estaba sentado en mi lugar cotidiano de la plazoleta de comidas, afuera de Domino's, vi algo que me destrozó en pedazos el corazón. Un sujeto alto, rubio, y tipo atleta entró a uno de los restaurantes, y a su lado estaba una de las chicas más sexys que yo jamás había visto. Ella también era alta y rubia. Ambos eran más altos que yo, y se besaron el uno al otro apasionadamente. Me hicieron sentir tan inferior, sin valor, y minúsculo. Los miré con un odio intenso mientras estaba sentado en mi miserable soledad.

Yo nunca tendría a una chica como esa. Eso que vi quedó quemado en mi memoria, y causó una cicatriz que me perseguiría por siempre. Cuando ellos se alejaron, los seguí en mi auto durante unos minutos, y cuando entraron a un área menos habitada, abrí mi ventana, y les eché mi té helado encima. Eso era todo lo que podía hacer en esos momentos, pero por lo menos era algo. Por lo menos hice un esfuerzo para luchar contra toda esa injusticia. Esa noche, me sentí enfermo de tanto odio. El odio ardía dentro de mí como veneno hirviendo.

Mi sesión de verano acabó sin ningún efecto positivo en mi vida. Después de completar mi examen final, en el cual recibí una calificación de B, conduje de regreso al apartamento de mi madre, sintiéndome derrotado.

Poco después, mi cumpleaños número 20 finalmente llegó. Soumaya y Jazz habían viajado a Marruecos durante el verano, así que mi padre se encontró conmigo, mi madre, y mi hermana, en un restaurante elegante en Encino. Mis padres no mostraron ninguna preocupación por lo miserable que me sentía por ser un virgen de veinte años – lo trataron como si fuese un cumpleaños común y corriente.

Ellos no parecían entender la gravedad de la situación, lo cual me molestó inmensamente. El restaurante tenía un sistema buffet de "todo lo que pueda comer", por lo que me atraganté mucho de comida esa noche. La comida deliciosa era el único vicio que podía disfrutar, ya que se me había denegado el sexo. Yo contaba con un metabolismo muy rápido, así que podía comer tanto como quisiera sin engordar. Supongo que esa era una ventaja en mi vida llena de desventajas.

Cuando regresé al apartamento de mi madre, ella me permitió beber una botella de vino, y yo de verdad que bebí. "Todo es mejor con un poco de vino en el estómago." Pasé el resto de la noche pensando sobre lo que me deparaba el futuro en esos momentos de mi vida. Yo ya no era un adolescente, y nunca podría experimentar el tener sexo como adolescente. Mis años de adolescente me fueron completamente denegados por la crueldad de las mujeres.

De la única forma en que podría compensar por eso sería tener una vida sexual extraordinaria en mis años veinte. Tendría que tener una década profundamente increíble en mis años veinte para compensar por toda la miseria que sentí en mi adolescencia. Si no lograba eso, no había nada por lo cual vivir. Tristemente, yo solo experimentaría lo contrario a principios de mis años veinte, y eso me destruiría.

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