La historia de Elliot Rodger - Capítulo 11

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20 Años

Me quedé en casa de mi madre por una semana. Uno de mis regalos de cumpleaños fue una tarjeta de regalo para Nordstrom. La gasté en un par de camisetas polo que me hicieron sentir más seguro de mí mismo. Comprar ropa nueva siempre me daría una subida temporal en mi seguridad en mí mismo, y lo practicaba como si fuese una droga.

Antes de irme a Santa Bárbara me reuní con Philip y Addison después de un muy largo periodo de no verlos. Los tres nos encontramos en el área común de Calabasas, y luego fuimos a Malibu en el auto de Philip para tener algunas aventuras. Terminamos sentándonos en un Starbucks, y tuvimos algunas conversaciones interesantes.

Addison había cambiado y madurado tremendamente, y ya no se estaba asociando con los chicos populares de la preparatoria Malibu. Esto no cambió mi resentimiento hacia él, y lo confronté todo el tiempo sobre la insultante forma en que me había tratado hace un año. Después de debatir mucho, acordamos resolver nuestro conflicto. Sin embargo, eso no significaba que me olvidé de todo el daño que él me había hecho en el pasado. Yo nunca olvido. Yo nunca perdono. Un día le mostraré lo superior que soy.

Un día después de que vi a Philip y Addison, fui a la casa de James. Hace años que yo no iba, y los dos revivimos nuestras caminatas tradicionales por el centro de Palisades, como en los viejos tiempos. Fue extraño y nostálgico experimentarlo después de tanto tiempo, especialmente después de haber pasado por tantos cambios en Santa Bárbara.

Le comenté a James sobre mi tormento por ser un virgen de veinte años, y mi desesperada esperanza de que las cosas mejoraran una vez empezara mi semestre de otoño en mi nueva universidad. Hablé sobre las hermosas chicas rubias que veía caminando por la universidad, y mi profundo deseo de algún día tener una como novia. James simpatizó mucho conmigo, ya que él también estaba pasando por problemas similares en su vida. Él parecía contento de que yo finalmente estaba dando pasos para cambiar mi vida.

Conduje de regreso a Santa Bárbara con un ánimo ligeramente mejor que cuando me fui. Tenía un mes antes de que el nuevo semestre empezara, y podía usar ese tiempo para prepararme y recuperarme. Mis nuevos compañeros de apartamento se mudarían a la segunda habitación de mi apartamento el 5 de agosto. Tuve un ansioso sentimiento de anticipación en cuanto a cómo serían ellos.

El 5 de agosto llegó rápido, y me preparé para estar de buen ánimo para conocerlos. Sus nombres eran Ryan y Angel, y para mi decepción, eran de raza hispana. Además, los dos ya eran amigos el uno con el otro, lo cual significaba que posiblemente podían unirse contra mi si llegaran a ocurrir conflictos. Ellos también parecían personas alborotadas y de baja clase. Mi primera impresión de ellos me dejó un mal sabor de boca, pero traté de ser amable, y no mostrarlo.

Los dos actuaron cordiales conmigo el primer día, pero después de observarlos un poco, tuve el mal presentimiento de que ellos serían personas problemáticas con las cuales vivir… ¡Y serían mis compañeros de apartamento por todo un año! Cuando me encontraba solo en mi habitación, entraba en pánico sobre lo seria que era esta situación. Era extremadamente decepcionante. Yo esperaba tener compañeros de apartamento decentes, maduros y limpios. Pero en su lugar, conseguí escoria de baja clase.

El segundo día, ellos empezaron a invitar a sus igualmente alborotados amigos a mi apartamento, y hablamos un poco de cháchara. Para mi indignante sorpresa, ellos me preguntaron la pregunta que siempre temía responder: "¿Eres virgen?" Admití que era un virgen. Siempre he admitido la verdad sobre esto. Era mi lucha en la vida, y no podía mentir sobre algo así.

Luego tuvieron el descaro de decirme que habían perdido su virginidad hace mucho tiempo, presumiendo sobre todas las chicas con las que habían dormido. Particularmente odié a Angel por su fea cara de cerdo. ¿Cómo es que un feo animal como él había tenido experiencias sexuales con chicas, y yo no? ¿Qué estaba pasando con el mundo? Me enfurecí tanto que me metí a mi habitación, y le di un puño a la pared. Ellos me escucharon, y empezaron a reírse. Era casi una repetición de lo que había experimentado con el chico negro llamado Chance en el apartamento anterior, excepto que esta vez era peor… ¡porque esos serían mis compañeros de apartamento durante el año!

El día siguiente, casi termino teniendo una pelea física con Angel. El feo cerdo siguió actuando como si las mujeres pensaran que él era más atractivo que yo. ¡Ja! Yo soy un caballero hermoso y magnífico, y él es un matón con cara de cerdo. Ya había tenido suficiente de su actitud presumida, y empecé a llamarlo exactamente lo que él era. Intenté insultarlo tanto como pude, diciéndole lo superior que soy a él, y diciéndole que él era de clase baja. Él intentó atacarme, pero Ryan, siendo el más calmado de los dos, lo detuvo. Una lástima, porque deseaba tener la oportunidad de lastimar a ese repulsivo y pequeño animal. Aunque supongo que era lo mejor… Mi vida era muy importante como para arriesgarla haciendo algo impulsivo.

Con pánico, inmediatamente llamé a mi madre tan pronto como pude, y le comenté sobre la seria situación. No había forma que yo pudiese vivir con esos dos imbéciles durante todo un año de universidad. Ellos ya me habían arruinado el fin de semana. Mi madre estuvo de acuerdo con que yo necesitaba salir de ahí, así que fue a la oficina de arriendos, y le explicó al administrador todo lo que había ocurrido. Él me dijo que había otra habitación disponible a la cual transferirme, pero que costaría cien dólares más al mes, ya que era una unidad de dos habitaciones más grande, y que yo solo la compartiría con un solo compañero, el cual ocuparía la otra habitación.

Llamé a mi madre, y ella me dio permiso de pasarme al otro apartamento. Firmé el nuevo contrato, acordando transferirme cuando la habitación estuviese disponible en septiembre. Tendría que aguantar el vivir con ellos durante el resto del mes, hasta entonces. Para ayudarme a aguantar el mes, mi madre me permitió ir a casa cada fin de semana, hasta que pudiese ser transferido a mi nuevo apartamento. Yo solo me quedaría en Santa Bárbara durante los días entre semana, pero en esos días entre semana, Angel y Ryan harían lo que más pudieran para hacer de mi vida un infierno. Cada vez que salían se ponían a gritarme sobre cómo iban a dormir con chicas candentes esa noche. Yo sabía que solo estaban mintiendo para hacerme sentir envidia. Ellos siempre se burlaban de mí por ser virgen.

Por la noche, ellos frecuentemente hacían ruido para despertarme. Literalmente me hacían matoneo, y era verdaderamente horroroso. Yo los quería matar a ambos, pero por supuesto, yo era lo suficientemente inteligente como para no realizar ese deseo en la realidad. Todo lo que podía hacer era recordar cada uno de sus insultos, para poder tener venganza de forma más eficiente en el futuro. Así soy yo. No actúo de forma estúpida o impulsiva. Recuerdo cada insulto, y espero hasta el momento apropiado para atacar. Cuando llegue el momento, destruiré a todos mis enemigos de la forma más devastadora y catastrófica posible, y los resultados serán hermosos.

En uno de los fines de semana de agosto en los que fui a casa, mi madre se mudó del conjunto de apartamentos Versailles a las Casas Summit, cerca del Centro Warner. Fue una decisión abrupta el mudarse allí. La ayudé a empacarlo todo, y vi como los trasteadores transportaban todas nuestras pertenencias al nuevo lugar. Puedo decir que la casa en Summit era mucho más bonita que su viejo apartamento. Era una casa con una habitación en el segundo piso, la cual yo siempre ocuparía cuando visitara la casa.

Me sentí contento de que ella se mudara a un mejor lugar, pero hubiese preferido que se casara con un hombre adinerado, y se mudara a su mansión. Aunque ella ya no estaba viendo a Jack, igual salía con otros hombres de clase alta. Ella tenía una forma especial de encantarlos. Yo seguí insistiéndole para que se casara, y así ser parte de una familia de clase alta, y disfrutar de todos los beneficios que vendrían con eso, pero ella siempre se rehusaba, aclamando que nunca quería casarse debido a sus desagradables experiencias con mi padre. Yo le dije que ella debería sufrir a través de cualquier aspecto negativo del matrimonio solo por mí, ya que eso salvaría mi vida completamente, pero ella igual se rehusó.

Fui a casa de James durante mi visita a casa. Los dos chateábamos mucho por Internet, y cuando le comenté que yo estaba en la ciudad, él pareció tener deseos de verme. Yo tenía deseos de verlo también, ya que él era mi amigo más cercano, y tenía mucho de qué hablar con él. Conduje por el Cañon de Topanga hasta su casa, sin saber que esa sería la última vez que lo visitaría.

Los dos hicimos lo que hacíamos usualmente. Caminamos por los peñascos de Palisades, donde discutimos nuestros sueños y esperanzas. Luego fuimos al centro de Palisades para cenar. Esta vez elegimos cenar en Panda Express. Mientras comíamos, unos chicos de preparatoria entraron al lugar. James los vio primero, y justo cuando los vio dijo las palabras "Estamos jodidos". James sabía que yo tendría problema con ellos. Ellos eran chicos populares que tenían a un grupo de chicas bonitas con ellos. Uno de ellos se sentó con dos de las chicas, poniendo su pierna en otra silla con una sonrisa presumida en su rostro.

Me sentí lívido de la furia, y quería echarle mi bebida sobre su cabeza. James sabía exactamente lo que yo estaba planeando hacer; habíamos pasado por incidentes similares antes. Él se esforzó mucho para intentar disuadirme de dejarme llevar por mi furia, señalando que había un guardia de seguridad cerca. Hice la única otra cosa que podía hacer; empaqué mi cena, y dejé el restaurante, sintiéndome derrotado y avergonzado. James pronto me siguió, y decidimos terminar nuestra comida en su casa.

Un aura oscura y ominosa nubló nuestra amistad ese día. Cuando los dos regresamos a casa de James, yo todavía estaba hirviendo de la ira. No entendía cómo es que James no estaba furioso como yo. Lo que acabamos de ver había sido horrible. Ver a otro hombre tener éxito con las mujeres es tortura para hombres como nosotros que no tienen éxito con las mujeres. Estaba tan furioso que le conté a James sobre todos los actos de venganza que quería hacerles a los chicos populares. Le comenté mi deseo de despellejarlos vivos, de arrancarles la piel de su carne, y hacerlos gritar en agonía como castigo por vivir una vida mejor que la mía.

James quedó profundamente perturbado por mi ira. Deseé que él no estuviese perturbado. Deseaba que él pudiese ser un amigo que se sintiera de la misma forma como yo me sentía hacia el mundo. Pero él no era ese tipo de persona. Él era un debilucho.

Una vez me calmé, los dos tuvimos una conversación larga en su habitación, y terminé llorando en frente de él mientras le explicaba lo impotente que me sentía hacia la vida. Poco después me fui de su casa, para nunca más volver allá. Él nunca más me volvería a invitar después de ese incidente, y nuestra amistad pronto se convertiría en polvo.

Durante los últimos días que tuve que aguantar el vivir con esos barbáricos compañeros de apartamento, yo usualmente caminaba por Isla Vista esperando conocer a una chica, y llevarla a casa conmigo. Yo quería probarles a todos que las chicas gustaban de mí, para ver la mirada en sus rostros cuando vieran a una chica a mi lado. Pero por supuesto, yo no tenía nada que probar, porque yo no les gustaba a las chicas. Cada vez que salía para intentar conocer a una chica, terminaba caminando a casa, solo, y furioso.

Una de esas noches pasé por el lado de un chico que estaba caminando con dos chicas bonitas. Sentí tanta envidia que los maldije, y luego los seguí por unos minutos. Ellos simplemente se rieron de mí, y una de las chicas besó al chico en los labios. Asumo que ella era su novia. Esa fue una de las peores experiencias de tortura por parte de las mujeres que he tenido que aguantar, la cual por siempre quedará en mi mente como una cicatriz, para recordarme que las mujeres piensan que no valgo nada comparado a otros chicos. Corrí a casa con lágrimas cayendo por mis mejillas, esperando que mis horribles compañeros de apartamento no estuviesen allí para presenciar mi sufrimiento.

Intenté tener una actitud positiva el primer día de mi semestre de otoño en la Universidad de la Ciudad de Santa Bárbara. Me registré a tres clases; historia, astronomía, y matemáticas. Mis clases de historia y astronomía eran en la mañana, y la de matemáticas por la noche, por lo que los días de clases los tenía que pasar enteramente en la universidad. Pensé que eso era beneficioso, ya que me mantendría afuera de mi habitación, y en un lugar donde posibles oportunidades se me pudiesen presentar. Tuve que esperar un par de horas antes de que empezara mi clase de matemáticas, y pasé esas horas caminando por la universidad, o sentándome en la biblioteca, mirando a todas las chicas bonitas, y deseando tener una como novia. Era como un hombre hambriento rodeado de un festín que se le tenía prohibido comer.

Todas mis clases me dejaron sintiéndome impotente y deprimido. No solo no podía conocer a ninguna mujer, y había muchas mujeres bonitas, sino que también se me dificultaba hacer amigos. Siempre se me había dificultado hacer amigos… no soy el tipo de persona que puede encajar con un grupo de personas extrovertidas; la última vez que había hecho algo así yo tenía doce años.

Yo tenía que hacer amigos. Tener un círculo social me daría más oportunidades de conocer chicas, y era la única forma de ser invitado a todas esas emocionantes fiestas universitarias. Pero nadie quería ser mi amigo. Intenté hablar un poco con hombres que se sentaban a mi lado, pero la interacción nunca llegaba lejos. Tenía el horrible sentimiento de que me deparaba una época muy miserable en Santa Bárbara.

Aunque sí hice un amigo pasando tiempo en el jardín de mi apartamento. El nombre de este amigo era Andy Chan; un estudiante extranjero de China. Andy compartía el mismo deseo que yo de experimentar la vida universitaria en Isla Vista al máximo; y a diferencia de la mayoría de personas de mi edad, me pareció que él tenía algo de inteligencia y sustancia. Los dos caminamos algunas veces a la Calle Del Playa en Isla Vista, el lugar donde ocurren las fiestas… pero nada resultó de eso. Yo todavía me sentía como un rechazado, inclusive aunque ya tenía un amigo conmigo; y todavía me sentía inferior comparado a todos esos sujetos que caminaban por ahí con chicas hermosas.

El 5 de septiembre finalmente pude mudarme a mi nuevo apartamento permanente. Me sentí aliviado de que nunca más tendría que lidiar con Ryan y Angel, aunque me preocupaba llegar a encontrarme con ellos otra vez, debido a que mi nuevo apartamento se encontraba en el mismo conjunto de apartamentos. Una vez me dieron las llaves, rápidamente transporté todas mis pertenencias al nuevo lugar. Se suponía que yo solo tendría un compañero de apartamento, el cual viviría en la otra habitación del apartamento, pero él no se había mudado aún. No tenía ni idea de cómo sería mi nuevo compañero, pero me dijeron que era un estudiante mayor que iba a la Universidad. Saber eso me dio seguridad de que esa persona era alguien con quien era tolerable vivir. Él llegaría en dos semanas, así que tenía el lugar para mí hasta entonces.

Desempaqué todas mis cosas, y organicé mi nueva habitación. Una vez terminé, miré mi habitación, y pensé que ahí estaba; esa era mi nueva residencia en la ciudad universitaria de Isla Vista, y si yo finalmente lograba tener la vida que quería, ¡esa bien podría ser la habitación en la que yo perdiera la virginidad! Que equivocado estaba. Solo sería otra habitación en la que sufriría de una soledad miserable. Ninguna mujer pondría un pie ahí.

Santa Bárbara no estaba funcionando para mí. Ya había pasado meses de mi año número veinte en el mundo, y no había logrado nada en ese tiempo. Al pasar las primeras semanas de septiembre en mi nueva habitación, completamente solo, me di cuenta completamente de lo mucho que estaba fracasando en la vida. Se suponía que Santa Bárbara era un lugar de esperanza, un lugar donde yo podría empezar una nueva vida feliz. No podía creer lo mal que todo estaba resultando.

En vez de finalmente tener una oportunidad de vivir una vida de sexo y amor como otras personas jóvenes, solo experimenté rechazos y humillaciones peores de las que había experimentado antes. Esto era increíble e imperdonable. Si la humanidad seguía insultándome con una crueldad así, entonces de verdad no había esperanza de tener felicidad en mi vida.

En la Universidad de la Ciudad de Santa Bárbara tuve exactamente la misma experiencia que había tenido en Moorpark. Tuve que ver parejas jóvenes y hermosas disfrutando de sus vidas juntos, mientras yo me pudría en la soledad y desesperación, porque nadie me aceptaba. Abandoné mi clase de matemáticas – simplemente no podía aguantar estar en esa universidad todo el día, sentado en la biblioteca, viendo a parejas besarse. Mantuve mis dos clases de la mañana solo porque todavía había un rayito de esperanza dentro de mí.

Un día normal para mí consistía en la siguiente rutina: Despertaba solo en mi cama, sin ninguna mujer a mi lado, y hacía ejercicio por unos minutos antes de ducharme e ir a la universidad; Luego conducía hacia Starbucks para tomar mi café con leche de la mañana, y sentiría envidia siempre que veía a una pareja joven allí; Luego atendería a mis dos clases donde nadie me decía ni una palabra, teniendo que aguantar el tormento de ver a otros hombres hablándole a las chicas que me gustaban; Y luego iría a casa solo, abriría la puerta de mi solitaria habitación, y me sentiría absolutamente miserable.

La soledad era sofocante. A duras penas podía respirar. Si solo una chica bonita por lo menos me hubiese dado una oportunidad, y hubiese intentado conocerme, todo hubiese sido diferente, pero las mujeres siguieron tratándome con desprecio.

La soledad me estaba torturando tan intensamente que inclusive volví a entrar a mi cuenta de WoW, y jugué el juego constantemente durante el mes de septiembre. James todavía jugaba WoW, y los dos jugamos juntos por unos días, pero él me trató de forma muy fría todo el tiempo. Me podía dar cuenta de que el tipo de amistad que habíamos tenido por tantos años ya no existía. El último incidente en Palisades había herido profundamente nuestra amistad, la cual estaba en el proceso de desangrarse. En esos momentos me sentí ofendido por su actitud hacia mí, así que le llamé la atención por eso. Esto dio inicio a una larga discusión entre nosotros, la cual resultó en que James se rehusara a volver a hablar conmigo en el juego. Unos días después de eso, desactivé nuevamente mi cuenta.

Mi nuevo compañero de apartamento llegó a mediados de septiembre. Su nombre era Spencer Horowitz; un bajito y gordo estudiante de la UCSB que era un año mayor que yo. Él parecía un tipo de persona amigable y madura; definitivamente un agradable contraste de los otros compañeros que tuve que sufrir el mes pasado. No esperé tener ningún problema con él. Sin embargo, me sentí decepcionado debido al hecho de que estaba esperando que mi nuevo compañero de apartamento fuese alguien con quien pudiese sentirme identificado… alguien que pudiese ser mi amigo, y me ayudara a integrarme en la vida social de Santa Bárbara. No vi a Spencer como el tipo de persona con la cual desarrollar una amistad. Nos la llevábamos bien, pero no teníamos nada en común.

Además, me sorprendí un poco cuando Spencer me comentó que solía tener una novia. Fue un comentario casual que salió en una conversación que estábamos teniendo. Yo no entendía como un sujeto gordo y feo como Spencer pudiese conseguir una novia, mientras que yo nunca había tenido la oportunidad de hacerlo. El sujeto era tres pulgadas más bajito que yo, y hasta yo me consideraba bajito para mi edad. No podía creer cómo es que algo así fuese posible, y concluí que esta anterior "novia" que él solía tener debió haber sido una persona tan fea como él. No había necesidad de que yo sintiera envidia.

Después de unas semanas de vivir con él, me di cuenta de que yo tenía un problema psicológico con su presencia en mi apartamento. A pesar de que no hubiese problemas entre nosotros, odiaba tener a alguien constantemente cerca de mí, juzgando lo patética que era mi vida. Yo podía ocultar los detalles de mi solitaria y célibe vida del resto del mundo, pero no la podía ocultar de Spencer. El hecho de que yo nunca traía a ninguna mujer a mi habitación dejaba lo suficientemente claro que yo era un rechazado indeseado, y odiaba que las personas supieran eso de mí, y que me juzgaran por eso. Spencer estaba ahí para presenciarlo todo, y con el tiempo, yo llegaría a odiarlo solo por eso.

Durante los meses de octubre y noviembre, me hice otro desesperado compromiso de mejorar mi vida social como mejor pudiera. Fracasé en hacer amigos en mis dos clases de universidad, y no tenía ninguna interacción con las mujeres de mi universidad. Yo era un fantasma invisible, como siempre lo había sido.

Seguí viendo a Andy, el único amigo que había hecho. Usualmente nos encontrábamos para cenar en algún restaurante por ahí. Él pronto me presentó a algunos de sus amigos. Uno de ellos se llamaba Stan, un europeo de Holanda con quien me llevé particularmente bien. Disfruté de tener conversaciones con Stan sobre una amplia variedad de temas, incluyendo política, historia, negocios, y arquitectura. Sabiamente me abstuve de revelar mis ideas políticas, las cuales perturbaban a la mayoría de personas.

Durante el mes de octubre salí muy frecuentemente con Andy, Stan, y algunos de sus amigos. Hicimos cosas como caminar por la Calle State o Isla Vista, o íbamos a cine juntos. Pronto me di cuenta de que inclusive teniendo estos pocos conocidos con quienes pasar el tiempo, eso no me hizo sentir mejor para nada.

Yo todavía me sentía inferior siempre que veía a otros hombres caminando con chicas hermosas. En los cines me sentía igual de patético por ingresar allí con un grupo de amigos, a como me sentía por ingresar al cine con mis padres… Era ese sentimiento de ser patético por no tener a una novia candente en mi brazo, mientras que otros chicos en el cine si las tenían. Lo que yo de verdad quería… lo que de verdad NECESITABA, era una novia. Necesitaba el amor de una mujer. Necesitaba sentirme deseado como hombre. Durante tanto tiempo me he sentido indeseado, y es completamente la culpa de las mujeres. Ninguna mujer quería ser mi novia.

El fin de semana de Halloween en la ciudad universitaria de Isla Vista es un evento muy conocido. Llega gente joven de todo el país para asistir a las estridentes fiestas que se llevarán a cabo allá. Mi experiencia durante este fin de semana es lo que uno esperaría que fuera: Un desastre miserable.

Cuando era niño, me solía encantar el Halloween. Era una festividad de diversión y emoción en la que yo salía a pedir dulces, yendo de casa en casa recibiendo dulces con mis amigos y familia. Para los adultos jóvenes, el Halloween era un tipo muy diferente de festividad – una en la cual se supone que uno ha de ponerse disfraces sexualmente explícitos, asistir a salvajes fiestas con licor, y tener experiencias sexuales con chicas.

Para otras personas jóvenes, quienes podían hacer cosas así, el Halloween debía de ser algo genial. Pero yo no podía hacer ninguna de esas cosas. No fui invitado a NINGUNA fiesta, y las chicas no querían tener sexo conmigo. Como adolescente y adulto joven, el Halloween había sido una festividad de tormento y depresión por esto. En Isla Vista, esto era enormemente intensificado.

Hice lo que pude para salir, y no quedarme encerrado, el fin de semana de Halloween. Di muchas vueltas alrededor de Isla Vista, intentando acumular el coraje de hablarle a una chica, o entrar a una fiesta, pero simplemente no pude. Sabía que todos me rechazarían. Lo que vi durante esas caminatas me sacudió hasta la médula. Chicas vestidas con atuendos extremadamente reveladores, y el verlas llenó de hambre y deseo a mi yo privado de sexo… me llenó de una hambre y deseo que sabía que nunca podría satisfacer.

La última noche del fin de semana de Halloween, salí con Andy, Stan, y otros. Hacerlo no hizo ninguna diferencia. No entramos a ninguna fiesta, y simplemente caminamos por las calles como perdedores. Ser amigo de ellos no me estaba beneficiando en lo absoluto.

¡Si solo tuviese a una hermosa novia con la cual vivir un evento así! Inclusive me hubiese disfrazado con ella. Hubiese sido alegre y eufórico, el caminar por toda esa emoción con una chica hermosa de mi brazo, el asistir a todas las fiestas porque cualquiera admitiría a una chica bonita en ella, el hacerle el amor apasionadamente en mi habitación al final de la noche, el estar acostado cerca de su sexy y cálido cuerpo mientras empezamos a dormirnos, juntos. ESA es la vida que debí haber vivido. Muchos otros hombres pueden vivir eso, y solo pensarlo me llenaba de una extrema agonía. La vida no es justa.

En noviembre, mi corta amistad con Andy, Stan y su grupo se desvaneció. Con frecuencia veía en Facebook que hacían cosas juntos sin siquiera invitarme, lo cual es lo mismo que he tenido que experimentar con otros grupos de amigos en los que he hecho parte en el pasado. Siempre he sido un rechazado, inclusive entre gente que yo conocía. Me cansé de su falta de consideración conmigo, así que dejé de llamarlos. Ellos igual ni siquiera eran populares, por lo que de nada me beneficiaba su amistad. Sin embargo, de vez en cuando todavía seguí encontrándome con Andy para comer en restaurantes.

Cada día que pasaba en mi universidad, más inferior e invisible me sentía. Me sentía como un ratón inferior cada vez que veía a hombres caminando con chicas bonitas. Odiaba tener que aguantarlo, pero ya había trabajado tan duro en mis dos clases que no podía simplemente abandonarlo todo. De la única forma en que podía ganar una subida de auto-estima era comprar ropa más atractiva.

Mi madre me dio algunas tarjetas de regalo extra para Nordstrom, y las gasté en unos jeans de diseñador de $200. Cuando llevé estos jeans a la universidad, vi que yo estaba usando mejores jeans que la mayoría de otros hombres, y eso me hizo sentir un poquito más de auto-estima. También compré unas camisetas más, y un par nuevo de zapatillas Hugo Boss.

Hacer esto dio inicio a una nueva obsesión para mí. Me obsesioné más y más en cuanto a mi apariencia. Debido a que mi madre, padre y abuela constantemente me pagaban dinero extra ahora que yo vivía en Santa Bárbara, había ahorrado lo suficiente para satisfacer esta obsesión. Familiarizándome con todas las mejores marcas de diseñador, compré ropa nueva siempre que visitaba la casa de mi madre. Mis marcas favoritas eran Hugo Boss y Armani. Siempre paraba en el centro comercial Camarillo cuando regresaba a Santa Bárbara. Me encantaba – tenían una tienda para cada marca.

Una vez, mientras estaba de compras en una tienda de Calvin Klein en Camarillo, vi a una sexy chica rubia con piel perfectamente bronceada. Se veía tan hermosa y sexy que tuve una erección instantáneamente. Oh, las celestiales cosas que quería hacer con ella… Y luego, vi a su muy apuesto novio. Mi ser entero se llenó de angustia y desesperación. Solo me podía imaginar lo increíble y placentera que era la vida de ese hombre. Ellos eran mayores que yo – probablemente a mitad de sus años veinte – y pensé con esperanza desesperada que cuando yo tuviese la edad de ese hombre, me volvería lo suficientemente deseado como para tener a una novia así a mi lado, para ir de compras con ella en ese mismo centro comercial, sintiendo una dicha celestial. Mi vida era una vida de hambruna y deseo.

Con mi madre, fuimos a la casa de Rob Lemelson para una pequeña reunión de día de acción de gracias. James estaba allí… Y la última vez que hablé con él fue cuando tuvimos nuestra amarga pelea por Internet. La única persona que había sido mi amigo durante todo mi sufrimiento ni siquiera quería hablarme durante el día de acción de gracias. Intenté preguntarle por qué estaba sobre-reaccionando por la pelea que habíamos tenido hace dos meses, pero él simplemente me miró de forma fría, y me dijo que "mantuviera mi distancia". Me sentí altamente ofendido.

Después de unas horas, el festín de acción de gracias fue servido. Para mi profundo fastidio, Julian Ritz-Barr y su igualmente repulsivo hermano mayor Leon Ritz-Barr también habían asistido a la cena. Recuerdo la extrema envidia que sentí hacia Julian hace meses, e intenté ignorarla tanto como pude, lo cual resultó ser difícil debido a que ellos hablaban fuerte todo el tiempo.

Me senté al lado de James para cenar, y después de estar sentados incómodamente al lado del otro por unos momentos, él decidió hablar conmigo de nuevo. A medida que los dos nos pusimos al día sobre la vida del otro, una pequeña chispa de nuestra antigua amistad había aparecido, como la débil agitación de la llama de una vela. Fue agradable, durante el corto tiempo que duró. Los dos hablamos sobre nuestros usuales escenarios de fantasía, y bromeamos sobre lo estúpidos y odiosos que estaban actuando los hermanos Ritz-Barr.

Ese mismo fin de semana que fui a casa me encontré con Philip y Addison. Los tres fuimos a un restaurante en Los Ángeles, y luego nos dirigimos al Observatorio del Parque Griffith, como en los viejos tiempos. La última vez que estuve allí con los dos de ellos fue esa horrible noche que Addison me dijo "Ninguna mujer jamás querrá follarte." Esas palabras todavía estaban quemadas en mi mente, e ir al Parque Griffith me recordó esa noche.

Los tres tomamos fotos posando en varios lugares del Observatorio. Algunas fueron subidas a Facebook. Luego fuimos a la zona común de Calabasas para pasar el rato en el Barnes & Noble, donde tuve unas pocas conversaciones interesantes con Addison. A pesar de nuestras pasadas hostilidades, yo consideraba a Addison como una de las personas más interesantes que conocía.

Regresé a Santa Bárbara por un par de semanas para terminar mis dos clases. En mi clase de historia, me seguí sintiendo débil e inferior mientras veía a este apuesto atleta rubio que constantemente se sentaba con, y hablaba con dos chicas hermosas. No había forma que yo no los pudiese ver; estaban en la mitad de la clase. Odié mucho esa clase, y decidí dejar de asistir hasta el examen final. Una vez tomara los exámenes finales, me sentí aliviado de haber acabado con esas clases de universidad horriblemente frustrantes.

Era justo lo que temía. Mi primer semestre en la Universidad de la Ciudad de Santa Bárbara había sido un absoluto y brutal fracaso. Ni siquiera tenía el número de teléfono de una sola mujer en mi celular. ¿Acaso me quedaría como un virgen para siempre? Me pregunté frenéticamente mientras conducía lejos de la universidad después de tomar mis exámenes.

Sentí que mi vida se había acabado. Si no podía tener éxito en un lugar tan hermoso y lleno de oportunidades como Santa Bárbara, entonces estaba condenado a sentir miseria e insatisfacción. Sabía que preferiría morir que sufrir un destino así, y sabía que si así tenían que ser las cosas, que haría lo que pudiese para tener mi venganza antes de morir. ¡Yo no quería recurrir a eso! Una parte de mí todavía se apegaba de la esperanza. No quería rendirme tan pronto.

Mientras conduje a casa de mi madre por las vacaciones, por un camino con un hermoso paisaje, me comprometí a intentarlo todo otra vez cuando iniciara mi nuevo semestre en primavera, y que usaría el tiempo que tenía durante mis vacaciones de invierno para prepararme tanto como pudiese.

Mi madre me dijo que tenía planes de que ella, mi hermana y yo fuéramos a Inglaterra por una semana. Al escuchar esto le dije que no quería ir. Me sentía tan insatisfecho y derrotado, que no quería parecer así a mis familiares en Inglaterra. No había nada de mí de lo que pudiesen sentirse orgullosos. Me sentí avergonzado de tener que verlos así como estaba yo. Después de que me persuadieran, acepté ir. Me di cuenta de que si algo, eso me daría un respiro de todo el dolor que la sociedad me había producido, al igual que nuestras viejas visitas a la casa de playa de Jack en Malibu.

Antes de que nos fuéramos a Inglaterra, atendimos a la fiesta de navidad anual en casa de los Lemelson. Recientemente me había comprado una llamativa camisa nueva de Armani Exchange, la cual me hacía sentir fabuloso, así que decidí usarla para la fiesta. Me encantaba admirar lo genial que me veía en el espejo cuando me la ponía. Usar ropa nueva llamativa me hacía sentir como una persona nueva. Me parecía una forma muy eficiente de aumentar mi seguridad en mí mismo. Cuando entramos a la fiesta, me sentí contento cuando Sue Lemelson, la exesposa de Rob, me elogió por lo bien que me veía. Mi madre me hizo saber que era inusual que Sue elogiara a nadie, así que yo debí haber dejado una buena impresión.

James estaba en la fiesta, por supuesto. Él no actuó de forma tan fría hacia mí esta vez, pero todavía había algo de distancia entre nosotros. Durante el transcurso del evento, me bebí varias copas de vino mientras hablaba casualmente con James sobre mis ideas y problemas en la vida. Interactuábamos como si todavía fuésemos amigos, pero yo podía notar que las cosas eran muy diferentes entre nosotros. La amistad que habíamos tenido por tanto tiempo estaba muriendo. Cuando me despedí de él esa noche, esa fue la última vez que lo volví a ver.

Después de una celebración de navidad rápida en casa de mi padre, partí a Inglaterra con mi madre y hermana. Volamos en Clase Ejecutiva en Virgin Atlantic, y como ellos seguían las leyes del Reino Unido, se me permitió beber alcohol durante el vuelo. Sentí deleite al beber el vino que fue servido mientras disfrutaba del relajante viaje. La última vez que yo había estado en un avión fue el desastroso viaje a Marruecos cuando yo tenía diecisiete años, así que esto era un agradable contraste.

Cuando llegamos a Inglaterra, tuve una sensación de asombro que viene con estar en otro país. Yo no había estado en mi país natal de Inglaterra desde hace casi una década, y no podía creer que me encontraba ahí otra vez. La decisión de tener ese viaje se había dado muy rápido. Nos quedamos en un hotel muy agradable en la ciudad de Colchester, cerca de donde vivían mis familiares por el lado de mi madre, incluyendo mi abuela Ah Mah. Después de que desempacamos todas nuestras pertenencias, fuimos a casa de ellos para cenar. No había visto a esos familiares desde nuestro viaje a Malasia. Fue peculiar el verlos a todos de nuevo. Ellos eran exactamente como los recordaba. Fue muy tierno ver que la abuela Ah Mah había horneado sus deliciosas galletas de maní que me encantaban tanto de niño; ella las tenía listas y esperando por mí.

Los visitamos otra vez el día de navidad. Ellos prepararon un exquisito almuerzo, y luego intercambiamos regalos. Me embriagué un poco ese día, ya que era lo único que podía hacer para pasar el tiempo. Intenté relajarme y olvidarme de todo el dolor que había experimentado en Santa Bárbara. Deseé que hubiese algo de lo que pudiese hablar con mis familiares para hacerlos sentir orgullosos, pero no había nada interesante o impresionante sobre mi vida de lo cual hablar. Deseé poder mostrarle a mi abuela que me estaba yendo muy bien en Santa Bárbara; que yo tenía una novia, y que estaba disfrutando de una vida plena y sana. Pero no, eso es algo que nunca podría llegar a hacer. Me sentí tan avergonzado de mí mismo.

Mi abuela Ah Mah me dio un regalo de gran valor. Después de que intercambiamos regalos con los familiares, Ah Mah me mostró un collar dorado de 22 quilates. Era muy extravagante, y había estado en su posesión durante mucho tiempo. Ahora, ese collar era mío. Me lo puse instantáneamente, y me gustó mucho. Desde entonces, lo usaría en todo momento. Lo pude haber vendido por más de mil dólares, pero nunca lo hice. Era especial para mí.

Mi parte favorita del viaje eran los desayunos en el hotel. El hotel en el que nos quedamos era muy lujoso, inclusive para mis estándares. Y los desayunos… eran absolutamente deliciosos. Cada mañana había un buffet lleno de exquisitas opciones, como salchichas de cerdo crujientes, croissants, tocino, jamón, patatas rostizadas, todo tipo de frutas, y mucho más. Cada una de esas mañanas, me atragantaba de comida como si no hubiese un mañana. Toda mi vida yo había sido privado del sexo, así que el único vicio del cual podía derivar placer era comer comida deliciosa. Le saqué la mayor ventaja a ese viaje. Mi rápido metabolismo previno que me engordara por eso.

Antes de que terminara el viaje, todos hicimos un tour por Londres. Se suponía que visitaríamos a la abuela Jinx en Smarden ese mismo día, pero la abuela Jinx estaba en Francia en esos momentos. Rentamos una cómoda furgoneta Mercedes en la cual podían caber ocho personas, y conducimos por mucho tiempo a través del campo Inglés hasta la ciudad capital de Londres.

No recordaba mucho de lo que vi de la ciudad en mis previas visitas, así que fue casi como una experiencia nueva para mí. La ciudad me pareció muy fea en la mayoría de áreas, pero en contraste, había algunas partes atractivas que estaban llenas de arquitectura hermosa, y una atmósfera cultural. Una vez parqueamos nuestra furgoneta empezamos a desplazarnos a pie, y a veces tomamos el metro subterráneo para explorar todas las atracciones principales de la ciudad. Era frio, terriblemente frio, pero lo aguanté sin mucha preocupación. Caminar por las calles de Londres de noche, especialmente en la Plaza Trafalgar y el área cerca de Harrods, fue verdaderamente impresionante… o lo hubiese sido si tuviese a una novia hermosa a mi lado para poder experimentar eso conmigo.

Ese era el tipo de lugar al que uno iría con una novia, y yo no tenía ninguna. Vi a otros hombres poder experimentar esa vista con sus novias, y el ver eso me amargó toda la experiencia. Cuando cenamos en un restaurante, me engullí con mucha comida, y me bebí dos copas de vino para hacerme sentir mejor durante el resto de nuestro tour. Mi parte favorita era caminar por la tienda Harrods. Harrods era una gigantesca, lujosa y reconocida tienda de ropa de diseñadores. Cada faceta de la tienda rebosaba de belleza y opulencia excesiva. Era mi tipo de lugar. Deseé ser lo suficientemente adinerado como para comprar todo lo que quería en esa tienda – había tantas elecciones de ropa fabulosa – pero lastimosamente, tuve que conformarme con comprar solo una camisa Giorgio Armani. Si mi madre hubiese sido lo suficientemente sabia como para casarse con uno de esos hombres adinerados con los que salía, tal vez yo hubiese sido lo suficientemente rico. Qué lástima.

Al final de la noche de nuestro tour por Londres, me sentí frio y miserable. Caminar por esa emocionante ciudad cultural me hizo darme cuenta de que el mundo estaba lleno de maravillas para explorar… pero si tenía que hacerlo solo mientras que otros hombres podían hacerlo con sus novias, ¿entonces qué sentido tenía? Mi vida era tan mundana, y un desperdicio, comparada con las vidas que todos esos otros hombres vivían. Ellos estaban en el cielo, y yo, en el infierno.

Cuando entramos al avión para regresar a casa, me pregunté cómo hubiese sido mi vida si nunca me hubiese mudado a los Estados Unidos. Vi a muchas rubias hermosas en Inglaterra, justo como las que veía en California. ¿Acaso hubiese vivido un tipo de vida completamente diferente? ¿Acaso hubiese podido tener una novia en Inglaterra? ¿Acaso las chicas en Inglaterra hubiesen aceptado más a un sujeto cómo yo? Nunca sabré las respuestas a esas preguntas.

Pasé unas horas recuperándome del jet lag después de que llegamos a casa. El día después era el día de Año Nuevo. No quería repetir lo que ocurrió el Año Nuevo pasado, cuando lo pasé solo y miserable en mi habitación, así que decidí ir con mi padre y Soumaya a una fiesta en la casa de los Antje Twinn. Mi padre todavía era amigo de ellos, a pesar de ya no ser amigo de los Bubenheim. Yo quería usar algo nuevo para la fiesta, para aumentar mi seguridad en mí mismo, así que fui a Nordstrom y compré una nueva y llamativa camisa de Hugo Boss, decorada con varios tonos azules.

No cené antes de la fiesta, ya que esperé que sirvieran algo de cenar allí. Cuando llegamos, vi que ellos no ofrecieron ninguna cena, solo algunos pasabocas de fiesta; pero sí había muchísimo vino. Escuché por parte de Antje que Vincent estaba en la ciudad, pero que estaba en una fiesta en casa de Leo Bubenheim, con todos los amigos adolescentes populares de Leo. La sola mención de Leo me puso de mal humor. No podía creer que Vincent también estaba experimentando los placeres de festejar con gente joven mientras que yo me sentaba totalmente solo en la fiesta de adultos, bebiendo vino en mi solitaria depresión. Yo debería estar festejando con mis propios amigos, y mis propias novias, pero no tenía NINGUNA.

Después de haberme embriagado bastante por haber bebido tanto vino con el estómago vacío, escuché a Antje hablando con su amiga sobre cómo Vincent ahora tenía una hermosa novia. Ella estaba tan orgullosa de su hijo. Eso es algo que mi madre nunca pudo decirle a sus amigas sobre mí. ¡Yo nunca había tenido una novia en TODA MI VIDA! Recuerdo cuando Vincent solía ser un niño pequeño de nueve años mientras que yo tenía trece años. Él solía admirarme, y siempre me veía jugar mis juegos por Internet en el laptop de mi padre.

Ahora, él tenía dieciséis años y yo tenía veinte. Él tenía el placer de tener una novia, mientras que yo nunca había tenido una. Yo era cuatro años mayor que él, pero él me había sobrepasado. La envidia, ira, e inferioridad que sentí casi me hacen explotar de ira en medio de la fiesta, pero en vez de hacer eso, fui al baño, y me desahogué yo solo en frente del espejo sobre lo mucho que odiaba a Vincent, y mi deseo de matarlo. Bebí mucho más vino esa noche, sirviéndome copa tras copa. Cuando Vincent llegó después de su fiesta en casa de Leo, lo saludé con desprecio embriagado, y bebí todavía más vino. Bebí demasiado. La mañana siguiente, le agradecí a los cielos que al final de la fiesta tuve el juicio de ir al baño para vomitar ahí, en vez de vomitar en frente de todos. Eso hubiese sido extremadamente vergonzoso.

Pasé una semana en casa de mi madre antes de regresar a Santa Bárbara, para darle otra oportunidad a mi vida. Durante esta semana, nuevamente me encontré con Philip y Addison. Esta salida fue mucho más larga que la última. Decidí usar la misma camisa Hugo Boss que usé para año nuevo.

Primero, caminamos hasta el letrero de Hollywood, y vimos el glorioso atardecer. Después visitamos el Museo Getty, y admiramos el brillante paisaje y arquitectura. Mientras estábamos ahí, escuché a Philip decirle a Addison que unas chicas lo estaban mirando. Sintiéndome celoso, le pregunté a Philip si alguna de esas chicas me estaba mirando, y él tuvo el descaro de decirme que no, que ninguna de ellas lo había hecho. Me sentí tan afligido que me alejé de ambos y me puse a llorar, arruinando toda mi experiencia del museo. ¿Cómo es que mujeres miraran a Addison y no a mí? Me pregunté repetidamente mientras intentaba ocultar mis lágrimas de personas que pasaban por mi lado. Caminé hasta el borde de la gran terraza del museo, mirando la ciudad iluminada de Los Ángeles, además de las estrellas encima.

En ese momento entré en un trance lleno de desesperación, contemplando mi razón para existir en este universo, y lo que me deparaba el futuro. Fue una experiencia muy ominosa y surreal. Me calmé cuando nos fuimos del museo, y actué cordial hacia ambos. No quería arruinar la noche con mis problemas emocionales. Exploramos Hollywood un poco, y allí vi a muchas personas jóvenes caminando por ahí con sus grupos de amigos atractivos. El ver eso me enfureció durante el resto de la noche. Decidimos cenar en un restaurante en el Boulevard Sunset. En el restaurante había tres chicas candentes que parecían modelos, sentadas a unas mesas de distancia de la nuestra. Sus cuerpos se veían tan sexys y seductores que Philip tuvo que irse al baño para masturbarse. Yo tuve el deseo de hacer exactamente lo mismo, pero no quería verme como un tonto en frente de Addison.

Cuando llegué a casa, empecé a llorar debido a todas las emociones que había vivido esa noche. Mi madre me escuchó y mostró algo de preocupación, como siempre lo hacía. Ella estaba acostumbrada a que yo llorara mucho, pero ella nunca entendió por qué yo me sentía tan miserable. Siempre se lo tenía que explicar – que yo era un virgen solitario, miserable e indeseado virgen a quien las mujeres trataban con desprecio – pero ella nunca pudo entender lo severo que eso era para mí. Después de todo, ¿cómo lo podía entender? Ella misma es una mujer.

Regresé a Santa Bárbara con una renovada y cuidadosamente construida sensación de seguridad en mí mismo, especialmente gracias a mi nueva colección de ropa de diseñador que había comprado durante las vacaciones de invierno. Intenté adoptar una personalidad suave y sofisticada, e hice que mi acento sonara más elocuente. Hice esto con la esperanza de que las mujeres encontraran algo atractivo en mí. Ese era el único tipo de personalidad que de verdad encajaba conmigo. Yo era incapaz de ser un atleta extrovertido y bullicioso, y no quería ser uno. Me sentía asqueado por ese tipo de personas, y me daba asco ver cómo las mujeres se sentían atraídas a escoria como esa. Yo quería que ellas se sintieran atraídas a mí. Así es cómo debería ser, y me lo merecía.

Durante las pocas semanas que tenía antes de mi primer día de clases, no pude hacer nada para mejorar mi situación social. Tenía miedo de salir a Isla Vista sin ningún amigo, y esperaba hacer algunos amigos una vez empezara la universidad. Debido a esto, me sentí deprimido otra vez debido a toda la soledad. Inclusive aunque Spencer estaba ahí, me sentí completamente y absolutamente solo, ya que los dos nunca hablábamos mucho.

Hasta ahora, Spencer y yo nos la habíamos llevado muy bien a pesar de que nunca habláramos mucho. Un incidente ocurrió al final de enero, el cual cambió todo eso. Un día descubrí que Spencer tenía a una chica en su habitación. Yo no lo podía creer. ¡El sujeto bajito y gordo pudo llevar a una chica a su habitación antes que yo! Me sentí tan impactado y ultrajado que esperé afuera de su habitación hasta que la chica se fuera, para poder ver cómo se veía ella. Para mi alivio, ella no era tan atractiva.

Lo que me enfureció más es que Spencer me dio una mirada presumida cuando vi a la chica, a pesar de que ella fuese fea. Él tuvo el descaro de sentir que era mejor que yo, ¡solo porque había logrado llevar a una chica al apartamento antes que yo! Lo confronté en la cocina esa misma noche, diciéndole que él era un tonto por sentirse orgulloso de tener a una perra fea en su habitación. Esto lo hizo sentir molesto y ofendido, lo cual es lo que yo quería. Quería ofenderlo como castigo por su insolencia. Después de ese incidente, los dos nos volvimos más y más hostiles hacia el otro.

Al principio de febrero, empezó mi semestre de primavera en la Universidad de la Ciudad de Santa Bárbara. Las clases para las que me registré fueron Sociología, Matemáticas, Estudios de Cine, e Inglés. Mi clase de inglés era una clase por Internet, pero las otras tres eran clases normales para las cuales necesitaba ir físicamente a la universidad. Sociología y matemáticas eran los martes y jueves, y mi clase de cine era las mañanas del viernes. Ese fue un horario conveniente.

Esta era mi última oportunidad. Ya había fallado en cambiar mi vida el semestre pasado. No puedo fracasar de nuevo. Recuerdo lo difícil que fue mantener esas dos clases en el otoño. Las personas en ellas me hicieron sentir muy miserable. Yo sabía que si lo mismo ocurría el semestre siguiente, terminaría abandonando todas mis clases, y si eso ocurría, toda mi esperanza desaparecería.

La mañana del día siguiente me puse mi fabulosa camisa de Armani Exchange, y me puse mis nuevas gafas de sol Gucci que mi madre me dio. Me admiré a mí mismo en el espejo por unos momentos, y empecé a sentirme entusiasmado. Quería que todos me vieran luciendo así. Tenía la esperanza de que algunas chicas me admiraran. Me dije a mí mismo que ahora no había forma de que yo pudiese tener problemas consiguiendo mujeres. Pasé por el Starbucks para comprar un café con leche, y partí a la universidad con la seguridad en mí mismo de que luciría como un caballero superior para todos los estudiantes allí. Yo era un caballero superior. Eso es para lo que había nacido, y ahora era hora de mostrárselo al mundo.

Era un brillante y soleado día mientras ascendía por los familiares escalones del hermoso campus de la universidad SBCC. Inmediatamente fui al baño para verme en el espejo unas veces, solo para sentirme más seguro de mí mismo. Sí, pensé yo. YO soy la imagen de la hermosura y supremacía. Me seguí diciendo eso una y otra vez, como si fuese un mantra. Cuando crucé el reconocido puente que conectaba las dos mitades del campus, sentí como si todos me admiraran. Cuando pasé cerca de un grupo de chicas, pretendí imaginar que ellas secretamente me adoraban y deseaban. Después de todo, así es como debería ser. Mientras más caminaba por el campus, más traté de convencerme de que ese era el caso.

Mi primera clase era sociología, y esperé hasta que todos estuviesen sentados antes de entrar a la clase. Entré por la entrada frontal para que todos pudiesen ver mi fabuloso yo. Para mi total decepción, vi que nadie giró su cabeza en lo absoluto para mirarme. Ninguna chica giró su cabeza o levantó una ceja al verme. Después de todo ese esfuerzo, todavía seguía siendo tratado como si fuese invisible.

La clase de sociología pasó rápidamente, y la siguiente clase fue la de matemáticas. En la clase, vi a una de las chicas más bonitas que había visto en toda mi vida. Ella era la única chica bonita en la clase, y era absolutamente deslumbrante. Por supuesto, ella ni siquiera me notó cuando entré. Su hermosura era tan intimidante que no pude sentarme a su lado por miedo a que me juzgara.

A medida que empezó la clase, no pude evitar mirarla constantemente, admirando cada pulgada de su seductor cuerpo, desde su sedoso cabello rubio hasta sus suaves, delgadas, y ligeramente bronceadas piernas. Lo más hermoso de ella era su rostro. Era un rostro que rompió mi corazón el segundo que la miré. La deseé con tanta intensidad, y constantemente fantaseé sobre ella durante mis sesiones de masturbación. Era el tipo de chica que se suponía que fuese mi novia. Esa era la chica con la que se suponía que yo fuese a la universidad en Santa Bárbara. Mi vida solo tendría significado si yo pudiese ir a la universidad con una novia como ella.

Un día mientras regresaba de la universidad durante la primera semana, me detuve en un semáforo en Isla Vista cuando vi a dos candentes chicas rubias esperando en el paradero del autobús. Yo estaba usando una de mis camisas elegantes, así que las miré y sonreí. Ellas me miraron, pero ni siquiera se dignaron a regresarme la sonrisa. Simplemente miraron a otro lado como si yo fuese un tonto. Mientras me alejé, me empecé a enfurecer. Eso había sido un insulto grande. Esa era la forma en que me trataban todas las mujeres, y estaba cansado y harto de eso. Lleno de ira, hice un giro en U, me acerqué a su parada de autobús, y les eché todo mi café con leche de Starbucks encima.

Sentí una insignificante satisfacción al ver la mancha en sus jeans. Luego me alejé rápidamente antes de que pudiesen ver el número de mi placa. ¡Cómo se atreven esas mujeres a hacerme un desaire como ese! ¡Cómo se atreven a insultarme así! Me dije a mi mismo repetidamente con furia. Ellas merecían el castigo que les di. Era una lástima que mi café con leche no hubiese estado lo suficientemente caliente como para quemarlas. ¡Esas mujeres merecían ser tiradas al agua hirviendo por el crimen de no darme la atención y adoración que legítimamente me merecía!

Este incidente me amargó mi primera semana de universidad, pero en nombre de mis sueños y esperanzas, intenté olvidarme de él. El mes de febrero seguí con asistir a mis clases de universidad, e intentar sacarles el mayor provecho. Cada día que pasaba, mi seguridad de mí mismo sobre cómo lucía hacia otros, empezó a desvanecerse. Todavía no había hecho ningún amigo, y todavía no hablaba con ninguna mujer.

Al final del mes empecé a cuestionarme qué es lo que estaba haciendo tan mal. Yo veía a guarros asquerosos que se vestían con pantaloneta de basquetbol y playeras, caminando con chicas bonitas. Y ahí estaba yo, usando una camiseta Armani, y solo. ¡Era absurdo! ¡Yo soy quien debería estar con las chicas bonitas! Pronto me di cuenta de que a nadie le importaba lo bien que me vestía yo. Ninguna chica me admiraba. Ninguna chica si quiera me dio una segunda mirada.

Pronto me enteré del nombre de la hermosa chica en mi clase de matemáticas. Su nombre era Brittany Story. Siendo el averiguador obsesivo que soy, la busqué en Facebook, y lo que descubrí destrozó en pedazos mi ya lastimado corazón. Ella tenía un novio. No solo eso, sino que su novio era el tipo de chico que yo siempre había odiado y despreciado; un surfista alto y muscular con la cabeza rapada. Mientras miraba las fotos de los dos estando juntos, temblé con odio puro. Físicamente podía sentir el odio hirviendo por todo mi cuerpo. Quería matarlos a ambos, y era capaz de hacerlo.

Brittany Story debió ser mía, y si yo no podía tenerla, ¡nadie podía! Fantaseé con capturarlos a los dos, y arrancar la piel de la carne de su novio, haciéndola mirar. ¿Por qué mi vida debe estar tan llena de tormento y odio? Le pregunté al universo con confusión agitándose dentro de mí. Grité y lloré de la angustia ese día. Mi compañero de apartamento, Spencer, lo escuchó todo, pero no me importó.

Abandoné mi clase de matemáticas inmediatamente después de enterarme que Brittany tenía novio. No podía seguir mirando su belleza, sabiendo que otro vándalo podía disfrutar de tener sexo con ella todos los días. Solo me puedo imaginar lo celestial que debía ser la vida de ese sujeto. Él estaba en el cielo, y yo estaba en el infierno.

Poco después de abandonar mi clase de matemáticas, decidí abandonar todas mis otras clases en un arranque de ira. Ya no tenía sentido seguir. Sin importar lo mucho que lo intentaba, las mujeres no se sentían atraídas hacia mí. ¿Cuál era el sentido de pasar por la universidad, conseguir un título, y encontrar un trabajo profesional mundano después, si nunca podría experimentar el placer de las mujeres?

No quería torturarme a mí mismo yendo a la universidad para mirar a todas esas hermosas mujeres que nunca podría tener. Nada beneficioso saldría de ello. No había esperanza de que yo llegara a tener una vida universitaria deseable. Mi vida estaba desprovista de amigos, desprovista de mujeres, desprovista de sexo, y desprovista de amor. Me di cuenta de que nunca podría mirar a mi juventud, el tiempo en el cual debería estarla pasando de maravilla, y sentirme satisfecho de todos mis recuerdos felices. No habían recuerdos felices; solo miseria, soledad, rechazo, y dolor. Lo único que me quedaba era igualar el marcador. Quería hacer que todos los demás sufrieran de la misma forma que me habían hecho sufrir. Quería venganza.

Cuando dejé mis clases de universidad, crucé un umbral que sabía que existía, pero que nunca creí que cruzaría. Esto acabó completamente todas las esperanzas que tenía de vivir una vida deseable en Santa Bárbara. Me di cuenta de que sería un virgen para toda la vida, condenado a sufrir rechazo y humillación a manos de las mujeres porque yo no les gusto, porque sus atracciones sexuales están erradas. Ellas se sienten atraídas al tipo equivocado de hombre. Yo siempre me dije a mí mismo que preferiría morir que sufrir una existencia así, y sabía que si así terminaban las cosas, tendría mi venganza contra el mundo de la forma más catastrófica posible. Por lo menos entonces, podría morir sabiendo que contraataqué contra la injusticia que se me había hecho sufrir.

Desde que mi vida tomó un muy oscuro giro a la edad de diecisiete años, con frecuencia tenía fantasías de lo malévolamente satisfactorio que sería castigar a todos los chicos populares y parejas jóvenes por el crimen de vivir una vida mejor que la mía. Soñé con lo dulce que sería torturar y matar a cada pareja joven que veía. Sin embargo, como dije antes en la historia, nunca pensé que llevaría a cabo realmente esos deseos tan drásticos. Tenía esperanza dentro de mí de que algún día podría llegar a tener una vida feliz.

Fue solo cuando me mude por primera vez a Santa Bárbara que empecé a considerar la posibilidad de tener que llevar a cabo un acto violento de venganza, como la solución final para lidiar con todas las injusticias que había tenido que sufrir a manos de las mujeres y la sociedad. Se me ocurrió un nombre para esto después de ver a todas las apuestas parejas jóvenes caminando por mi universidad, y en la ciudad de Isla Vista. Lo llamé el Día de la Retribución.

Ese sería el día en el que tendría mi retribución y venganza definitiva contra toda la escoria hedonística que disfrutaban de sus vidas de placer, las cuales no merecían. Si no puedo tenerlo, lo destruiré. Destruiré a todas las mujeres porque nunca las podré tener. Las haré sufrir a todas por rechazarme. Me armaré con armas mortales, y le declararé la guerra a todas las mujeres, y los hombres hacia los que se sienten atraídas. Y los masacraré como los animales que son. Si no me aceptan entre ellos, entonces son mis enemigos. Ellos no me mostraron piedad, y así, yo no les mostraré piedad. El prospecto será tan dulce, y la justicia finalmente será servida. Y por supuesto, yo tendría que morir en el acto para evitar ir a prisión.

Ahí es cuando me di cuenta de que este umbral existía, y que si lo cruzaba, tendría que llevar a cabo este Día de Retribución. La idea había permanecido guardada en mi mente desde entonces, hasta este punto. Después de abandonar todas mis clases de primavera en la Universidad de la Ciudad de Santa Bárbara, supe que el Día de la Retribución ahora era bastante posible. Inclusive escribí sobre él en mi diario, pero luego arranqué las páginas por miedo a que alguien las encontrara.

Un escalofrío me atravesó, dándome cuenta de lo retorcido que se había convertido mi mundo, y que tendría que recurrir a hacer algo que consideraría impensable hace unos años. Yo no quería hacerlo. Yo quería vivir. Pensar en el Día de la Retribución me hizo sentir atrapado. Yo quería encontrar una forma de salir.

Después de meditarlo profundamente, tuve la revelación de que el Día de la Retribución no era la única forma en que podría compensar por todo el sufrimiento que había tenido que vivir. Si de alguna manera yo pudiera convertirme en un multi-millonario joven, entonces mi estilo de vida instantáneamente se volvería mejor que el de la mayoría de personas de mi edad. Podría conseguir mi venganza contra mis enemigos simplemente viviendo por encima de ellos, siendo superior a ellos. Esa era una forma de venganza feliz y pacífica, y se convirtió en mi única esperanza. Una vez más, empecé a pensar desesperadamente en otras formas en las que pudiese volverme extremadamente adinerado siendo joven. Esa era mi única salida.

Ahí es cuando me di cuenta de que ser adinerado era la única forma en que lograría perder mi virginidad – la única forma en que podría tener la hermosa novia que sabía que me merecía. Debido a todas mis experiencias pasadas con las mujeres, era evidente que las mujeres no se sentían atraídas hacia mí como persona. Ellas se sentían repudiadas por mí. De la única forma en que yo podría ser visto como merecedor de su amor y atracción era si me volvía adinerado.

Al principio de marzo fui a casa de mi madre con un ánimo deprimente y perturbado. Hice lo mejor que pude para ocultarlo de mis padres. También tuve que ocultar el hecho de que había abandonado todas mis clases de universidad, y mantuve el pretexto de que todavía estaba asistiendo a la universidad, hablando con mi padre sobre mis clases y todo eso.

El fin de semana que visité la casa de mi madre fue memorable, y había estado esperando hacerlo durante un tiempo. El domingo 11 de marzo de 2012, fui con mi madre y hermana a un concierto privado y exclusivo de Katy Perry. El 12 de marzo de 2012 fui con mi padre y Soumaya a la premier de alfombra roja de los Juegos del Hambre.

La invitación para el concierto privado de Katy Perry en realidad era para Rob Lemelson, ya que el concierto se llevó a cabo para personas extremadamente adineradas que eran clientes de Net Jets, una compañía de jets privados. Rob no tenía interés en eso, así que le dio los boletos a mi madre. Me sentí contento de ir, ya que amaba atender a eventos exclusivos; me hacía sentir especial.

La mayoría del tiempo que pasé en el concierto simplemente caminé por ahí, y comía comida de las mesas de buffet mientras todos esperaban a que Katy Perry empezara el concierto. Había música animada reproduciéndose todo el tiempo, y atendieron muchas familias adineradas con sus hijos.

Cada familia allí debía poseer un valor neto de por lo menos veinte millones de dólares, para poder contratar jets privados. Intenté pretender que yo era parte de una familia adinerada. Debería serlo. Esa era la vida que se suponía que yo debía vivir. ¡ES LA QUE DEBERÍA ESTAR VIVIENDO! Si solo mi maldita madre se hubiese casado con alguien adinerado en vez de ser egoísta. Si solo el fracasado de mi padre hubiese tomado mejores decisiones con su carrera de director en vez de perder su dinero en ese estúpido documental.

No pude evitar sentirme amargado de la envidia que sentía hacia todos los niños ricos en el concierto. Ellos habían crecido en mansiones magníficas, estaban rodeados de opulencia excesiva, y nunca tendrían que preocuparse de nada en sus placenteras y hedonísticas vidas. Yo sentiría un gran placer al ver como son quemadas vivas todas esas familias ricas.

Verlos a todos de verdad quemó en mi mente la importancia de la riqueza. La riqueza es uno de los factores más importantes que definen el valor propio y la superioridad. Yo odiaba y envidiaba a todos esos chicos por nacer en medio de la riqueza, mientras que yo tenía que luchar para encontrar una forma de adquirir riqueza para mí. Tenía que ser implacable, y hacer todo lo que pudiera hacer para alcanzar esa riqueza. Después de todo, era mi única esperanza de ser merecedor de tener una novia, y vivir la vida de gratificación que deseo.

La premier de alfombra roja de Los Juegos del Hambre fue un evento todavía más exclusivo. La razón por la que logramos ir fue porque mi padre era amigo del director, Gary Ross. Mi padre inclusive contribuyó a la película como director de segunda unidad. Durante los últimos meses, Gary Ross había estado yendo a casa de mi padre con mucha frecuencia para cenar. Cuando él me comentó sobre Los Juegos del Hambre, yo nunca había escuchado de eso antes, así que decidí leer los libros en los que se basó la película. Fue una historia muy entretenida, y me volví un fan.

Al mismo tiempo, mi madrastra Soumaya estaba en el proceso de filmar un reality show francés llamado Les Vraies Housewives. Su estatus como estrella de reality shows, además de la importante asociación de mi padre con Gary Ross, nos permitió conseguir boletos VIP para la premier de alfombra roja, incluyendo permiso para caminar sobre la alfombra roja, la cual en realidad era una alfombra negra, en el sentido literal.

Yo no poseía ningún traje, pero usé mi extravagante camisa Hugo Boss, la cual se veía lo suficientemente elegante para caminar sobre la alfombra negra. Mientras esperábamos para caminar sobre la alfombra negra, una estúpida perra celadora tuvo el descaro de preguntar "quién demonios son estas personas". Esto me enfureció tanto que casi le dije "somos personas que son más importantes que usted, zorra fea", pero el publicista de Soumaya calmadamente le informó sobre nuestra invitación. Cuando procedimos a caminar por la larga alfombra negra, los flash de las cámaras se encendieron de lado a lado, y una multitud de fans patéticos que me recordaban a ovejas gritaban desde el otro lado.

Se sintió extremadamente gratificante caminar sobre la alfombra negra con mi padre y Soumaya, y presumidamente le sonreí a todos los estúpidos fans que tenían que quedarse a un lado, restregándoselos en la cara. Había algunos actores y celebridades sobre la alfombra con nosotros, y los paparazzi me gritaron un par de veces para que me quitara, ya que estaban tomando fotos de una perra actriz o algo. Discretamente le mostré el dedo medio a esos cerdos paparazzi. Elliot Rodger no se moverá a un lado por una estúpida actriz sobre-glorificada buena para nada, sin importar quién demonios sea. No vi quién era.

Caminamos en medio de todo el caos hasta que finalmente llegamos al teatro donde se presentaría la película, llamado el Teatro Nokia. Fue uno de los teatros más grandes en los que jamás he estado, pudiendo ver a cientos de personas. En la entrada, mi padre y yo saludamos a Jack Ross, el hijo de Gary Ross. Él era un mocoso malcriado de dieciséis años, y para mi vergüenza, era más alto que yo. Inmediatamente lo odié al verlo. Él estaba teniendo la vida que yo debería estar viviendo, si tan solo mi padre se hubiese convertido en un director exitoso como Gary Ross.

Igualmente odié a sus repugnantes amigos, quienes terminaron sentándose en frente de mí, parcialmente bloqueando mi vista de toda la película. Durante la duración entera de la película tuve que aguantar los deseos de no echarles toda mi bebida sobre sus pequeñas cabezas de mierda, en medio de mi vehemente ira. Ellos me habían arruinado la película, pero de todas formas había sido muy buena.

La película fue entretenida, pero mi parte favorita de este estreno fue la fiesta posterior – el "after". Sí, fuimos invitados al after, donde solo los invitados más importantes podían atender. Me sentí tan especial cuando les di mis boletos VIP a los guardias de afuera, obteniendo el ingreso. La fiesta fue extravagante, con mesas de buffet puestas en cada esquina, sirviendo exquisitas comidas. Emocionadamente pasé de plato en plato, sirviéndome de toda la comida. Mi padre y Soumaya fueron a socializar con Gary Ross y su séquito de productores. Por supuesto, yo no conocía a nadie allá, así que simplemente pasé tiempo con mi hermana Georgia.

Unos momentos después de empezar la fiesta, me encontré con un rostro familiar. Él me notó primero, y me llamó por mi nombre, diciendo, "¿Tu nombre es Elliot?" ¡Él no era otro que Ashton Moio, de la Secundaria Pinecrest! No lo había visto desde el octavo grado. Él ahora estaba en el proceso de empezar una carrera de actuación, y había tenido una parte pequeña en la película. De hecho, yo había leído sobre eso antes, pero no me esperaba encontrarme con él en el after.

La hermana de Ashton, Monette Moio, no estaba en ningún lado. Supongo que la perra no fue invitada… ja. Recuerdo todo el dolor que ella me causó durante el octavo grado en Pinecrest. Mientras hablaba con Ashton, intenté actuar tan cool y seguro de mí mismo como pudiese, aunque me sentía intimidado. Él era uno de los chicos más populares en Pinecrest, y ahora se convertiría en un actor, una de las carreras más atractivas que un hombre puede tener. Asumí que él probablemente había dormido con incontables chicas bonitas. Maldito sea. Tuve una corta conversación con él antes de intentar dejar su presencia tan rápido como pudiese. No quería que él se enterara de lo patética que era mi vida.

Mientras caminaba por el after, presencié a muchos hombres jóvenes exitosos que caminaban con sus novias tan candentes como modelos. Algunos de ellos inclusive eran actores de mi misma edad, estrellas de la película. Sentí un ardiente odio en particular hacia el actor Alexander Ludwig, a quien vi sentado arrogantemente en un sofá mientras otras personas se reunían a su alrededor para adorarlo. Odié todo sobre él; su dorado cabello rubio; su constitución alta y muscular; su presumida y masculina cara.

Ese chico podía conseguir cualquier mujer que quisiera. Su vida era el completo opuesto de la mía. Si solo pudiese tener una prueba de cómo vivía él, durante un solo día… A medida que vi a todos estos exitosos hombres jóvenes con sus hermosas parejas, me sentí todavía más convencido de lo importante que es el dinero y el estatus para alcanzar una vida deseable de amor y sexo. Me hizo sentir más obsesionado con mi meta de volverme rico a una edad muy joven. Esa era la única forma de vivir la vida.

Todo el estreno, desde la alfombra roja, la película, y hasta el after, fue una experiencia extraordinaria que nunca olvidaré. Todavía me siento muy amargado de que no pude llevar a una chica conmigo a ese evento. La mayoría de hombres en el evento tenían una pareja con ellos, y me sentí muy patético por no tener una pareja para llevar. Si solo una chica en mi universidad se hubiese sentido atraída hacia mí; con mucho gusto la hubiese llevado al estreno como mi pareja.

Cuando regresé a Santa Bárbara, me di cuenta de que ya no tenía ninguna obligación. Como había abandonado todas mis clases de universidad, tenía todo el tiempo del mundo. Quería aprovechar ese tiempo tanto como pudiese. Frenéticamente, intenté ingeniarme formas de encontrar algún tipo de idea que me generara millones de dólares. Algunos dirían que eso era una locura, ¡pero otros lo habían logrado antes! Muchas personas habían tenido éxito en ingeniarse una idea y hacer millones, o inclusive billones, instantáneamente. Yo era una persona extraordinaria y magnífica, destinada a grandes cosas. Si otras personas podían hacerlo, ¿por qué no yo? Era mi destino, mi propósito entero en este mundo.

Durante más o menos la siguiente semana, me la pasé meditando en mi habitación, tratando de pensar en formas para volverme rico. Podría o inventar algo, implementar una excelente idea de negocios, o regresar a mi idea original de escribir una épica historia de fantasía que pudiese ser adaptada en una película. Eso me recordó la razón por la que abandoné esa idea en primer lugar… la cantidad de tiempo que me tomaría alcanzar el éxito con ese prospecto. Me sentía tan desesperado, y necesitaba hacer algo justo en ese momento. Era cuestión de vida o muerte. Si no lo lograba, entonces no tenía nada por que vivir.

Después de pensarlo mucho, no se me ocurrió nada. ¿Acaso estaba condenado a fracasar en todo? Empecé a sentirme sin esperanza, hasta que vi el premio gordo actual para la Lotería Megamillions. Este se elevó bastante durante el mes de marzo. Yo había ahorrado mucho dinero en ese entonces, así que tenía suficiente para comprar boletos de lotería, siempre y cuando no me pasara de $5000, cantidad que quería mantener como cantidad mínima de ahorros en caso de emergencia, o en caso de que tuviese que llevar a cabo el Día de la Retribución. Así, resultó que tenía más de $6000 ahorrados en esos momentos, de mi mesada, dinero de navidad, y dinero de cumpleaños que mis padres y abuelas me habían estado enviando. Por primera vez desde que me mudé a Santa Bárbara, empecé a sentir un serio interés en jugar la lotería otra vez.

Creí que era mi destino ganar la Lotería Megamillions, y particularmente, ese premio gordo. La gente gana la lotería cada mes, ¿así que por qué no yo? Se suponía que yo debía vivir una vida de significado y extravagancia. Se suponía que yo ganara este premio gordo. Era mi destino. Durante los primeros sorteos que jugué, gasté desde $50 hasta $100 en boletos, pero para mi profunda frustración, no gané, y el premio gordo siguió creciendo.

Esto solo incrementó mi entusiasmo, y empecé a imaginarme toda una vida nueva y perfecta para mí una vez ganara. Me imaginé comprando una hermosa y opulenta mansión con una vista extravagante, y adquiriendo una colección de súper-autos los cuales usaría específicamente para atraer a chicas hermosas en mi vida. Planeé regresar a la universidad una vez tuviese toda esa riqueza, y sentirme superior a todos los otros estudiantes allí, finalmente cumpliendo mi sueño de ser el chico más genial y popular en la escuela.

Cuando me senté a meditar en mi habitación, me imaginé el éxtasis que sentiría cuando hordas de chicas hermosas me miraran con admiración mientras conduzco hacia la universidad en un Lamborghini. Una experiencia así lo compensaría todo. Tenía que ganar ese premio gordo.

Cuando el premio gordo llegó a $200 millones, gasté más de mi dinero ahorrado en boletos de lotería, pero todavía no gané. Sabía que mientras más gastara en boletos, mayor sería la oportunidad de ganar. Me sentía tan desesperado de vivir una vida satisfactoria que gasté $400 dólares en boletos cuando el premio gordo llegó a $290 millones.

Cuando nuevamente no logré ganar, gasté $500 dólares en boletos cuando el premio llegó a $363 millones, y todavía no gané ese… Y luego el premio gordo llegó a un número al que nunca me imaginé que llegaría… $656 millones. Quedé sorprendido, y me llené de un febril entusiasmo de esperanza y deseo. Este era el premio gordo más grande en la historia de la lotería. Yo sabía que siempre había estado destinado a grandes cosas. ¡Este debe ser! Yo estaba destinado a ser el ganador del premio gordo existente más alto de la lotería.

Supe en ese momento que ese premio gordo era para mí. ¿Quién más merecía una victoria así? Yo había pasado por tanto rechazo, sufrimiento e injusticia en mi vida, que esa era mi salvación. Con todo mi cuerpo lleno de febril esperanza, gasté $700 dólares en boletos de lotería para ese sorteo. Al gastar ese dinero, me imaginé todo el increíble sexo que tendría con una hermosa novia modelo que tendría una vez me volviera un hombre rico.

Después de ese definitivo y destinado sorteo, esperé tres días para ver los resultados. Sentía mucha ansiedad sobre lo que vería. El resultado determinaría el destino de toda mi vida. Durante esos tres días, medité solo en mi habitación, intentando convencerme de que yo era el ganador. Sostuve todos los boletos en mi mano, emocionadamente pensando sobre cuál era el boleto ganador. Hubo muchas veces durante este periodo en el cual miraría el resultado, pero cerraba la página web al último segundo por miedo de lo que vería.

El prospecto de enterarme de que había perdido era devastador. Al cuarto día, decidí simplemente verificar. El resultado ya había sido decidido, y la cantidad de tiempo que me tomara verificar no cambiaría nada. Tenía que ver la verdad.

Mi corazón estaba latiendo rápidamente cuando cargué el sitio web de la lotería Megamillions. Lo que vi destrozó completamente mi esperanza. Todo mi cuerpo tembló en una horrible agonía. No gané. Tres personas ganaron el premio gordo, el cual fue dividido entre ellos. Pero ninguna de esas tres personas era yo. No podía creer lo que estaba viendo. Yo estaba seguro de que sería el ganador. Era el destino… Pero no, el mundo siguió sin darme nada de justicia ni salvación.

Me hundí en una de las peores depresiones de mi vida. Eran las vacaciones de primavera, y mientras todos los otros chicos jóvenes de mi edad estaban de vacaciones con sus atractivos amigos, yo me estaba sintiendo miserable y solo en mi habitación porque fallé en ganar el premio gordo de la lotería, ¡el cual me permitiría ser superior a TODOS ellos! Me sentí tan deprimido que inclusive cuando mi madre vino a Santa Bárbara con mi hermana y sus amigas para un paseo corto, me rehusé a verlas.

Durante el mes siguiente, a duras penas salía de mi habitación. Se me había terminado completamente y absolutamente toda mi esperanza. Mi vida había terminado, pensé. Sin esa riqueza, ¿qué razón para vivir había en el futuro?

No podía creer que no había ganado. Seguí pensando sobre la celestial vida que estaría viviendo si hubiese ganado. Yo me sentía seguro de mi victoria hasta el momento del sorteo. En su lugar, esa victoria se había convertido en una destructiva derrota, como todo lo demás en mi vida. Todo lo que había intentado hacer en el pasado, inclusive desde mi niñez, había sido un fracaso. Se tornó muy difícil volver a sentirme bien sobre mí mismo. Pasé todo mi tiempo deambulando sin rumbo, haciendo nada con mi tiempo excepto pensar sobre mi destino. No quería pensar en nada. A duras penas podía respirar por la sofocante soledad. Toda mi energía había sido absorbida de mí.

En el mes de abril, James Ellis oficialmente terminó la amistad que había entre nosotros. James no me había contactado para nada desde la fiesta de navidad en casa de los Lemelson, y me sentí extremadamente ofendido por eso. Durante los primeros meses del 2012 yo había intentado contactarlo, demandando saber por qué el seguía actuando tan frio y distante conmigo. Pensé que después de que hablamos en casa de los Lemelson, que las cosas mejorarían entre nosotros. Estaba terriblemente equivocado.

Hablé con él por teléfono en febrero, y me dijo algunas palabras antes de inventar rápidamente una excusa para colgarme. Un mes después le escribí por Facebook para decirle lo grosero que fue por teléfono, y en abril, recibí una respuesta de él. James abiertamente me dijo que ya no quería ser mi amigo. Ni siquiera se dignó a decirme por qué. Después de esas fatídicas palabras, él se rehusó a volverme a hablar. Esa fue la última vez que hablé con él.

Esa había sido la máxima traición. Pensé que él era el único amigo que yo tenía en todo el mundo, el cual me entendía, el cual de verdad entendía mis ideas, y la razón por la que yo pensaba lo que pensaba sobre el mundo. Yo le confié todo, porque pensé que estábamos en la misma sintonía. Ser traicionado de esa manera me dañó profundamente, aunque nunca se lo admití a nadie.

El día de la traición, reflexioné sobre nuestra amistad. James Ellis era mi amigo más antiguo. Recordé la primera vez que lo conocí, cuando pateamos polvo juntos siendo niños de Primer Grado en la Primaria Topanga. Recordé todos los buenos momentos que pasé en sus varias casas en Palisades, intercambiando cartas de Pokemon cuando éramos pequeños, nuestro corto interés en montar patineta, jugar World of Warcraft juntos cuando éramos adolescentes, todas nuestras caminatas por el centro de Palisades… Él fue una gran parte de mi vida. Y ahora él se había ido, desvaneciéndose en los recuerdos.

Ya no me quedaba ningún amigo. Ni un solo amigo en todo el mundo. No quería ver a Philip y Addison después de llorar en frente de ellos en el museo Getty. Yo estaba completamente y absolutamente solo, en el abismo más oscuro de desesperación. Y en ese abismo, me pudría en agonía.

Mi depresión siguió hasta el verano. Mi vida se mantuvo estancada y miserable, y mi odio hacia todo el mundo, especialmente a las mujeres por privarme de una vida feliz, crecía y crecía. Me preguntaba a mí mismo una y otra vez qué sería de mí ahora. No quería recurrir a realizar la venganza definitiva. No quería morir. Quería vivir por algo.

Tenía que haber alguna forma de volverme adinerado. Seguí viendo que esa era la única forma en que lograría conseguir una novia hermosa y perder mi virginidad. Mi sueño definitivo era experimentar los placeres del amor y el sexo con chicas una vez me volviera lo suficientemente rico para ser merecedor de ellas, y luego, casarme con una hermosa novia y tener hijos hermosos con ella, a quienes yo criaría para vivir una vida mucho mejor que la que yo había tenido que sufrir.

Esa sería la venganza más satisfactoria contra todas las personas jóvenes que pensaban que eran mejores que yo. Si pudiese mostrarles que yo vivía una vida así, mi propósito en este mundo estaría completo. Ver la mirada en sus rostros una vez me elevara por encima de ellos… no me podía imaginar nada más dulce.

De casualidad me encontré con un libro llamado El Poder de tu Mente Subconsciente, por Joseph Murphy. Este libro me llenó de esperanza durante los siguientes meses. Era muy similar a El Secreto, el libro que había leído hace más de un año, y tuvo el mismo efecto sobre mí. Me dio una explicación más detallada de la ley de la atracción. El año anterior, había dejado de creer en un concepto así, pero después de leer todo este libro, desesperadamente me convencí a mí mismo de intentarlo de nuevo. Quería creer que la teoría funcionaría. Necesitaba algo por qué vivir.

Empecé a visualizarme ganando la lotería. Hice todo esto durante el mes de junio. Después de mucho análisis y contemplación, concluí que ganar la lotería era la única forma en que podría volverme adinerado siendo joven, y así, era la única forma de disfrutar el resto de mi juventud. Si no tenía una juventud satisfactoria, me sentiría amargado y miserable durante el resto de mi vida, pero por supuesto, eso nunca ocurriría. Si así terminaban las cosas, entonces tendría que llevar a cabo el Día de la Retribución.

Ciertamente, esa era de la única forma en que lograría tener cualquier tipo de riqueza a mi edad. Yo no tenía ningún talento, así que era imposible para mí convertirme en un actor, músico o atleta profesional; y esas usualmente eran las formas en que la gente joven adquiría cantidades así de grandes de dinero. Podría inventar algo, o empezar un negocio como Mark Zuckerberg hizo con Facebook, pero las probabilidades de que yo lograra algo así eran las mismas de que ganara la lotería. Ni siquiera tenía las habilidades de un programador de computadores.

Después de leer este libro, quería creer que existía algún tipo de poder supernatural que podía emplear para cambiar la realidad como lo deseara. Durante los meses de junio y julio, tuve frecuentes caminatas por el Parque Girsh en Goleta, soñando y visualizando el ganar la lotería. Afirmé que una vez el premio gordo se elevara a más de $100 millones, que compraría un boleto, y que ese boleto sería el ganador. Durante todos los meses del verano, la gente siguió ganando la lotería, y el premio gordo se seguía reiniciando, pero me sentía tan desesperado que todavía tenía la fe de que pudiese ganar.

Uno de los días de julio, cuando estaba caminando por el Parque Girsh, un grupo de chicos universitarios populares llegaron a jugar kickball en los campos. Todos se veían como los típicos atletas de fraternidad – altos y musculares. El tipo de sujetos que yo había odiado y envidiado toda mi vida.

Con ellos estaba un grupo de hermosas chicas rubias, y parecían estarse divirtiendo mucho jugando juntos. Una de las chicas se paró de manos sobre el césped, y su sexy estómago se mostró cuando su camiseta cayó un poco. Todas las chicas estaban ligeras de ropa. Me hirvió la sangre de ira cuando vi a esas personas, quienes pensaban que eran mejores que yo, disfrutando de sus placenteras viditas juntos. La ira fue tan intensa que no la pude aguantar. Me sentí demasiado insultado. No podía dejarlos ahí sin tener algún tipo de venganza, así que conduje hasta el K-mart más cercano, compré un rifle de agua, lo llené de jugo de naranja que compré en esa misma tienda, y conduje de regreso al parque.

Ellos todavía estaban allí, divirtiéndose como nunca, y quería arruinarles la diversión. Quería arruinar su diversión al igual que ellos habían arruinado la mía, ya que ellos nunca me aceptarían entre ellos. Les grité lleno de ira mientras los mojaba con el jugo de naranja que salía disparado de mi rifle de agua. Los chicos empezaron a gritar y perseguirme, así que entré rápidamente a mi auto y me alejé conduciendo. Me sentí atolondrado con una estática emoción alimentada de odio. Deseé haber cubierto a esas asquerosas bestias con aceite hirviendo en vez de jugo de naranja. Merecían morir de forma dolorosa y horrible solo por el crimen de disfrutar una vida mejor que la mía.

Conduje hasta un área apartada del parqueadero del Mercado de Camino Real que estaba cerca, con mi corazón latiendo rápidamente. Después de que me calmé, me abrumó la preocupación y miedo de que me metería en problemas por eso. Me pregunté con pánico si habría cámaras en el parque que me hubiesen capturado en el acto. La preocupación duró unos días, pero luego me sentí aliviado de no haberme metido en ningún problema.

Mi madre y hermana vinieron a Santa Bárbara para mi cumpleaños número 21. Yo no quería que vinieran, pero vinieron de todas formas. Supongo que mi madre sentía pena por mí, porque yo estaría solo en mi cumpleaños. Y es cierto, yo hubiese estado solo.

¿Qué no es eso algo muy triste para contemplar? Estar solo en mi cumpleaños. La mayoría de otros hombres tenían enormes fiestas donde bebían licor con sus amigos y novias para marcar el paso a la edad legal para beber alcohol. He leído historias por Internet sobre lo emocionantes que son los cumpleaños número 21 de los hombres. Yo no tenía absolutamente a nadie con quien celebrarlo. Al no tener ningún amigo, las únicas personas que me desearon feliz cumpleaños fueron mis familiares inmediatos.

Cuando mi madre y hermana llegaron a Santa Bárbara, ellas querían encontrarse conmigo en un restaurante en la Calle State, pero el prospecto me horrorizó. La Calle State estaba llena de parejas jóvenes caminando brazo en brazo, mientras salían alegremente. Yo ya estaba torturado por el hecho de que ahora era un virgen de 21 años. No quería seguirme torturando. Por Internet busqué un restaurante más tranquilo en el que nos pudiésemos encontrar – un lugar que parejas jóvenes probablemente no conocieran. Encontré un recóndito restaurante japonés en Montecito llamado Sakana. Se lo sugerí a mi madre, y como era mi cumpleaños, ella me dio la elección de dónde comer.

Me encontré con las dos afuera del restaurante mientras esperaban que les dieran asiento. Yo me encontraba con un ánimo sombrío y deprimente. Cumplir 21 años y ser un virgen que nunca había besado a una mujer ciertamente fue un día oscuro. Que patético, tener 21 años y ser un virgen todavía mientras que niños estaban teniendo sexo a la edad de 14 años. ¡La injusticia de la vida en este mundo es increíblemente horrorosa!

El restaurante Sakana resultó ser una muy buena opción. Sirvieron la más deliciosa comida japonesa que había probado en mi vida. Ellos tenían muchos platillos creativos para probar, y pedí tanta comida que la cuenta se pasó de $200. Ansiosamente me lo devoré todo, compensando mis penas con comida deliciosa. A mi madre también le encantó el restaurante. Ella había estado en todos los mejores restaurantes japoneses de Los Ángeles con sus muchos novios adinerados, y proclamó que Sakana los había superado a todos. Desde este punto en adelante, se volvió tradición comer en Sakana siempre que mi madre venía a visitarme.

Después de cenar fuimos al Starbucks en Montecito, y pasé la exquisita comida con un rico y tibio café con leche. Yo antes no había explorado mucho de Montecito, y me pareció un lugar hermoso y encantador. Me recordó a Calabasas, aunque mucho más tranquilo y conservativo. Consideré que pasaría mucho tiempo allí en el futuro.

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