La historia de Elliot Rodger - Capítulo 2

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Parte 2: Creciendo en los Estados Unidos

Edad: 5-9 años

El viaje en avión fue como una dimensión entre mundos. Yo estaba a punto de entrar a un mundo enteramente nuevo – a una vida completamente nueva. Pero en esa época, nada de eso pasaba por mi pequeña mente de 5 años. Dormí durante la mayoría del viaje, y puedo recordar estar mirando por la ventana el mar de nubes debajo de nosotros. Me pregunté cómo sería bajar allí, y correr sobre las nubes como si fuesen sólidas, ¡sin pensar sobre el hecho de que las atravesaría y me caería inmediatamente!

Cuando llegamos a Estados Unidos, me sentí muy cansado. Agarramos nuestro equipaje, y lo subimos a una nueva todoterreno que mi padre había alquilado. La imagen de nosotros conduciendo fuera del aeropuerto aún está fresca en mi mente. Usualmente pienso en ese momento como mi primer paso hacia mi nueva vida en los Estados Unidos.

Me sentía tan adormilado cuando llegamos a nuestra nueva casa que ni siquiera me puse a explorarla todavía. La casa ya contaba con algunos muebles, como un sofá y un televisor. Lo primero que hicimos fue ver una película. La película era Día de la Independencia, y aunque me dormí en algunos pedazos, logré ver la mayoría de la película.

En la mañana me sentí lleno de energía. Contento, subí por las escaleras para buscar mi nueva habitación. Miré todas las habitaciones antes de indicar la que yo quería tener para mí. Cuando le comenté mi decisión a mi madre, ella me dijo que la habitación que yo había escogido vendría a ser la habitación de mi hermana Georgia. Eso me molestó un poco, pero luego me conformé con la habitación al lado de ella.

La casa era muy grande, con paredes blancas, y un hermoso jardín que llevaba al área cerrada con la piscina. La casa estaba localizada en una exclusiva zona de Woodland Hills. La ciudad de Woodland Hills tiene un gran significado en mi vida. Esta vendría a ser la ciudad en la que crecí. Una gran porción de todas mis experiencias de vida, buenas y malas, ocurrirían en esta ciudad. Puedo recordar la primera vez que dije ese nombre con mis propios labios… Woodland Hills… mi nuevo lugar de residencia.

Después de habernos instalado en nuestra adorable casa nueva, fuimos perturbados por un problema típico de California: Un Terremoto. Mi madre me despertó en la mitad de la noche, y todos nos ocultamos bajo la mesa de la cocina. El terremoto resultó ser bastante pequeño, y fue seguido de réplicas todavía más pequeñas, pero yo aún tenía miedo.

Yo nunca había experimentado antes un terremoto, y la única impresión que tenía de los terremotos eran los terremotos enormes que destrozaban la tierra en La Tierra Antes del Tiempo. Después de esta experiencia, empecé a ver los terremotos como perturbaciones comunes y de menor importancia.

Y ahí estaba yo, un niño de 5 años que hasta el momento había vivido una vida feliz y dichosa, a punto de embarcarse en una nueva aventura; la aventura de crecer en los Estados Unidos de América. Sentí mucho entusiasmo al pensar en ello. Ahora me consideraba a mí mismo un "niño estadounidense", y se lo dije a mis padres. Me acostumbré a todos los shows de TV estadounidenses, y empecé a desarrollar un acento estadounidense. Estaba ansioso de continuar con mi nueva vida.

Pronto, fui matriculado en una escuela, Mi padre buscó escuelas extensivamente después de nuestra llegada, y encontró una pequeña escuela privada en Shoup Avenue llamada Pinecrest. Yo haría kínder allí. Pinecrest… en ese entonces, mi yo de 5 años no se imaginaba lo significativo que este lugar se volvería para mí. Un gran punto de giro en mi vida tomará lugar allí – una trágica ocurrencia para mal. Pero eso viene después, en un capítulo más oscuro de mi historia, cuando empiecen mis años de pre-adolescente. Por ahora, yo era un niño de kínder que disfrutaba de la vida al máximo.

Kínder en Pinecrest no salió muy bien. Tuve a un profesor muy desagradable, quien era muy impaciente en cuanto a lo atrasado que yo estaba con mis deberes escolares, ya que yo perdí un par de meses de clases debido a mi mudanza. Durante el receso, este profesor me mantendría en el salón de clases para hacer trabajo extra, y recuperar el tiempo perdido. A mis padres no les gustó este profesor, y uno de sus amigos les recomendó una escuela diferente para mí – una escuela privada cercana llamada Farm School, la cual se llamaba así por la granja adjunta a la escuela. Después de solo un par de semanas en Pinecrest, mis padres me sacaron de allí, y yo no regresaría allí sino hasta la secundaria, seis años después.

Mi primer día en Farm School empezó bien. Tuve dos profesores, y ellos se esforzaron para presentarme a los otros niños. Había un niño en particular llamado Joey a quien ellos asignaron para mostrarme el lugar. Él era amable al principio, pero luego resultaría ser un pequeño cretino miserable con quien yo siempre terminaría peleando. Él luego se convirtió en mi peor enemigo en esa escuela.

El primer amigo de verdad que hice en los Estados Unidos fue una niña llamada Maddy Humphreys. ¿Qué irónico, no? ¡El primer amigo que hice en los Estados Unidos fue una niña! Ella fue la primera amiga mujer que tuve, y también la última. Maddy y yo empezamos a jugar juntos en Farm School, y con el tiempo, mis padres se volvieron muy buenos amigos de los padres de Maddy.

El padre de Maddy era el famoso músico británico Paul Humpreys, y su madre se llamaba Maureen, aunque nosotros la llamábamos Mo. Ellos tenían una bonita casa en Hidden Hills. Nuestras familias se reunían frecuentemente para hacer barbacoas y cenas.

Yo era un niño de 5 años jugando con una niña de mi edad, como lo haría cualquier niño normal. Yo estaba disfrutando de la vida en un mundo que amaba. Me sentía feliz, y completamente inocente del hecho de que mi futuro en este mundo se volvería oscuro y miserable debido a las mujeres.

Esta niña que también era mi amiga, Maddy Humpreys, con el tiempo llegaría a representar todo lo que odio y desprecio; todo lo que está en mi contra, y todo hacia lo que estoy en contra.

Yo jugaba inocentemente con esta niña, de la forma en que juegan todos los niños. Inclusive nos bañábamos juntos; esas fueron las únicas veces en mi vida en la que vería a una mujer de mi edad, desnuda. Cuando pienso en las experiencias que tuve durante mi amistad con ella, me hace pensar ominosamente sobre el hecho de que todos los niños y niñas empiezan en las mismas circunstancias:

Todos empezamos inocentes, y todos empezamos juntos. Es solo a través de las experiencias y circunstancias de crecer que nos alejamos, formamos lealtades, y nos enfrentamos como enemigos. Ahí es cuando las guerras ocurren, y ahí es cuando la verdadera naturaleza de la humanidad se muestra en su totalidad. Por supuesto, en esta etapa de mi vida, mi guerra no había iniciado aún, y no iniciaría por un largo tiempo. Yo disfrutaba de mi vida sin ninguna preocupación, sin saber que toda mi dicha estaba destinada a convertirse en polvo.

Mi año de kínder en Farm School estuvo lleno de emocionantes experiencias nuevas, todas muy sanas para un niño en crecimiento. Tuve amigos, tuve citas de juego, socializaba con los otros niños en la escuela, a pesar de tener muchos conflictos con Joey. Solo me metí en problemas una vez, por una furrusca con otro chico durante el receso, y me enviaron a la oficina del director. Al nunca haberme metido en problemas en la escuela antes, recuerdo sentirme abrumado por el nerviosismo y miedo, lo que terminó en que yo llorara por una hora. Especialmente recuerdo la hora de manualidades, y me encantaba cuando la clase iba de visita a la granja de la escuela.

Después de un brillante y dichoso año escolar, era hora de graduarse. Yo me sentía lleno de orgullo mientras usaba mi gorra de graduación para la ceremonia. Me encantaba esa escuela, y era triste dejarla. Kínder se había acabado, y yo pronto entraría a la escuela primaria.

Luego vino mi sexto cumpleaños. Mis padres organizaron una fiesta con temática de Disney en un centro de juego al que mi madre me había estado llevando frecuentemente. Invité a toda mi clase en Farm School, a todos los niños y niñas, excepto a Joey. Deliberadamente omití a Joey como un acto de venganza por haber sido malo conmigo durante todo el año, y sentí satisfacción al haber hecho eso.

La fiesta fue alegre, y había un hombre vestido como Merlín para hacer de anfitrión de la fiesta. Me senté al borde de la mesa durante la comida de cumpleaños, usando un sombrero de brujo. Cuando me mostraron mi pastel, sentí euforia y dicha cuando aspiré, y luego soplé para apagar mis velas. La vida era buena.


6 años

Mi parte favorita del día durante este jubiloso periodo de mi vida eran nuestros viajes vespertinos al parque. Específicamente, el Parque Serranía. Este parque era hermoso y verde, con caminos de concreto a través de los campos de pasto, y una divertida zona de juegos para que los niños jugaran allí. Yo siempre jugaba en los rodaderos, y a veces me montaría al columpio, aunque mi padre tenía que empujarme. Recuerdo ponerme celoso de otros niños que podían columpiarse por sí mismos – niños que eran más jóvenes que yo.

Ahí me di cuenta de mi falta de capacidades físicas. La primera vez que experimenté una muestra de mis limitaciones fueron aquellas desastrosas sesiones de fútbol en Dorsett House. Con el tiempo, mi padre me enseñó como columpiarme yo mismo, y después de algo de práctica, logré hacerlo. Después de eso, yo me columpiaría rápidamente de arriba a abajo en ese columpio del parque Serranía hasta el anochecer.

Yo era muy pequeño y bajito a mi edad. Nunca le di mucha importancia a eso durante mi niñez temprana, pero me hice totalmente consciente de este hecho el día que mi familia y yo viajamos a los Estudios Universal. En ese tiempo me encantaban los dinosaurios - me sentía fascinado por ellos. Recientemente acababa de ver la película Parque Jurásico, y cuando me enteré de que había una atracción con temática del Parque Jurásico en los Estudios Universal, no podía esperar a subirme.

Empezamos a hacer fila, y esperamos una hora. Cuando llegamos al frente, el personal del parque me midió con una regla grande, y resultó que yo no cumplía con los requerimientos de estatura. Vi a otros niños de mi edad ser admitidos a la atracción, ¡pero a mí me negaron la entrada por ser muy bajito! La atracción que yo tantos deseos tenía de disfrutar en los Estudios Universal… había sido prohibida para mí. Inmediatamente me puse a hacer un berrinche, y mi madre tuvo que confortarme.

Haberme denegado la entrada a una simple atracción de parque de diversiones solo por mi estatura parecería ser solo una pequeña injusticia, pero en esos momentos, para mí era una injusticia enorme. Pero lo que no sabía era que esa injusticia era muy pequeña comparada con todo lo demás que se me negaría en el futuro debido a mi altura.

Al final, decidimos probar la atracción de E.T., a la cual sí fui admitido. Sin embargo, la pasé horrible en esa atracción debido a la atmósfera oscura, y las estatuas mecánicas de alienígenas que se movían me asustaron demasiado. Cuando finalmente se había terminado el paseo en la atracción, estaba llorando de miedo, pero luego me calmé cuando al final, la atracción se tornó suave y relajante.

Yo siempre disfrutaba de las reuniones que tenía mi familia con los Humphreys. Estas reuniones se volvieron una ocurrencia común en mi vida. Maddy se convirtió en una amiga muy cercana. Ella era la única amiga de Farm School que yo seguí viendo después de la graduación. Ellos tenían un enorme jardín, y los dos saldríamos a tener aventuras allí. Ella también creció viendo La Tierra Antes del Tiempo, y veríamos las secuelas juntos siempre que las lanzaban.

A veces cuando yo iba a casa de ella, ella tendría allí a otras amigas, y yo jugaría con ellas también. Sorpresivamente, a esa edad, yo no tenía problema interactuando con las niñas. Mi yo de seis años estaba jugando con niñas, inocente del horror y miseria que el género femenino me haría sufrir más tarde en mi vida. En el presente, esas niñas me tratarían como la escoria de la tierra; pero en esa época, todos éramos iguales. Qué ironía tan amarga.

Había llegado el momento de entrar al Primer Grado. Mis padres me matricularon en la Escuela Primaria de Avenida Serranía, la cual estaba al frente del parque Serranía. Sin embargo, yo no estaría por mucho tiempo en esa escuela, debido a que solo dos semanas después de empezar mi año en Primer Grado, mis padres decidieron mudarse a Topanga.

La mayoría de niños en la escuela de Avenida Serranía terminarán yendo a la Secundaria Taft, un lugar cercano que me causará un enorme sufrimiento en el futuro. Tal vez algunos de los niños de mi clase en Serranía se convertirían en aquellos que me hacían matoneo en Taft. No recuerdo a ninguno de los niños de mi clase allí, así que nunca sabré la respuesta a eso. Es perturbador pensar en eso.

Disfrute mucho de mi corto tiempo en Serranía. Mis padres a veces me hacían quedar en la escuela una hora extra; creo que esto era porque consideraban que eso me ayudaría a hacer amigos. Recuerdo este tiempo de juego después de la escuela como una experiencia positiva. Siempre había juegos que yo jugaba con otros niños. Y así, me sentí un poco frustrado cuando mis padres me dijeron que me transferirían a otra escuela después de solo un par de semanas en Serranía.

Esa frustración pronto cesaría, ya que los años que pasaría en la Escuela Primaria de Topanga serían los mejores años de mi vida. Los últimos años de ser un niño sin preocupaciones. Empecé el Primer Grado en la Escuela Primaria de Topanga un par de semanas antes de que nos mudáramos a Topanga. Topanga es una comunidad aislada y montañosa rodeando un cañón que pasa por las Montañas de Santa Mónica, localizada entre el Valle de San Francisco y la Autopista Pacific Coast. Nosotros habíamos pasado por esta comunidad unas pocas veces, cuando íbamos a la playa. Tiene una cierta belleza escabrosa.

En mi primer día en la Primaria de Topanga me sentí muy nervioso. Ya que era un mes después de que había empezado el primer grado, yo sería el "niño nuevo" en la escuela. Recuerdo el nerviosismo apoderándose de mi cuerpo mientras mi madre conducía el inclinado camino que llevaba a la escuela. Mi nueva clase estaba haciendo fila para entrar a clase mientras mi madre y yo caminábamos por el jardín principal. Mi profesora, la Señora Matsuyama, era muy amable y comprensiva. Mi madre se despidió, y yo hice fila con los otros estudiantes. El primer niño que vi allí era un niño gordito llamado Bryce Jacobs, quien me estaba mirando con extrañeza.

Cuando entramos al salón de clases, la Señora Matsuyama asignó a uno de los estudiantes para que me mostrara el lugar, y me ayudara a ajustarme. Este estudiante resultó no ser otro que Philip Bloeser. Philip siempre fue alguien muy maduro para su edad, y él fue bueno conmigo en mi primer día. Él se convirtió en mi primer amigo en la primaria Topanga.

El día terminó siendo muy divertido. El tiempo de clase no fue muy aburrido, e hicimos manualidades divertidas. Para el receso y el almuerzo, habían dos patios de juegos: el de arriba y el de abajo. Los niños de primer y segundo grado debían jugar en el patio de abajo, y los de tercer, cuarto y quinto grado jugaban en el de arriba.

El patio de juegos de abajo era más pequeño, pero tenía buenas comodidades, especialmente la colina al lado del patio, donde yo disfrutaba correr de arriba hacia abajo, "pateando polvo", un juego que creé instantáneamente debido a la tierra polvosa de esta colina. Cuando mi madre me iba a recoger, ¡recuerdo divertirme tanto que no quería irme! Hay una primera vez para todo. En el pasado, yo siempre tenía deseos de ir a casa después de pasar horas en clase.

El camino desde y hacia la escuela era largo, o por lo menos lo era para mi yo de seis años. Mi parte favorita del camino era el descenso desde Topanga hacia el Valle. La vista del enorme valle era impresionante, y se mostraba a nosotros antes de conducir por la última colina. Cada día, durante las próximas dos semanas, yo haría ese viaje a través de los sinuosos caminos del Cañón de Topanga, antes de mudarnos a la casa nueva. A veces mi madre me recogería, y a veces mi niñera lo haría. No recuerdo el nombre de esta niñera, ya que ella estuvo con nosotros solo por un corto tiempo.

Me encantó la casa nueva apenas la vi. Era una hermosa casa redonda localizada arriba del camino de Valley View Drive, en la mejor zona de Topanga. Tenía dos pisos, piscina, y una hermosa plataforma que proveía una vista a las exuberantes montañas. Instantáneamente la llamé la "Casa Redonda".

Me sentía triste de dejar nuestra casa en Woodland Hills, nuestra primera casa en los Estados Unidos. Extrañaría los buenos tiempos que pasé allí, jugando con Maddy y mis otros amigos, nadando en la piscina, y la cercana proximidad al Parque Serranía donde pasé mucho tiempo disfrutando de la alegría de una niñez sin preocupaciones. Sin embargo, nuestra nueva Casa Redonda en Topanga resultó ser un reemplazo valioso.

Mi habitación en la Casa Redonda era un poco más pequeña que mi otra habitación, pero recuerdo que era muy acogedora. Después de habernos mudado, Ah-Mah vino desde Inglaterra para visitarnos, e hizo mis galletas de maní favoritas. Tuvimos momentos muy felices durante los inicios de mi vida allí.

La nueva carrera de director de mi padre también estaba empezando muy bien, ya que él viajaría para dirigir muchos comerciales directos para compañías prestigiosas, dejando a mi madre y a la niñera para que me cuidaran. La única desventaja de esto era la ausencia de mi padre en mi vida. Pero a pesar de esto, yo siempre lo veía como un hombre poderoso y exitoso.

Ajustarme a mi nuevo ambiente en Topanga fue muy fácil para mí, especialmente porque la escuela era muy divertida. Ahora, yo era un niño de Topanga. Durante el receso en la escuela, empecé a notar a este chico con cabello ligeramente rubio que también disfrutaba de patear el polvo. Antes de conocerlo, mentalmente le puse el apodo de "El Niño Rey Arturo", debido a la apariencia real que le daba su cabello.

Era cuestión de tiempo para que nuestras gracias en el polvo chocaran con las del otro. Hicimos equipo, y empezamos a jugar el juego juntos. Ese fue el inicio de una larga e interesante amistad. El nombre de este chico era James Ellis, y él se convertiría en mi mejor amigo durante los siguientes 14 años de mi vida.

A veces, los dos nos reuniríamos con Philip Bloeser y otros chicos, y jugaríamos juegos divertidos como balonmano, juegos de guerra, y "las traes". Pronto, yo empezaría a tener citas de juego frecuentes con James Ellis. Su casa se encontraba cerca de la mía, bajando la colina. El padre de James se llamaba Arte; y su madre, Kim, se convirtió en una de las mejores amigas de mi madre.

La navidad llegó rápidamente, y como regalo me dieron mi primera consola de videojuegos: ¡Un Nintendo 64! Antes de eso, yo tenía muy poco conocimiento sobre videojuegos - a duras penas sabía lo que eran. Mi padre es quien me introdujo a los videojuegos. Con el Nintendo 64, mi padre compró los juegos Star Wars: Shadows of the Empire [Guerra de las Galaxias: Sombras del Imperio], y Turok: Dinosaur Hunter [Turok: Cazador de Dinosaurios]. Yo quedé fascinado con esta nueva forma de entretenimiento, y mi padre y yo pasaríamos tiempo juntos durante nuestras sesiones de videojuegos.

Por supuesto, mientras jugaba estos videojuegos, mi inocente y feliz yo de entonces no sabía nada del significativo papel que los videojuegos jugarían en una gran porción de mi vida… y el santuario que juegos así me darían para protegerme de las crueldades de este mundo. Por ahora, eran solo un entretenimiento como cualquier otro hobby.

La vida era buena en la casa redonda, pero pronto tuve que ver a mi madre y padre peleando mucho. En ese entonces, yo era muy joven para entender sobre qué peleaban, pero sabía que no se estaban llevando bien. Eso no me preocupaba mucho, ya que todos los otros aspectos de mi vida eran maravillosos.

Tuve citas de juego con James Ellis cada semana. A veces él me sorprendería con una visita después de la escuela, ya que vivíamos cerca. También fui algunas veces a la casa de Philip Bloeser, y conocí a su hermano menor, Jeffrey. Los Bloeser también se volvieron buenos amigos de mi madre. Ellos vivían en una linda casa camino-arriba, con una plataforma que proveía una vista extraordinaria de las montañas de Topanga.

En algún momento aprendí sobre la posibilidad de que los padres pueden separarse… divorciarse… no seguir viviendo juntos. Ese prospecto desconcertó mi pequeña mente. Una vez me senté con mi madre en la plataforma exterior, y le pregunté si ella y mi padre algún día se divorciarían. Ella me dijo que nunca pasaría, y que yo no tenía nada de qué preocuparme. Eso me alivió… pero lo que no sabía, es que precisamente eso ocurriría en solo unos meses.

Mi año de primaria terminó espléndidamente. Hice algunos amigos a largo plazo, y la pasé muy bien en la primaria Topanga. Siempre me consideré a mí mismo un estudiante bueno y de buen comportamiento, así que me sentí decepcionado por las pocas veces que me metí en problemas. Mi clase tenía un sistema en el que si hacíamos algo malo, nos cambiaban el color de nuestra tarjeta de verde a amarilla, y luego a roja si seguíamos causando problemas. Yo pensé que nunca cambiarían mi tarjeta, pero tuve que cambiarla a amarillo algunas veces por problemas menores. Cuando terminó el primer grado, me propuse a nunca verme forzado a cambiar mi tarjeta en el segundo grado.

Después de mi último día de escuela, ansiaba a que llegaran las largas vacaciones de verano, mi parte favorita del año. Me sentí un poco abatido cuando mis padres me hicieron atender al campamento de verano. Mi padre tenía que viajar mucho para trabajar, y mi madre necesitaba tener tiempo para cuidar a la bebé Georgia. El campamento de verano no fue tan malo – me divertí un poco. Este consistía en chicos del primer al cuarto grado. Jugamos muchos juegos, y vimos películas.


7 años

Mi último recuerdo de mis padres estando juntos fue en mi séptimo cumpleaños, y siempre tendré ese recuerdo en mi corazón. Nosotros no organizamos ninguna fiesta para mi séptimo cumpleaños, sino una pequeña reunión para almorzar. Maddy y los Humpreys fueron nuestros únicos invitados. Lo celebramos en Gladstones, mi restaurante favorito en ese tiempo. Se encontraba en Pacific Palisades, justo al lado de la playa. Me comí mi comida favorita, langosta.

Fue un día muy feliz para todos nosotros. Yo cumplía siete años. Para mi pequeña mente, ese era un número grande. Había pasado ya siete años en este fascinante mundo, y mi vida había empezado bien. Tenía padres amorosos, tenía amigos con quienes jugar, me divertía en la escuela, y tenía todos los juguetes que un niño pequeño pudiera desear.

Un extraño vería a este niño de siete años, y pensaría que tiene una excelente vida por delante, y que no hay nada de qué preocuparse. Ciertamente, no había de que preocuparme… pero yo era solo un niño. Todavía tenía unos pocos años más para disfrutar la vida con dicha sin preocupaciones, antes de descubrir lo retorcido y cruel que en realidad es este "fascinante mundo".

Mis padres parecían estar felices ese día. Recuerdo que ellos se reían y la estaban pasando bien. Esa sería la última vez que recuerdo verlos felices juntos. Tal vez ya no lo estaban, tal vez solo estaban aparentando para que yo pudiese disfrutar de mi cumpleaños. Yo ni siquiera podía considerar la posibilidad de que mis padres se fuesen a separar.

Muy poco tiempo después de mi séptimo cumpleaños, llegaron las noticias. Creo que fue mi madre quien me contó que ella y mi padre se divorciarían; mi madre, quien hace unos pocos meses me había dicho que algo así nunca ocurriría. Yo me sentía completamente impactado, ultrajado, y por sobre todo, agobiado. Este era un evento que cambió mi vida.

Mi padre se quedaría en la casa redonda, y mi madre se mudaría a una casa más pequeña en Topanga. Se acordó que yo y mi hermana vivieran la mayoría del tiempo con mi madre, y que iríamos a la casa de mi padre los fines de semana. Mi padre tendría que pagar una cuota de manutención para ayudar a que mi madre pudiese cuidar de nosotros.

Mi vida cambiaría para siempre después de esto. La familia con la que había crecido se había dividido, y desde ese momento, yo crecería en dos casas diferentes. Recuerdo llorar por eso. Todos los felices momentos que había pasado con mi madre y padre como familia… habían terminado, y solo permanecerían en mi memoria. Fue un día muy triste. Al igual que cuando nos mudamos a los Estados Unidos, eso sería como empezar toda una nueva vida con una nueva rutina.

A pesar de la tristeza inicial que sentí de que mi familia se dividiera, mi nueva situación de vida no era tan mala. Prácticamente, aún era la misma vida, aunque ahora vivía con mi madre en una casa, y con mi padre en otra.

La casa nueva de mi madre era pequeña y de color rojo, localizada en un camino inclinado desde el Bulevar del Cañón de Topanga. Yo le llamaría la "Casa Roja". Era la casa más pequeña en la que yo había vivido, hasta ese momento. Solo tenía dos habitaciones, por lo que tenía que compartir habitación con mi hermana Georgia. Teníamos un camarote, y yo dormía en la parte superior.

Al principio, me sentí muy incómodo en esa habitación, ya que yo estaba acostumbrado a tener mi propia habitación, y a vivir en casas más grandes. Sin embargo, la actitud amable y amorosa de mi madre compensó esto, ya que ella convirtió la casa en un ambiente divertido en el que disfruté vivir.

Después de pasar la primera semana en la casa de mi madre, mi padre vendría a recogerme a mí y a mi hermana para estar con él el fin de semana. Georgia se había vuelto muy apegada a mi madre durante esta semana, y lloró cuando nos alejamos de la casa roja. Yo también me sentí un poco consternado de tener que ir de una casa a la otra los fines de semana, pero pronto me acostumbraría.

La Casa Redonda era muy diferente sin mi madre. Cuando entramos, sentí una ola de tristeza al recordar mi vida cuando mi madre y padre estaban juntos. La casa estaba llena de recuerdos; recuerdos alegres y felices perdidos en el pasado. Sin mi madre allí, había un ambiente de desolación y pérdida en el lugar. Mi padre hizo lo mejor que pudo para alegrarnos. Yo podía ver que él también se sentía muy triste por los eventos recientes.

Mi padre pronto rentó una de las habitaciones de la casa redonda a su buen amigo Dan Perelli, uno de sus primeros amigos en los Estados Unidos. Dan solía vivir cerca a nuestra casa en Woodland Hills hasta que se vio afectado por problemas financieros, por lo cual asumo que es la razón de porqué empezó a vivir en una habitación arrendada por mi padre. Yo siempre lo llamaría "Tío Dan". Desde ese momento, el Tío Dan se quedaría con nosotros como huésped durante unos años.

Llegó el momento de empezar el Segundo Grado. Mi nueva profesora se llamaba la Señora Weisberg. Ella era muy amable. Los estudiantes en mi clase fueron más que todo los mismos de los de mi clase de Primer Grado, con solo uno o dos estudiantes nuevos que habían sido transferidos de otras escuelas. Hice algunos amigos nuevos, como Shane y Tommy.

Me sentí muy decepcionado de enterarme que James Ellis no regresaría a la Primaria Topanga para el segundo grado. De hecho, su familia se mudaría de Topanga a Pacific Palisades, donde vivirían en una casa arrendada por sus amigos, los Lemelson.

La estadía de mi padre en la casa redonda fue muy corta. Él sufrió de algunas complicaciones financieras temporales encima del divorcio, por lo que decidió mudarse a una casa más pequeña en el Viejo Cañón de Topanga. Fue una mudanza muy abrupta, y yo nunca más volvería a ver la casa redonda otra vez. Un día, después de que él me recogió a mí y a mi hermana de la casa de mi madre, nos llevó a la casa nueva, y hasta ahí llegó el asunto.

La casa nueva era una casa pequeña de dos pisos en una zona más rústica de las montañas de Topanga. El segundo piso tenía solo una habitación y un baño, y esta se le había arrendado al Tío Dan. Alrededor de toda la casa había colinas muy pequeñas y caminos para hacer senderismo, los cuales llevaban a las montañas. Más allá de estas colinas había una masiva e imponente roca llamada la "Gran Roca". Cuando vi la Gran Roca por primera vez, ¡me dije a mi mismo que algún día la escalaría hasta la cima!

Empezó a gustarme este nuevo ambiente, y cada vez que visitaba a mi padre los fines de semana, yo siempre estaría afuera de la casa, explorando, y aventurándome por ahí. Siempre había lugares nuevos que descubrir en esa región tan alejada. Sin embargo, no me aventuraba mucho hacia la zona sin habitar, debido al peligro de coyotes y leones de montaña.

Después de solo un par de meses desde mi séptimo cumpleaños, una nueva y muy importante persona llegaría a mi vida. Después de que mi madre nos recogió de la escuela un día y nos llevó a su casa, vi a una mujer de cabello oscuro y piel blanca parada en la cocina. Ella se presentó como Soumaya.

Ella se convertiría en mi madrastra. Mi padre me dijo que ella viviría con nosotros desde ese momento. Al principio pensé que ella era simplemente una amiga que se estaba quedando temporalmente con mi padre, similar a como lo hacía el Tío Dan. Ni siquiera se me había ocurrido que mi padre tuviese una novia tan poco tiempo después del divorcio. Yo no lo entendía. Sin embargo, pronto me di cuenta de que Soumaya era, de hecho, su "novia", y que ellos estaban juntos al igual que mi padre y madre estaban juntos.

Esa fue la primera vez que aprendí el concepto de "novia", y me fue difícil comprenderlo del todo. Antes de eso, yo creía que un hombre y una mujer tenían que casarse antes de vivir juntos de una forma así, y que tomaría un largo tiempo para que una unión así llegara a ocurrir. Que mi padre encontrara a una nueva novia en un lapso tan corto, es algo que me dejó desconcertado. Quedé completamente impactado.

Debido a que mi padre consiguiera una novia nueva, mi pequeña mente tuvo la impresión de que él era un hombre a quien las mujeres encontraban atractivo, ya que pudo encontrar una novia nueva en un lapso tan corto de haberse divorciado de mi madre.

Subconscientemente, sostuve una alta estima hacia él debido a esto. Es muy interesante cómo funciona este fenómeno… que los hombres que pueden conseguir mujeres fácilmente obtienen más respeto de otros hombres, incluyendo niños. Que irónico que mi padre, uno de aquellos hombres que fácilmente podía conseguir novia, tuviese un hijo que toda su vida tendría dificultades para encontrar una.

Pronto me acostumbré a que Soumaya fuese parte de la casa de mi padre. Ella proviene de la familia Akaaboune, una familia muy prominente del país de Marruecos. Durante el periodo inicial de que ella fuese un nuevo miembro de la familia, nos la llevamos bien, y ella era una persona muy divertida. Pero pronto, ella empezaría a disciplinarme de una forma muy estricta a la cual yo no estaba acostumbrado. Sentí que como ella no era mi madre real, ella no tenía derecho a disciplinarme de esa forma, así que me revelé. Ahí es donde empezaron a ocurrir los conflictos con ella, y habría muchos conflictos más en los años posteriores.

Además de la adición de Soumaya, tuve dos niñeras nuevas. La primera era una mujer francesa llamada Celine, quien estuvo con nosotros por un periodo muy corto, así que no recuerdo mucho de ella. Mi segunda niñera fue una mujer alemana llamada Christine. Christine se quedaría con nosotros por un año, y yo le cogí mucho cariño. Ella siempre me cuidaría durante mis estadías en casa de mi padre, y siempre que yo salía a aventurarme por las colinas, ella siempre me acompañaba.

El Halloween de este año marcó la primera vez que salí a pedir dulces. Mi madre me llevó a la casa de mi amigo Shane, donde caminamos por el vecindario recolectando dulces. Como yo aún estaba obsesionado con los dinosaurios, me disfracé como uno para Halloween. Salir a pedir dulces era algo nuevo para mí, ya que eso no era muy popular en Inglaterra. Cuando terminamos de pedir dulces, yo quedé asombrado con todos los dulces que había logrado reunir.

Inclusive aunque James Ellis ya no asistía a la Primaria Topanga, él todavía era mi mejor amigo, y me vi mucho con él. Mi madre nos llevaría a su casa en Palisades casi todas las semanas, donde yo jugaría con James, y Georgia jugaría con la hermana de James, Sage. Él me hizo interesar en un nuevo fenómeno que enganchó a muchos niños de esa época: Pokemon.

Cuando conseguí mi primer Gameboy, empecé a jugar Pokemon Rojo, y quedé enganchado instantáneamente. Luego empecé a coleccionar cartas de Pokemon, y James y yo siempre las comparábamos e intercambiábamos. El anime de Pokemon se convirtió en mi show favorito de televisión. Era un hobby muy divertido y cautivante, y todos los niños en mi escuela tenían una carpeta de cartas de Pokemon. Esto proveía algo que tener, algo que mostrar, algo de lo cual hablar. Las mejores cartas eran las cartas "brillantes", y todos las deseaban.

Mi madre todavía era amiga de George Lucas, así que recibimos invitaciones al estreno de alfombra roja de la Guerra de las Galaxias: Episodio 1. Yo siempre fui, y siempre seré, un enorme fan de Guerra de las Galaxias. Yo ya había visto muchas veces la trilogía original, y me consideraba muy afortunado de asistir al estreno de la nueva película de la saga.

Fue una experiencia totalmente increíble. Asistimos solo yo y mi madre – Georgia era muy joven para ir, así que se quedó en casa con una niñera. El Episodio 1 es infame por ser la peor película de las tres precuelas, pero de niño, yo disfruté mucho de la película. Después del estreno, conocí a algunos de los actores, y le di la mano a Jake Lloyd, el actor que hizo el papel de Anakin Skywalker en la película.

Mi año en Segundo Grado pasó volando. No recuerdo mucho de él, pero sí la pasé muy bien. Durante el receso y almuerzo, jugué mucho con Shane y Tommy. Nosotros jugaríamos Pokemon en nuestros Gameboys, y a veces tendríamos citas de juego en las que jugábamos juegos de Nintendo 64 como Banjo Kazooie, Super Mario 64, y Donkey Kong 64.

Fallé en alcanzar mi meta de nunca tener que cambiar mi tarjeta, lo cual de verdad me hizo sentir decepcionado. Pasé la mayoría del año sin cambiar mi tarjeta, pero justo cuando el año estaba a punto de terminarse, me atraparon hablando en clase con un amigo llamado Danny Dayani, quien se sentaba a mi lado, y tuve que cambiar mi tarjeta a amarillo. Le eché la culpa a Danny, ya que él siempre hablaba en clase, pero igual tuve que cambiar mi tarjeta.

Después de un rápido y fantástico año, el verano llegó rápido, y con él, mi octavo cumpleaños. Mi octavo cumpleaños fue tranquilo, pero agradable. Recuerdo que mi madre invitó a algunos de mis amigos de mi clase de segundo grado, y comimos pastel. Durante mi fin de semana en la casa de mi padre, todos fuimos al restaurante Typhoon en Santa Mónica para celebrar. Era un restaurante muy elegante cerca de un aeropuerto pequeño, donde ofrecían muchos platos exóticos que probé.


8 Años

Como ya tenía 8 años, mi padre decidió que yo ya estaba lo suficientemente crecido para escalar la Gran Roca. Siempre que yo estaba en casa de mi padre, miraría a la Gran Roca, imponente en la distancia, y me sentía con muchos deseos de escalarla. Yo ya había conquistado todas las otras rocas en el área… solo quedaba la Gran Roca.

Y así, salí con mi padre y algunos de los amigos de él, para finalmente escalar hasta la cima de la gran roca. Lo más alto que había escalado en esa roca era como hasta la mitad, junto con Christine. Había una subida muy inclinada, la cual solo pude ascender con un poco de ayuda. La segunda mitad de la escalada fue muy desafiante, ¡pero también muy emocionante! Me sentí más y más nervioso a medida que escalábamos. Por supuesto, la mejor parte fue llegar a la cima, y la sensación de logro que experimenté. ¡Finalmente lo había logrado!

Mirando hacia abajo, pude ver la inmensidad del Viejo Cañón de Topanga, y la casa de mi padre se veía chiquita desde ahí arriba. Me daba miedo aventurarme muy cerca al borde de la roca, y tuve una sensación de pavor por el prospecto de caerme de una altura como esa. Bajar de la roca fue todavía más desafiante, pero me sentí muy orgulloso de mí mismo por haber escalado esa roca, lo cual al final no me había dado tanto miedo como inicialmente creí que me daría.

Me sentí muy emocionado de empezar el Tercer Grado. Como alumnos de Tercer Grado, ahora podíamos jugar en el patio superior de la Primaria Topanga. Ahí, yo me consideraba como uno de los "niños grandes". El patio de arriba era grande, con más juegos, más canchas de balonmano, y cuatro canchas de básquetbol. Mi salón de clase estaba localizado en un adosado adyacente al patio superior, y mi profesora se llamaba la Señora Butin. Ella era una profesora joven; creo que tenía veintitantos años. Yo estaba acostumbrado a tener profesoras muy viejas, así que me sorprendió lo joven que se veía mi nueva profesora.

Yo seguí jugando con los mismos amigos durante el receso y el almuerzo, donde pasaríamos nuestro tiempo comparando e intercambiando cartas de Pokemon. Durante mis años de escuela primaria, yo nunca interactué mucho con niñas, pero eso era normal. Era un periodo de mi vida donde los niños jugaban con niños, y las niñas jugaban con niñas, totalmente separados de los otros. Las niñas eran lo último que me pasaba por la cabeza.

Maddy todavía era mi única amiga que era niña, y yo solo la veía cuando nuestras familias se reunían, lo cual se volvió cada vez menos y menos común después de que los padres de Maddy se divorciaron, y Paul Humpreys se mudó de regreso a Inglaterra.

Era como si las niñas en la escuela primaria fuesen parte de una realidad separada. A pesar de no tener mucha interacción con ellas, ellas me trataban con cordialidad, como trataban a todos los otros niños de mi edad. Eso era justo, y me sentía contento con eso.

Yo todavía no había entrado a la pubertad, y así, no tenía ningún deseo de validación femenina. Mi yo de ocho años no tenía ninguna idea del dolor y miseria que las niñas me causarían una vez la pubertad inevitablemente llegara, y mis deseos sexuales hacia las mujeres se desarrollaran… deseos sexuales que serían rechazados sin piedad.

Algunos de los niños de mi clase crecerían para ser aceptados por las mujeres, mientras que yo sería rechazado por ellas. Pero en esa época, nosotros solo éramos niños inocentes creciendo juntos. Toda esa inocencia estaba destinada a ser destruida, y reemplazada con amarga brutalidad. Yo vivía en una ignorante e inocente dicha, y me sentía feliz así.

Este periodo de mi vida, además de mi niñez temprana en Inglaterra, fue uno de los mejores periodos de mi existencia. La vida era justa, y la vida era satisfactoria. Como niños, probar nuestro valor y ganar la validación de nuestros semejantes era algo que se lograba de forma justa, por lo buenos que fuésemos en los juegos que jugábamos, o lo grande que fuese nuestra colección de cartas de Pokemon. Nadie tenía ventajas injustas. Esto era perfecto, y así es como la vida debería ser.

Y vaya que me divertí entonces. La familia de James se había mudado a otra casa diferente en Palisades, y mi madre siempre nos llevaría allá. Ella se volvió muy buena amiga de los padres de James, Kim y Arte. James y yo tendríamos batallas Pokemon en nuestros Gameboys, intercambiaríamos cartas de Pokemon, y caminaríamos al centro de recreación que quedaba cerca para jugar en la piscina. Y después de cenar, todos iríamos al restaurante Mott's en el centro de Palisades.

Yo me sentía muy orgulloso de mi colección de cartas de Pokemon. Había obtenido algunas cartas "brillantes" en los últimos meses, y disfrutaba mostrárselas a los otros niños. Las cartas brillantes salían aleatoriamente en los sobres de cartas que nuestros padres compraban para nosotros. La carta que yo más deseaba era la carta de Charizard, y una mañana, cuando mi madre abrió un paquete para mí, y yo miré qué cartas me habían salido… ahí estaba la carta de Charizard.

Sentí como si ese fuera el mejor día de mi vida, y sentí que me llenaba de emoción. Salté de arriba a abajo por toda la Casa Roja, y no podía esperar a mostrarle la carta a James, quien ya había conseguido una carta de Charizard.

A través de mi amistad con James Ellis, e ir mucho a su casa, conocimos a la familia Lemelson, quienes eran amigos de Kim y Arte. La familia Lemelson era una familia muy adinerada que había estado ayudando financieramente a la familia de James por un tiempo. Rob Lemelson es el hijo de Jerome Lemelson, el inventor del código de barras, y su valor neto es de cientos de millones. El hijo de Rob, Noah, es de nuestra edad, y muy buen amigo de James, y con el tiempo, también me volví amigo de él, aunque nunca amigos cercanos. A veces nosotros iríamos hasta la casa de los Lemelson, que también estaba en Palisades, y allí jugábamos los tres de nosotros.

Para Halloween, fuimos a la casa de los Lemelson para pedir dulces, y desde ese momento, se volvería tradición salir a pedir dulces con ellos. Me disfracé como un dinosaurio otra vez, porque no se me ocurrió nada más. Yo quería vestirme como Ash Ketchum del anime de Pokemon, pero ninguna tienda tenía el disfraz.

Palisades era una zona llena de familias adineradas, así que nos daban dulces en cantidades mucho más grandes. Recuerdo competir con James y Noah en cuanto a quien conseguiría más dulces al final. Después, cenaríamos en la casa de Rob, y luego pondríamos en el piso todos los dulces que obtuvimos para examinar qué nos dieron. Esa era mi parte favorita.

A principios del Tercer Grado, mi madre con frecuencia nos llevaría al festival cerca al bulevar del Cañón de Topanga, donde se hacían pequeños conciertos, y donde las personas asaban comida excelente. Un amigo de ella tenía algo que ver con estos eventos, y yo jugué con el hijo de este amigo. El chico se llamaba Riley Anapol, y él era dos años más joven que yo – un niño de primer grado.

También jugué con otros niños jóvenes allí, amigos de Riley, y la pasé bien. Riley se volvió un amigo común por un tiempo. La significancia de esto es que Riley Anapol en el futuro se convertiría en alguien hacia quien yo sentiría muchísimo odio. Riley crecería para conseguir muchas mujeres, y yo crecería para ser rechazado por las mujeres. Pero en ese tiempo él era un amigo, un compañero, y jugábamos como iguales. Es gracioso cómo funciona el mundo.

Cuando llegaron las vacaciones, mi padre anunció que de vacaciones familiares iríamos al país natal de Soumaya, Marruecos, y que conoceríamos a su familia allá. Luego, haríamos una parada en Inglaterra. Yo no me sentía muy emocionado de ir a Marruecos, ya que no sabía mucho del lugar excepto que estaba ubicado en África del Norte, y tampoco me emocionaba el hecho de que nos estaríamos quedando seis semanas allí, lo que significaba que todas mis vacaciones de invierno las pasaríamos en un país extranjero sobre el cual yo no sabía nada.

Pero por supuesto, yo no tenía ninguna opción, y Marruecos fue añadido a la lista de los muchos países en los que había estado con tan poca edad. Ansiaba visitar Inglaterra y visitar mi familia allá.

Marruecos fue extraño y desconocido para mí, todavía más que Malasia, la cual era más occidental. Me pareció que el país era muy regresivo, aunque tenía mucha cultura, y las personas eran amables. Recuerdo que no me gustaron muchas de las comidas, pero disfruté de los postres y pasteles. Los padres de Soumaya estaban divorciados, aunque ellos vivían a muy corta distancia del otro en Kasbah, una comunidad histórica localizada en el centro de Tangier.

La madre de Soumaya, Khadija, tiene una casa pequeña pero elegante, y su padre, Abdesalem, tiene una casa muy grande, parecida a un castillo, que es famosa por ser la localización donde se filmó una escena de la película James Bond: Su nombre es un peligro. En el centro de esta casa había un jardín abierto donde yo siempre jugaba con un niño llamado Ayman, y sus dos hermanos más jóvenes. Ellos fueron adoptados por los padres de Soumaya hace unos años, y vivían con él.

Después de una larga estadía en Marruecos – en mi opinión, demasiado larga – hicimos una parada en Inglaterra para visitar a nuestros familiares. Nos quedamos en la casa de la abuela Jinx, y pude jugar con mi primo George por unos días. En uno de los días en los que estuvimos en Inglaterra, la hermana de mi madre, la Tía Min, y mi abuela Ah Mah, vinieron a visitarnos y me trajeron muchos chocolates ingleses, que a mí me encantaban.

A final de cuentas, fue un buen viaje, y me gustó poder experimentarlo, aunque la duración del viaje se traslapó con mi horario de escuela, por lo que perdí dos semanas de escuela. Después de la temporada de vacaciones, mi niñera Christina tuvo que regresar a Alemania, y eso me entristeció mucho. Christine siempre fue mi niñera favorita, y me sentí triste el día que ella se fue. El resto del Tercer Grado pasó rápido. Seguí haciendo actividades relacionadas con Pokemon, incrementando mi colección de cartas, y progresando en el juego de Gameboy.

Tuve un conflicto con mi amigo Shane durante este periodo. Debido a algunas peleas que habíamos tenido antes, empecé a jugar un juego con él en el cual él se convertiría en mi enemigo y rival en la escuela. Para mí, yo solo estaba jugando con él, pero él se lo tomaba en serio, y el conflicto escaló mucho más de lo que pensé. Una vez terminamos teniendo una pequeña pelea física, en la cual yo lo golpeé en un brazo – me mandaron a la oficina del director por eso. Ese fue el peor problema en el que me había metido en la Primaria Topanga. Este pequeño conflicto con Shane duró por el resto del Tercer Grado, pero luego me reconciliaría y jugaría otra vez con él como amigos en el Cuarto Grado.

Antes de que llegara el verano, la espontánea carrera de mi padre como director de comerciales floreció de nuevo, y él se volvió muy exitoso. En esa época, él probablemente era más exitoso de lo que nunca había sido. Con ese éxito, él decidió mudarse a una casa más grande y mejor. Después de buscar un poco, nos mudamos a un área en una zona exclusiva de West Hills, cerca de Woodland Hills. Me encantó esa casa a primera vista. Tenía cinco habitaciones, lo cual era espacio más que suficiente para nuestra familia, junto con el Tío Dan, quien todavía estaba viviendo con nosotros. La casa también tenía piscina con jacuzzi, un área de pasto grande para jugar, cancha de básquetbol, y una hermosa vista del valle. Otra vez, yo era un niño del valle.

A pesar de la mudanza de mi padre a una casa mucho más grande, y todos los beneficios de eso, yo todavía prefería estar en casa de mi madre, solo por su actitud divertida y amable, y la energía que había en su casa. Mi madre me daba gusto más de lo que mi padre y Soumaya nunca lo hicieron. Ella sabía lo que me gustaba y lo que no, y ella hacía lo posible para hacer que mi vida fuese placentera y agradable.

Me molestó mucho la reciente decisión entre mi madre y padre de extender mi estadía con mi padre dos días a la semana. Desde entonces, mi hermana y yo solo estaríamos en casa de mi madre de lunes a jueves, y el jueves en la noche iríamos a la casa de mi padre hasta el lunes siguiente.

Mi noveno cumpleaños lo pasamos en casa de mi padre, y mi padre y Soumaya me hicieron una fiesta. Ellos invitaron a algunos de mis amigos de la Primaria Topanga, aunque el único amigo que recuerdo que estuvo allí era Philip y su hermano menor Jeffrey. James fue invitado, pero no pudo ir. Ellos también invitaron a algunas amigas de Georgia, lo cual de verdad me molestó, ya que era mi cumpleaños, y no el de Georgia. Fue una fiesta muy memorable, la cual tuvo lugar en nuestro jardín. Mi padre contrató a un mago para hacer trucos para todos.

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