La historia de Elliot Rodger - Capítulo 3

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9 años

Mi noveno año fue muy interesante, ya que pasé por muchos cambios emocionales e intelectuales. Ese fue el año en el que maduré hasta el punto en que empecé a observar el mundo de forma más consciente. Antes de cumplir los nueve años, yo vivía la vida como un niño sin preocupaciones, en un mundo que yo consideraba bueno y puro.

Desde ese punto, gradualmente empezaría a descubrir más sobre el mundo y la sociedad. Me enfrentaría a problemas y frustraciones sobre las que antes ni siquiera pensaba. Sin embargo, mi vida todavía era positiva y brillante, y yo la viviría al máximo.

La primera frustración del año, la cual seguiría sintiendo por el resto de mi vida, era el hecho de que yo era muy bajito para mi edad. Cuanto empezó el cuarto grado, me hice completamente consciente de que yo era el niño más bajito de mi clase. Inclusive las niñas eran más altas que yo.

En el pasado, yo rara vez pensaba en eso, pero en esta etapa de mi vida me molesto muchísimo que todos fueran más altos que yo, y que a los niños más altos automáticamente los respetaban más. Eso causó en mí mis primeros sentimientos de inferioridad, y esos sentimientos se volverían más volátiles con el tiempo.

Yo desesperadamente quería ser más alto, y leí que jugar básquetbol incrementa la estatura. Esto despertó en mí un corto interés por el básquetbol, y yo lo jugaría todo el tiempo durante el receso y almuerzo en el patio superior. La mayoría de canchas de básquetbol no se usaban, así que yo jugaría solo, o con cualquier persona que quisiera jugar conmigo. Cuando me quedaba con mi padre, pasaría horas jugando básquetbol en su cancha de básquetbol, haciendo lanzamientos hasta el anochecer, y también recuerdo acostarme en el suelo de la cancha de básquetbol, intentando estirar mi cuerpo tanto como pudiese entre sesiones de juego.

Cuando jugaba básquetbol en la escuela, algunos niños jugarían conmigo, y cuando lo hacían, vi que ellos eran mucho mejores en ese deporte que yo. Yo envidiaba su habilidad de lanzar la bola al doble de distancia de lo que yo podía. Esto me hizo dar cuenta de que además de ser bajito, era físicamente más débil comparado con otros niños de mi edad. Inclusive niños más jóvenes que yo eran más fuerte. Esto me irritó infinitamente.

Mi salón de clases de cuarto grado estaba localizado en el área central de la escuela, y mi profesora se llamaba la señora Gill, quien tenía un asistente llamado el señor Devine. El cuarto grado fue un año extraño debido a los problemas emocionales por los cuales yo pasaría, y no me divertí tanto en la escuela como los años anteriores. En clase, yo me senté al lado de Keaton Webber, y tuve algunos conflictos con él. No éramos enemigos como tal, pero él no me gustaba para nada, y siempre lo consideré como un completo cretino.

Por naturaleza, soy una persona muy celosa, y a los nueve años, mi naturaleza celosa salió a la superficie. Durante mis citas de juego con James, a veces él invitaría a otros amigos, y yo me sentiría celoso y mal de que les prestara más atención a ellos. Sintiéndome excluido, yo buscaría una esquina silenciosa, y empezaría a llorar. Mi madre y Kim eran muy comprensivas, y hacían lo que podían para consolarme.

En la rara ocasión de que mi madre invitara a Maddy y Mo para cenar, o si íbamos a la casa de ellas para visitarlas, Maddy frecuentemente jugaría con mi hermanita Georgia en vez de mí, y eso también me hacía sentir celoso. Recuerdo todos los momentos en los que lloré cuando pasaba eso.

Celos y envidia… esos son dos sentimientos que dominarían mi vida entera, y me causarían un inmenso dolor. Los sentimientos de celos que sentí a los nueve años eran frustrantes, pero no eran nada comparados a como me sentiría una vez llegara a la pubertad, y me viera forzado a ver cómo las mujeres elegían a otros hombres en vez de mí. Cualquier problema que yo tuve a los nueve años era el nirvana comparado con lo que estaba condenado a enfrentar.

Unos meses después de que empezó el cuarto grado, mis padres decidieron cambiar nuevamente cuando nos quedaríamos con quién. Esta vez, cambiaríamos entre la casa de mi madre y la de mi padre cada semana. Una semana la pasaríamos en casa de mi madre, la siguiente en la de mi padre, y así sucesivamente. Esta era una división justa. Al principio, yo no estaba muy seguro de eso, ya que siempre me molestaban los cambios en mi vida, pero pronto vi que así era mejor. Esto me permitía pasar los fines de semana en casa de mi madre durante su semana, y eso me emocionaba mucho. Antes, yo solo pasaba los fines de semana en casa de mi padre.

Durante la semana en la que estaba con mi padre, yo más que todo era cuidado por dos niñeras: Rosa y Amparo. Ambas venían de Suramérica y no hablaban mucho inglés, pero sí eran muy amables.

Empecé a tener intensos conflictos con Souomaya. Yo odiaba las reglas que ella me imponía, las cuales yo consideraba que ella no tenía derecho de imponerme, ya que ella no era mi madre real. Odiaba que ella me forzara a beber leche todas las mañanas, y a beber su sopa horrible para cenar. Yo protestaba tanto por tener que tomarme esa sopa, que ella empezó a usarla como castigo – siempre que yo hacía algo mal, me forzaba a tomarme la sopa.

Una vez tuve una cita de juego con Philip en la casa de mi padre, y cuando le grité a mi hermana porque nos estaba molestando, Soumaya me castigó mandándome a mi cuarto por una hora, avergonzándome en frente de Philip. Después de este incidente, nunca más volví a tener ni una cita de juego en la casa de mi padre.

Este conflicto con Soumaya empezó a desarrollar un patrón en el cual a mí me encantaría estar en la casa de mi madre, y temería las semanas en las que tuviese que quedarme en casa de mi padre. Encima de los conflictos con Soumaya, mi padre rara vez estaba allí, ya que siempre tenía que viajar para trabajar. Después de pasar una semana agradable en casa de mi madre, yo lloraría cuando llegaba el domingo y tenía que quedarme con mi padre hasta el lunes. Luego pasaría toda la semana en la casa de mi padre ansiando regresar a la de mi madre.

Recuerdo que esos lunes cuando mi madre me dejaba en la escuela para el primer día de la semana con mi padre… yo me sentía tan triste que lloraba cuando veía cómo se alejaba el auto de mi madre. Por supuesto, tenía que ocultar las lágrimas para evitar sentirme avergonzado en la escuela, pero me sentiría miserable durante todo el día.

Siempre tuve una experiencia agradable durante las semanas con mi madre. Ella siempre planeaba citas de juego para mí, porque ella sabía lo tímido que yo era como para iniciarlas yo mismo. Ella siempre lo hacía todo divertido. Los fines de semanas, después de cenar, tendríamos un "momento de dulces", donde ella sacaría dulces para que mi hermana y yo comiéramos.

Tuve muchas citas de juego con Philip, y por medio de Philip también jugué con su hermano Jeffrey, quien era dos años más joven que nosotros. Mientras Philip era calmado y maduro, Jeffrey era el opuesto total. Jeffrey Bloeser era salvaje y ruidoso, lo cual usualmente trajo mucha diversión a mis citas de juego con Philip.

Mi madre una vez tuvo una fiesta en su casa, e invitó a todos los amigos de la familia. James Ellis vino, y también Philip y Jeffrey. Esa fue la primera vez que los vi a todos juntos, lo cual resultó en una interesante experiencia. Sin embargo, sentí un poco de celos cuando Philip y Jeffrey parecían respetar y prestar más atención a James que a mí. Cuando jugábamos con mi Nintendo 64, y yo estaba jugando contra James, ellos apoyaban a James, lo cual de verdad me molestaba.

Cuando el cuarto grado estaba cerca de terminar, mi pequeño yo de nueve años tuvo otra revelación sobre cómo funciona el mundo. Me di cuenta de que existían jerarquías – que algunas personas eran mejor que otras. Por supuesto, yo subconscientemente era consciente de esto en el pasado, pero fue en ese momento de mi vida – a los nueve años – que empecé a darle mucha atención e importancia a eso.

Empecé a ver esto en la escuela. Allí, siempre existían los "chicos cool", quienes parecían ser más admirables que todos los demás. La forma en que se veían, vestían, y actuaban los hacía… más "cool", más geniales. Estos "chicos cool", como yo los llamaba, incluían a Keaton Webber, Matt Bordier, Michael Ray, Trevor Bourget, Zalman Katz, John Jo Glen, y unos más. Ellos eran cool, populares, y siempre parecían estarla pasando bien.

El pacífico e inocente ambiente de la niñez donde todos estaban al mismo nivel… se había terminado. La época de jugar justamente se había acabado. La vida era una competencia y una lucha, y lentamente empecé a darme cuenta de eso.

Cuando me di cuenta de esta estructura social común en mi escuela, también empecé a examinarme a mí mismo, y a compararme con los "chicos cool". Me di cuenta, con algo de horror, de que yo no era para nada "cool". Tenía un peinado estúpido, usaba ropa simple y no-cool, y era tímido e impopular. En el pasado, yo siempre era descrito como el chico tímido, pero nunca pensé que mi timidez me afectaría de forma negativa, hasta ese momento.

Esta revelación sobre el mundo, y sobre mí mismo, redujo mucho mi autoestima. Además de esto, estaba sintiendo que yo era diferente debido a ser de raza mixta. Soy mitad blanco, mitad asiático, y esto me hacía diferente de los niños normales que eran completamente blancos, con quienes estaba intentando encajar.

Yo envidiaba a los chicos cool, y quería ser uno de ellos. Me sentí un poco frustrado de que mis padres no me hubiesen moldeado en el pasado para ser un niño así. Ellos nunca hicieron ningún esfuerzo para vestirme con ropa estilizada, o hacer que me dieran buenos cortes de cabello. Tuve que hacer todo el esfuerzo para rectificar esto. Tenía que adaptarme.

Mi primer acto fue pedirles a mis padres que me permitieran teñirme el cabello de color rubio. Yo siempre envidié y admiré a las personas con cabello rubio – ellos siempre me parecieron mucho más hermosos. Mis padres estuvieron de acuerdo con dejarme hacer esto, y mi padre me llevó a la peluquería en Mulholland Drive en Woodland Hills. Elegir esa peluquería fue una mala decisión, ya que solo me tiñeron de rubio la parte superior de mi cabeza.

Cuando indignado pregunté por qué no me dejaron teñir todo mi cabello de rubio, ellos dijeron que yo era muy joven para un teñido completo. Me puse furioso. Pensé que me veía como un bobo con cabello rubio encima de mi cabeza, pero con cabello negro a mis lados y parte trasera de mi cabeza. Temía regresar a la escuela al día siguiente con ese nuevo cabello tan raro.

Cuando llegué a la escuela al día siguiente, me sentí intensamente nervioso. Antes de que empezara la clase, me paré en una esquina, frenéticamente intentando pensar cómo revelarles esto a todos. Trevor fue el primero en notarlo. Él se me acercó, me tocó la cabeza, y dijo que mi cabello se veía muy "cool". Bueno, eso era exactamente lo que yo quería. Mi nuevo cabello resultó ser todo un espectáculo, y por unos días, obtuve un poquito de la atención y admiración que tanto deseaba.

Mi interés en Pokemon se fue desvaneciendo. En el tercer grado, Pokemon era considerado "cool", y todos lo jugaban. A finales del cuarto grado, me enteré de que todos estaban empezando a alejarse de Pokemon, y que los únicos que todavía lo jugaban eran los chicos geeks. Escuché a algunos niños bromear sobre lo bobos que eran los que jugaban Pokemon, y decidí que era hora de dejarlo.

Hablé con James sobre esto. Él todavía estaba interesado en Pokemon, así que le di mi carta de Charizard como regalo, como un acto de mi resignación al juego. Pokemon me dio experiencias muy felices y memorables, pero era hora de seguir adelante.

Luego empecé a notar que todos los chicos cool estaban interesados en montar patineta. Yo nunca había montado antes una patineta, pero yo quería ser cool, así que me tenía que convertir en alguien que montaba patineta – un "skateboarder". Les expresé esto a mis padres, y mi padre se alegró de que yo mostrara interés en un deporte activo.

Él me llevó a la tienda Val Surf en el Bulevar Ventura para comprar una patineta nueva, y quedé fascinado con todas las opciones diferentes. Elegí una patineta roja marca Val Surf, ellos la bajaron de la pared, y la armaron para mí.

Me sentí muy emocionado de tener esta nueva patineta, y la posibilidad que me daba de convertirme en un chico cool. Era hora de empezar a practicar. Al principio, me parecía muy difícil el si quiera usarla, y pasé muchas horas tratando de agarrarle el ritmo. Y así, me convertí en un skateboarder, aunque no lo suficientemente bueno como para revelarme como uno con los chicos de la escuela. Ese era el inicio de una obsesión para copiar todo lo que se suponía que estaban haciendo los "chicos cool".

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