La historia de Elliot Rodger - Capítulo 8

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18 Años

Yo tenía 18 años, me acababa de graduar de la preparatoria, y el verano estaba llegando a su fin. Tenía que pensar sobre continuar mi educación. Tenía el ánimo de ser tan productivo con mi tiempo como pudiese. La universidad representaba una esperanza para mí. Yo empezaría a estudiar en una institución educativa nueva, donde habría montones de personas y oportunidades. Tal vez podría llegar a hacer amigos, tener interacciones con mujeres, ¡y tal vez conseguir una novia! El pensar en eso me llenó de entusiasmo.

Y así, me matriculé en la Universidad Pierce, la primera de varias universidades a las que entraría en muchos intentos desesperados de encontrar la vida que deseaba. La Universidad Pierce es un centro de educación superior grande en Woodland Hills, el cual no estaba lejos de las casas de mi madre y padre. Cuando revisé la lista de clases, vi que la mayoría ya estaban llenas. La única clase a la que me pude inscribir fue una clase de computadores, y me conformé con esa. Yo siempre podría pasar tiempo en la universidad inclusive aunque no estuviese en clase, concluí yo. Tener solo una clase me ayudará a integrarme a la universidad a un ritmo más suave. Yo no había sido parte del sistema escolar normal durante tres años. Temía que me pondría nervioso. Pero luego, después de pensar en todo por lo que había pasado los últimos meses, sabía que tenía la fuerza y el coraje de enfrentarlo.

Mi madre tomó la decisión de mudarse a un apartamento nuevo cerca de Calabasas. Ella me llevó a mí y a mi hermana hasta allá para mostrarnos el lugar de antemano. La habitación que sería mía sería más pequeña, y no tendría su propio baño, pero el apartamento estaba localizado en un área mucho mejor. Estaba a una caminata de distancia de la casa de mi padre, el centro comercial Mulholland, y la zona común de Calabasas. Terminé persuadiendo a mi madre de mudarse allí, ya que sería mucho más conveniente.

El primer día en ese nuevo lugar, tomé una caminata larga alrededor de las áreas cercanas. Por supuesto, yo estaba familiarizado con esas áreas, ya que yo había caminado allí muchas veces durante mis semanas en casa de mi padre. Pero esa era la primera vez que tuve una caminata larga desde que me descompuse, y eso me hizo sentir más seguro de mí mismo.

Me encontré con Philip Bloeser después de no haberlo visto por dos años. La última vez que lo vi fue durante el verano que cumplí 16 años. Mi madre me dejó en su casa, y no me sorprendió ver que él todavía era exactamente la misma persona: Maduro, reservado, un poco torpe, y propenso a tener impulsos impredecibles de energía. Jeffrey también estaba allí, y todavía era tan loco y bullicioso como siempre, aunque había cambiado mucho en apariencia – ya no era el niño pequeño al que yo estaba tan acostumbrado a ver.

Philip ya tenía su licencia de conducir, así que los dos salimos en su auto para encontrarnos con Addison Altendorf, quien acababa de mudarse a los Estados Unidos, y quien estaba viviendo con su madre en un apartamento en Malibu. Philip y Addison siempre habían sido amigos cercanos, y los dos iban a todas partes juntos. Yo no había visto a Addison desde la Primaria Topanga. A primera vista, yo no sabía que pensar de él. Era como ver a una persona totalmente diferente. Él había cambiado tremendamente. Con su bigote y peinado, y usando un elegante blazer, se veía más viejo de lo que era, cultivando una personalidad refinada y sofisticada.

A medida que pasé tiempo con Addison ese día, empecé a disfrutar de hablar con él sobre política y el mundo. Él era alguien muy inteligente, y más informado que otras personas de nuestra edad.

Compré mi primer boleto de lotería cuando salí de compras con mi madre un día. Nos detuvimos en la tienda Ralph's, donde noté una máquina de lotería. Yo no sabía nada sobre la lotería, así que le pregunté a mi madre sobre eso. Ella me comentó cómo funciona, y me enseñó cómo comprar un boleto. Cada boleto provee una muy pequeña oportunidad de ganar millones de dólares, y el premio gordo podía subir hasta los cientos de millones. Yo no lo podía creer. ¡Ni siquiera sabía que existía algo así!

Después de comprar mi boleto me sentí emocionado con el prospecto de tener la oportunidad de convertirme en un multi-millonario. Ese boleto, por supuesto, no ganó. Y tampoco ganaría ninguno de los boletos que yo compraría después de eso… pero igual me darían esperanza.

Nunca pensé ni me importaba el dinero antes de cumplir los 18 años, porque yo todavía estaba viviendo como un niño, con mis padres manejando el dinero y dándome las cosas que yo necesitaba. Sin embargo, a medida que me hacía más viejo, más me di cuenta de lo importante que era el dinero, y así, más me obsesioné con volverme rico. Esta obsesión, la cual apenas estaba empezando en ese tiempo, inició una larga relación con la lotería, la cual terminaría en decepción y desesperación.

Una noche en la casa de mi padre, después de cenar, vimos la película Sospechas Mortales [Alpha Dog, en inglés]. Esta película muestra a muchos adolescentes y personas jóvenes teniendo fiestas y sexo con mujeres hermosas, viviendo la vida que yo tanto había deseado vivir por tanto tiempo. El personaje principal es un chico de quince años que tiene sexo con dos chicas candentes en una piscina. Yo sentía tanta envidia que me dio mucho gusto su muerte al final. Recuerdo pensar en que yo preferiría vivir la vida de él en vez de la mía, inclusive aunque él murió. Él tenía sexo, y yo no. La película me afectó muchísimo emocionalmente, y posteriormente, seguí pensando sobre la película.

Empecé mi nuevo semestre en la Universidad Pierce. Yo todavía no había obtenido mi licencia de conducción, por lo cual me vi forzado a tomar el transporte público para ir a la universidad. Esa fue una experiencia extremadamente desagradable, pero estaba dispuesto a aguantar eso solo para poder ir a la universidad, y mejorar mi vida.

En mi primer día, no pude evitar sentirme nervioso. El lugar me recordaba a Taft, aunque la gente parecía ser más amable, y el ambiente parecía ser menos intimidante. Cuando me senté en mi clase, sentí que las cosas saldrían bien.

Soumaya regresó de Marruecos, y estaba muy furiosa conmigo por la forma en que yo había actuado cuando estuve allá. Ella rápidamente me echó de la casa de mi padre, y debido a que yo tenía dieciocho años, ella tenía el derecho de hacerlo. Mi padre no hizo nada para detenerla, siendo el débil hombre que es. Así es como había sido siempre. Mi padre siempre le había dado a Soumaya libre albedrio de imponer las reglas de ella en la casa. Él le dio a ella todo el poder.

Este acto oficialmente terminó el arreglo de una semana en un lado, una semana en el otro, y la casa de mi madre se convirtió en mi vivienda permanente.

Soumaya no solo me echó de la casa de mi padre, sino que me prohibió ir allá inclusive para una visita corta. Y aun así, mi padre no hizo nada al respecto. Mi padre seguía diciendo que la casa era la casa tanto de ella como de él, y que ella tenía el derecho de echarme.

¡No! ¡Yo soy el hijo mayor! ¡La casa debería ser MI casa antes que la de ella! Esto resultó en que yo perdiera completamente cualquier respeto que me quedara hacia mi padre. Fue una enorme traición el poner a su segunda esposa primero que a su hijo mayor. ¿Qué tipo de padre haría eso? Descifré que esa perra debía de ser muy buena en la cama con él. Que hombre tan débil.

Todos los días intenté esforzarme para encontrar formas de mejorar mi vida. Sentí que quedarme en mi habitación era una pérdida de tiempo. Yo sabía lo que quería, pero no tenía ni idea de cómo conseguirlo. Frecuentemente salí a caminar por el vecindario de mi madre, con la desesperada esperanza de que alguien quisiera hacerse mi amigo, o que una chica me hablara. Nada por el estilo ocurrió.

A veces yo caminaría todo el camino hasta el Mirador, ya que el apartamento de mi madre estaba al otro lado de él. Y a veces caminé hasta la zona común de Calabasas, donde me quedaría leyendo libros en Barnes & Noble, siempre con la esperanza de que personas jóvenes se me acercaran para ser mis amigos, pero nadie lo hizo.

Yo seguí teniendo esperanza. Esperanza, esperanza y esperanza. La esperanza es lo que me mantenía vivo.

Yo seguí viendo a Philip y Addison – mi única otra interacción social además de James. Hablé con Addison sobre mis viejas ideas políticas, debatiendo con él sobre cómo sería un mundo ideal. Me di cuenta de que él tenía sus propias ideas fascistas, y fue bueno tener una discusión con alguien sobre cosas que harían que las personas normales salieran corriendo.

Frecuentemente le enviaba mensajes a Addison en Facebook, esperando empezar conversaciones cuando me sentía solo. Él me comentó que apenas estaba empezando el Grado Doce en la Preparatoria Malibu, y que su meta era encajar con los chicos populares. ¿Encajar con los chicos populares en la Preparatoria Malibu? No esperaba que Addison tuviese éxito en esa misión.

Addison me invitó a su fiesta de cumpleaños. Fue una pequeña reunión en la playa en Point Dume, Malibu. Se me dificultó mucho socializar con las personas allí, así que terminé bebiendo demasiado alcohol. Antes de que Philip me llevara a casa en su auto, vomité fuera del apartamento de Addison, en frente de su madre y todos los demás. Eso fue enormemente vergonzoso, y me esforcé mucho por bloquearlo de mi mente después de que ocurrió.

James vino al apartamento nuevo de mi madre para quedarse a dormir. Caminamos al área común de Calabasas juntos. Fue agradable mostrarle todos mis lugares favoritos allí, como la ventana en Barnes & Noble que da a toda el área, y los estanques de tortugas cerca del restaurante King's. Era un lugar genial para hablar y contemplar. Tuvimos conversaciones profundas sobre nuestras fantasías y esperanzas por el futuro.

Cuando yo era niño, el Halloween era une experiencia divertida y emocionante, pero desde la última vez que había salido a pedir dulces, el Halloween se había convertido en una noche en la cual yo me la pasaría en mi habitación mientras que otros adolescentes salían a fiestas y a divertirse.

Este Halloween me sentí desesperado por hacer algo social. Yo simplemente no podía sentarme en mi habitación en una noche así. Después de mirar los perfiles de gente aleatoria en Facebook me enteré de que habría una fiesta enorme en West Hills. Decidí tomar el gran paso de atender a esa fiesta, inclusive aunque yo no conocía a nadie allá. Yo no tenía nada que perder, y me daría mayor oportunidad de conocer a chicas que quedarme toda la noche en mi habitación.

Debido a que yo no podía conducir, tuve que caminar hasta allá, lo cual me tomó 45 minutos. Cuando llegué allá, la ansiedad me abrumó, pero no podía retroceder a ese punto. Pagué la entrada de $5, y entré a la casa. Me sentí decepcionado al ver que la fiesta era más pequeña de lo que esperaba. Todos los chicos estaban fumando mariguana, y todos parecían conocerse entre ellos. Sería cuestión de tiempo para que detectaran que yo era un marginado. Estuve parado allí por unos minutos antes de rendirme y regresar a casa.

Camino a casa, justo cuando estaba a punto de llegar a casa de mi madre, un grupo de cuatro matones jóvenes condujeron cerca de mí en una camioneta, y procedieron a lanzarme huevos, riéndose mientras lo hacían. Ellos parecían estar ebrios, y no pudieron darme. Yo agarré una de las cáscaras de huevo, y se las lancé de regreso a su camioneta. Yo ya no era un pequeño niño débil que recibiría ataques sin atacar de vuelta. Yo ahora era más fuerte.

Ellos se bajaron de la camioneta e intentaron atacarme, y me hubiesen matado a golpes si yo no hubiese sacado mi confiable cuchillo de bolsillo, el cual yo usualmente cargaba cuando caminaba totalmente solo.

Afortunadamente los matones retrocedieron, y se fueron. Tal vez fue mi cuchillo, o mi mirada de odio extremo en mis ojos. Rápidamente corrí a casa, aterrorizado. Esa fue una noche desafortunada, y sin ningún éxito.

Durante unos días después de Halloween, me puse a pensar sobre ese incidente con los horribles matones que casi me atacan. Ellos debieron de haberme percibido como un debilucho que podían atormentar para su diversión. Yo no quería que el mundo me viera como alguien débil.

Esto llevó a mi nueva meta de empezar a ejercitarme y levantar pesas. Empecé a ejercitarme en el gimnasio del apartamento de mi madre cada otro día. Esperaba que hacer eso incrementará mi seguridad en mí mismo, y me haría parecer un poco fuerte. Tal vez si desarrollaba músculos, las mujeres se sentirían atraídas hacia mí, me proclamé a mí mismo con esperanza. Yo nunca había levantado pesas ni me había ejercitado en mi vida, así que mi cuerpo siempre había sido muy frágil y delicado. Esa fue una experiencia nueva, y me hizo sentir más productivo.

El resentimiento de Soumaya hacia mí se redujo después de un par de meses, y ella me permitió visitar la casa de mi padre ocasionalmente para cenar allí. Yo estaba muy enojado con mi padre, pero oculté mi ira – yo todavía necesitaba de él.

Mi padre empezó a enseñarme cómo conducir una vez recibí mi permiso de conducir (más no mi licencia), la cual fue muy difícil de obtener. Tuve que tomar un examen escrito con muchas preguntas, y fallé en mi primer intento. En mi segundo intento, logré pasar.

Mi primera experiencia conduciendo fue muy escalofriante. Yo había jugado algunos videojuegos de carreras en mi vida, pero conducir un auto de verdad era mucho más intimidante. Al principio, yo a duras penas podía conducir en el tranquilo vecindario de mi padre. Estaba abrumado por el miedo de que nunca lograra poder conducir. Pronto me acostumbré más a conducir durante las siguientes sesiones. Y pronto, ya podía conducir una distancia corta hasta el Cañón de Topanga con facilidad. Sin embargo, yo todavía no me sentía preparado para tomar mi examen oficial de conducir.

A pesar de mis intentos para mejorar mi vida, yo todavía me sentía frustrado y enojado. No estaba logrando nada con mis esfuerzos. Todavía no había hecho ningún amigo en la Universidad Pierce, y no interactué con ninguna mujer.

Mis días en la Universidad Pierce se volvieron cada vez más y más mundanos y deprimentes. Yo iba a mis clases los martes y jueves, tomando el bus hasta el teatro, y caminando el resto del camino. En clase, se me dificultaba socializar con cualquier persona. Hacer amigos parecía imposible.

Mi madre estaba saliendo casualmente con un hombre muy adinerado llamado Jack, aunque yo no me enteraría de que ellos estaban saliendo sino hasta mucho después. Cuando ella lo mencionó por primera vez, pensé que él solo era un amigo. Jack le dio a mi madre las llaves de su casa de playa en Malibu, y nos quedamos allá por unas noches, aunque Jack no estaba allá. La casa era una mansión hermosa de color blanco localizada en una playa privada. El jardín tenía una piscina y un jacuzzi, con una reja que llevaba directo a la playa.

Mi madre tuvo una pequeña reunión en la mansión, e invitó a James y a su familia, junto con otros amigos. James no fue, pero su padre Arte sí. Para mi sorpresa, Maddy Humpreys y su madre vinieron. Ver a Maddy por primera vez en seis años fue una experiencia muy peculiar. La última vez que nos vimos éramos niños – ahora, ella se había convertido en una chica adolescente totalmente crecida, y al ver sus fotos de Facebook, me di cuenta de que ella era popular.

Maddy era la típica chica que tenía muchas amigas bonitas. Ella era una de ellos – una de los chicos populares. Mi primera amiga en los Estados Unidos, alguien con quien yo había jugado inocentemente de niño, se había convertido en alguien que representaba el tipo de personas que me habían causado tanto dolor en mi vida. Me sentí muy nervioso de hablarle, ya que yo no tenía experiencia hablándoles a chicas jóvenes, pero tenía que hacer el esfuerzo. Ella pareció sentirse incómoda por mi falta de habilidades sociales. Fue muy vergonzoso.

Mientras estábamos en la casa de playa, invité a Philip y Addison para pasar el rato, ya que ellos siempre estaban juntos en Malibu. Ellos vinieron a recogerme, y mientras yo estaba en el auto con ellos, Addison se puso a hablar y hablar sobre lo exitoso que había logrado ser en cuanto a integrarse con los chicos populares en la Preparatoria Malibu. Se puso a hablar sobre todas las fiestas a las que había ido, y todas las chicas bonitas que había conocido. Yo no podía creer lo que estaba escuchando. Addison de verdad lo había hecho. Él había tenido éxito en volverse popular en su escuela. En una cantidad tan corta de tiempo, él había logrado lo que yo había intentado lograr toda mi vida. Sentí una envidia extrema. Y eso no fue lo peor.

A medida que pasé más tiempo con ellos esa noche, noté que el nuevo estatus de Addison entre la gente popular de Malibu había cambiado su actitud. Lo habían convertido en alguien muy presumido y arrogante. Él me trató a MÍ como un perdedor todo el tiempo. Más tarde esa noche, él me dejó a mí y a Philip para ir a una fiesta con unas chicas que él conocía de Malibu. Yo estaba hirviendo de la ira.

Luego fuimos al puerto de Santa Mónica con Lenny, el amigo de Philip, y vimos a parejas jóvenes por todas partes. En el pasado, de niño, me encantaba ir al puerto de Santa Mónica, pero ahora, ese era un lugar de vileza. Después de aguantarme el insultante comportamiento de Addison, eso ya fue demasiado. Me sentí tan molesto que probé mi primer cigarrillo. Terminé fumando algunas veces después de eso, aunque lo deje unas semanas después debido a que no sentía ningún efecto.

Cuando Philip me dejó de regreso en la casa de playa, caminé por la playa en la mitad de la noche, y desahogué mi angustia gritando hacia el turbio océano.

Después de mi última experiencia con Philip y Addison, mi actitud cambió. Mi reciente optimismo por la vida se había apagado, y nuevamente empecé a sentir una ira y odio intensos hacia el mundo. La forma en que Addison me trató me hizo dar cuenta de lo que el mundo pensaba de mí. Si yo fuese uno de esos chicos populares, Addison me hubiese tratado con deferencia y respeto… pero yo no lo era. Era un completo perdedor en sus ojos, y en los ojos de todos los demás.

Ningún esfuerzo que hice durante los últimos meses había cambiado la forma en que el mundo me veía. El mundo todavía me veía como un perdedor débil e indeseado, inclusive aunque yo había cambiado mi guardarropa, y había empezado a ejercitarme. ¿Cuál era el punto de seguir? Me pregunté a mí mismo. Yo no podía evitar sentir ira y odio. La vida era demasiado injusta conmigo.

Yo seguí teniendo caminatas alrededor de la casa de mi madre, con la desesperada esperanza de tal vez cruzarme con chicas lindas que sintieran atracción hacia mí. Con eso me hubiese sentido satisfecho.

A veces yo pasaría dos o tres horas caminando por el vecindario. Eso era todo lo que podía hacer. Nunca conocí a ninguna mujer. Cada caminata me dejaba amargamente decepcionado, y con el tiempo, dejé de tener esas caminatas.

Mi tiempo en la Universidad Pierce se tornó más miserable cada día que yo iba allá. Odiaba tener que tomar el bus. Era vergonzoso y estresante, y me chupaba todo el orgullo del cuerpo. ¿Y para qué? ¿Para ir a una clase donde yo no hablaba con nadie? Ya no tenía sentido. Ya no podía seguir aguantando el sentimiento de soledad que sentía allí. Nadie quería ser mi amigo. Simplemente no valía la pena. Decidí abandonar la clase.

Mi madre se enojó mucho de que yo abandonara mi clase en Pierce, inclusive aunque le expliqué rigurosamente las razones. Ahí es cuando ella empezó a presionarme para conseguir un trabajo. Conseguir un trabajo es algo sobre lo que yo nunca antes había pensado en mi vida, y pronto me di cuenta que mientras más viejo me hacía, más se esperaba de mí si yo no iba a la universidad. Para darle gusto a mi madre, empecé a buscar trabajos por Internet todos los días, pero no pude encontrar uno que fuera apto para mí.

Sentí odio e insatisfacción con el mundo y la sociedad, pero ya no quería ocultarme más del mundo. Yo necesitaba ser tan productivo con mi tiempo como pudiera, y tenía mucho tiempo libre en esos momentos. La mejor forma de usar ese tiempo, concluí, era usarlo para educarme a mí mismo. El conocimiento es poder.

Empecé una rutina diaria de caminar al Barnes & Noble en Calabasas todos los días, donde podía pasar horas leyendo libros que oscilaban entre biografías de líderes poderosos, recopilaciones de sucesos en periodos significativos de la historia, libros de auto-ayuda, textos de filosofía y psicología, y novelas de ficción histórica. A veces inclusive pasaría días enteros allí, desde que abrían hasta que cerraban.

Durante las tardes, para mi extrema ira, a veces veía a parejas jóvenes entrando a la tienda. A veces ellos se sentarían en las sillas de lectura, besándose y acariciándose el uno con el otro. Siempre que yo veía eso, me abrumaba tanto la envidia y el sufrimiento que me metía al baño a llorar. Sin embargo, las parejas ocasionales no me detuvieron de ir allá, ya que era lo más beneficioso que yo podía hacer en esos momentos.

Yo todavía me encontraba ocasionalmente con Philip y Addison, inclusive a pesar de que yo ahora odiaba a Addison. Ellos me proveían una sensación de vida social, y una forma de desahogarme de mis problemas. Addison me trataba como un ser inferior siempre que pasábamos tiempo juntos, y seguía presumiendo sobre las chicas que conocía en fiestas en Malibu. Indignado, lo acusé de mentir, y que eso era lo que él quería que yo creyera.

A él simplemente le pareció graciosa mi envidia. Luego me enteré de que Addison me había borrado de su lista de amigos de Facebook, sin previo aviso. Eso sería lo último que yo soportaría de él, y subsecuentemente le envié un mensaje de Facebook lleno de odio como respuesta. Luego vi a Addison como un amargo enemigo mío. Él de verdad era un pequeño, asqueroso y traicionero bastardo.

Addison una vez estaba en la misma posición que yo, pero justo cuando él logró tener éxito en integrarse con los chicos populares, me traicionó y me trató de la misma forma que me trataban los chicos populares – como escoria inferior. El mundo de verdad es un lugar brutal, donde un hombre debe luchar una amarga lucha contra otros hombres para llegar a la cima. Los humanos no son más que bestias sanguinarias en una jungla.

Me metí más en aprender tanto como podía de libros en Barnes & Noble. Expandí los ideales políticos y filosóficos que había desarrollado cuando tenía diecisiete años, y pronto me volví más radical con esos ideales comparado a como era antes. Esos ideales eran alimentados por mi deseo de castigar a todos los que fueran sexualmente activos, debido a que concluí que no era justo que otras personas pudiesen tener sexo mientras que a mí se me había denegado eso toda mi vida.

Empecé a tener el deseo de crear un mundo donde a nadie se le permitía tener sexo o relaciones románticas. Nuevamente vi que ese era un mundo perfecto y justo. La reproducción puede lograrse sin el sexo, por medio de inseminación artificial. El sexo es maligno, y le da demasiado placer a aquellos que no lo merecen.

Le di forma a todos esos ideales a través del aprendizaje y educándome a mí mismo durante horas cada día. Mi personalidad se volvió todavía más rígida, y empecé a usar vestimenta muy conservativa.

Fui con mi madre a la fiesta navideña anual en casa de los Lemelson. Pasé la mayoría del tiempo con James, discutiendo con él más sobre mis ideales. También jugamos muchos videojuegos con Noah y sus amigos. Noah estaba muy interesado en los juegos de Nintendo, y él tenía muchos de ellos. Jugar juegos con ellos me recordó aquella época, hace mucho tiempo en mi pasado, cuando jugaba Nintendo 64 de niño, en un mundo que yo creía que era bueno. Yo deseaba ser un niño otra vez, estar en un lugar brillante lejos de la oscura crueldad de la realidad. Siempre atesoraré esos recuerdos.

Tuve que ir a hacer compras navideñas, y decidí hacerlo en la zona común de Calabasas. Igual, yo siempre iba allá. Mientras caminaba me encontré con Maddy, quien estaba ahí con su novio. Por una extraña razón, yo nunca había sentido ninguna atracción sexual hacia Maddy, a pesar del hecho de que ella era una chica rubia, y yo estaba obsesionado con las rubias. Tal vez era porque ella solía ser mi amiga cuando éramos niños, no lo sé. Debido a que yo no me sentía atraído a ella, no sentí tanta envidia como uno pensaría que yo sentiría en una situación así. Yo todavía era muy torpe. Simplemente le dije hola, y seguí caminando.

En la víspera de año nuevo del 2010, el día que marcó el fin de la década, me enfermé terriblemente, y tuve que quedarme en cama por toda una tarde, además del día siguiente. Mi madre iba a ir a una de las casas de sus amigos, pero sintió pena por mí, y se quedó en casa. Pasé todo mi tiempo acostado en la cama, pensando sobre mi vida. No sabía qué era peor, el dolor físico que sentía por la enfermedad, o el dolor e ira emocional que sentía hacia el mundo. Yo diría que lo segundo.

Cuando la enfermedad me pasó la tarde siguiente, pensé sobre cómo esta me había hecho desperdiciar las fiestas de año nuevo en mi habitación, pero luego pensé en que de todas formas hubiese hecho lo mismo, sea que estuviese enfermo o no, debido a que no tenía amigos con quienes celebrar el año nuevo.

Miré el perfil de Addison en Facebook usando una de mis cuentas para fisgonear las cuentas de otros, y vi que él fue a una enorme fiesta de año nuevo en una mansión con sus amigos populares de Malibu. Él tomó muchas fotos de sí mismo, posando con varias chicas. Lo odié mucho cuando vi eso. El nivel de odio que sentí estaba fuera de este mundo. ¡Él estaba haciendo todo lo que yo quería hacer! ¿Por qué él, y yo no? Maldije al mundo. Lo que ha sido visto nunca puede ser des-visto, y nunca lo olvidaré, ni tampoco lo perdonaré.

Mi esperanza de que algún día tendría a una hermosa novia, y que viviría la vida que tanto deseaba, lentamente empezó a desvanecerse. Yo me encontraba en el mismo lugar oscuro y miserable en el que me encontraba el año anterior: Solo, indeseado, miserable, y con una ardiente ira hacia el mundo. Seguí pensando sobre cómo algunos chicos podían conseguir novias fácilmente justo después de pasar por la pubertad. Yo no podía entender cómo lo hacían, y los odiaba y despreciaba por eso.

Seguí pensando sobre Leo Bubenheim, y cómo él había besado a esa chica Nicole en la Cantina Sagebrush cuando él solo tenía doce años. ¡Doce! Él pudo tener una experiencia íntima con una chica cuando solo tenía doce años; y yo teniendo dieciocho, todavía era un virgen que no había besado a nadie. Mi envidia hacia Leo se convirtió en una obsesión. Le seguí pidiendo a mi hermana información sobre él, pero ella se rehusaba a decirme nada. Yo temerosamente me preguntaba si él ya había perdido su virginidad, y probablemente ya lo había hecho. Él era un chico popular, y las chicas lo deseaban. Leo estaba viviendo felizmente en su vida celestial con el conocimiento de que él es valioso para el mundo, mientras que yo tenía que regodearme en mi miseria y soledad.

La vida no es justa. Uno puede, o aceptar ese hecho, y arrodillarse derrotado; o uno puede emplear la fuerza para luchar contra ella. Mi destino era luchar contra la injusticia del mundo.

Mi madre siguió presionándome para que yo consiguiera trabajo, y ella no dejaría de molestarme al respecto. Ella se estaba sintiendo un poco frustrada de que yo no estuviese consiguiendo uno. Los dos tuvimos muchas discusiones, y vivir con mi madre se convirtió en un extremo fastidio.

Después de inscribirme en un programa en el centro regional, mi madre encontró a un mentor personal para darme consejos, y ayudarme a conseguir un trabajo. El nombre de este mentor personal era Tony, un bullicioso hombre de 40 años que venía a encontrarse conmigo cada otra semana. Yo estuve abierto a encontrarme con ese mentor. Yo tenía mucho tiempo libre, y me sentía tan solo que cualquier interacción social era bienvenida. En nuestros encuentros, Tony normalmente me llevaba a almorzar a alguna parte en el Valle, y allí me daría consejos sobre cómo socializar y cómo mejorarme a mí mismo.

Seguí buscando un trabajo, pero no pude encontrar uno. Rehusé todos los trabajos que Tony me sugirió. El problema es que yo consideraba que la mayoría de trabajos que estaban disponibles para mí estaban por debajo de mí. Mi madre quería que yo consiguiera un trabajo simple de asesor de tienda, y pensar en mí mismo haciendo eso me mortificaba. Era totalmente en contra de mi carácter. Yo era un intelectual destinado a la grandeza. Jamás realizaría un trabajo de segunda clase.

Mi padre me dijo que yo podría trabajar para su amigo Karl Champley por unas semanas, para ayudarlo a construir unas escaleras en su casa nueva. Yo conocía muy bien a Karl, ya que él ocasionalmente iba a casa de mi padre para cenar. Karl acababa de terminar de construir su casa nueva en Woodland Hills, la cual se encontraba a unos pocos minutos de la casa de mi padre, y él me ofreció contratarme para ayudar con la escalera.

Estuve de acuerdo con tomar ese trabajo. Seguro, el trabajo de construcción era de baja clase y laborioso, pero era diferente. Eso era más como ayudar a un amigo, y me daría un ambiente privado. Era la oportunidad perfecta de trabajo, y definitivamente haría que mi madre dejara de fastidiarme. Yo todavía no podía conducir, así que iba en bicicleta hasta allá desde la casa de mi madre cada mañana. El viaje en bicicleta duraba 30 minutos. Era agotador subir en bicicleta por ese inclinado y sinuoso camino todos los días, pero era un buen ejercicio, el cual yo necesitaba mucho.

Trabajé con Karl todos los días entre semana durante unas tres semanas. Resultó ser una experiencia muy agradable. Karl era muy amistoso, y disfruté trabajar con él. Cuando terminamos la escalera, la cual era una escalera en espiral que llevaba a su plataforma del techo, nos tomamos un momento para admirar el trabajo que habíamos realizado.

El último día que trabajé para Karl decidí parar en la casa de mi padre para tomar algo. Me sentía bastante seco después de montar mi bicicleta. Entre a la casa sin tocar porque yo consideraba que tenía el derecho de hacerlo. Como el hijo mayor, esa casa debería ser mi casa después de la de mi padre. Soumaya se sorprendió de verme, y se molestó bastante de que yo no tocara. Para enseñarme una lección, me ordenó que volviera a salir, y que tocara la puerta. Me rehusé, diciéndole que ella no tenía ningún derecho de darme órdenes. Luego me serví un vaso de agua. Soumaya tumbó el vaso de agua de mis manos, el cual cayó al piso y se quebró. Mi padre gritó con rabia desde su oficina en el segundo piso, preguntando qué estaba ocurriendo. Al llegar mi padre a la cocina, los tres tuvimos una acalorada discusión, y por supuesto, mi padre tomó el lado de Soumaya. Ambos me echaron de la casa, diciéndome que nunca más regresara.

Me sentí traicionado y humillado, y furiosamente regresé a casa de mi madre. En ese momento, los odié a ambos, y no los volvería a ver en muchos meses. Durante esos meses, mi padre había muerto para mí. Mi madre era todo lo que me quedaba en este sombrío mundo.

Durante la misma semana, tuve un encuentro culminante con Philip y Addison, donde mi nocivo conflicto con Addison Altendorf llegó a su punto límite. Salimos al Observatorio del Parque Griffith, como usualmente lo hacíamos cuando nos reuníamos. Esta vez, mis discusiones con Addison se pusieron muy intensas. Intenté insultarlo tanto como podía, en un insignificante intento de obtener venganza por todos los insultos y desprecio que él me había lanzado. Discutimos toda la tarde, para el disgusto del pobre Philip que tuvo que aguantar eso. Al final de la noche, Addison me dijo algo tan ofensivo que me perseguiría para siempre, y que sonaba cierto:

"Ninguna mujer en el mundo entero jamás querrá follarte."

Yo ya sentía que ninguna mujer en el mundo quería follarme. Después de todo, yo era un virgen sin su primer beso. Esa era la única razón por la que yo estaba sufriendo. Pero escucharlo de alguien más, alguien como Addison, de verdad causó que esa idea se quemara en el núcleo de mi mentalidad y mis emociones. Toda esa noche resultó ser una experiencia muy vil y retorcida. Decidí no ver a Philip y Addison por un largo tiempo.

Debido a que yo ya no estaba viendo a Philip y Addison, James era nuevamente mi único amigo. Frecuentemente hablaba con él por Skype. A veces yo iría a su casa, y los dos saldríamos para tener nuestras tradicionales caminatas alrededor del centro de Palisades. James todavía jugaba WoW, y estaba intentando hacer que yo volviera a jugar. Me sentí muy tentado. Después de todo por lo que yo había pasado durante los últimos meses, sí sentí el deseo de volver a llenar ese vacío. Enfrentar el mundo era difícil, y me abrumó mucho, especialmente debido a que yo no había visto ningún resultado. Yo todavía estaba en la misma posición en la que siempre había estado: Solo, indeseado, y miserable.

Me enteré de que mi madre en realidad estaba saliendo como pareja con Jack, el adinerado hombre que poseía la casa de playa en Malibu. Yo siempre pensé que solo eran amigos. Mi madre nunca me había dicho a mí o a mi hermana sobre ninguno de los hombres con los que ella salía. Ella siempre mantenía ese asunto estrictamente privado. Yo todavía no había conocido a Jack. Él poseía más de $500 millones de dólares, y poseía otras mansiones en Bel Air y Beverly Hills.

Cuando me enteré de eso, empecé a tener la esperanza de que mi madre se casara con ese hombre, y que yo fuese parte de una familia adinerada. Esa definitivamente sería la forma en que podría salir de mi vida miserable e insignificante. El dinero lo resolvería todo. Empecé a pedirle frecuentemente a mi madre que se casara con ese hombre, o con algún hombre adinerado. Ella se rehusó rotundamente, y demandó que yo dejara de hablar de eso. Ella me dijo que no quería volver a casarse nunca más debido a su experiencia con mi padre. Le comenté que ella debería sacrificar su bienestar por mi felicidad, pero eso solo la ofendía más.

Al principio del verano, finalmente conseguí mi licencia de conducir. Tuve que tomar el examen de conducción dos veces antes de pasarlo. La primera vez lo tomé en el DMV Winnetka, y cometí algunos errores al final, los cuales causaron que fallara el examen. Después de tomar algunas lecciones que mi madre pagó para mí, intenté tomar el examen una vez más, esta vez en el DMV Thousand Oaks. Era mucho más fácil conducir en esa área, por lo que ahí sí logré pasar el examen.

Una vez mi licencia de conducir oficial llegó por correo, mi madre me contó las buenas noticias. Ella había recibido un auto nuevo de Jack, lo que significaba que ella podía darme su auto viejo. Yo ahora poseía mi propio auto el cual conducir. Poder conducir a cualquier lugar que yo deseara me dio un nuevo sentimiento de libertad que nunca había sentido antes. Me sentí más como un adulto que como un niño. Me di cuenta de que debería empezar la universidad nuevamente ahora que tenía la habilidad de conducir hasta allá.

Me registré para una clase de verano en la Universidad Moorpark. Leí sobre la Universidad Moorpark en Internet, y me pareció una opción mucho mejor que la Universidad Pierce. Mi madre y yo conducimos hasta allá para revisar el lugar. El campus era mucho más pequeño, y era más agradable estéticamente. Era una hermosa área montañosa cerca de Thousand Oaks. También vi a muchas más chicas hermosas de las que había visto en Pierce. Vi a hermosas chicas rubias caminar por todo el lugar. Esa universidad era la indicada para mí.

Los días antes de mi primer día en Moorpark, sentí una sensación renovada de esperanza. Una nueva universidad proveía un inicio nuevo, y esta universidad se veía perfecta en todos los aspectos. Tenía la esperanza de poder lograr lo que quería allí; la esperanza de poder hacer amigos, conocer chicas, y con el tiempo, encontrar una chica bonita que fuese mi novia. Todo el tiempo me la imaginaba en mi mente; su largo cabello rubio, su hermoso rostro, su cuerpo sensual… todo.

Me imaginaba tomados de la mano mientras caminábamos por la universidad, mirando el magnífico paisaje de las montañas a la distancia, mientras el sol se ocultaba detrás de ellas. Eso sería el paraíso. Eso era lo que yo deseaba en la vida. Cada uno de mis ideales, visiones del mundo y filosofías que yo había creado alimentadas por el odio, eran el resultado de que yo no pudiese hacer eso.

Me sentí muy optimista el primer día. Cuando entró al campus, inhalé el aire fresco de las montañas, y admiré los alrededores. Me encontraba en un ambiente nuevo con muchísimas posibilidades nuevas. La clase que tomé era una clase de historia del mundo, la cual empezó en una buena nota. La clase estaba bien estructurada, y el profesor era entretenido. Después de que terminara la clase, caminé alrededor de la universidad durante una hora para explorarla, y pensar sobre cómo yo podía mejorar mi vida. Nuevamente, me atreví a tener la esperanza de que hubiese un buen futuro para mí.

Mi esperanza renovada me dio consuelo por unos días, pero no duró. Moorpark pronto se convertiría en un lugar de soledad y desesperación, al igual que cualquier otro lugar en el que había intentado tener éxito. El punto límite fue cuando vi a parejas atractivas caminando en el área en el cual yo soñaba con caminar con una novia. Ver a otro chico experimentar eso, con una chica hermosa que debería ser mía, era un infierno en vida. Constantemente me preguntaba qué había hecho mal en la vida para no poder tener una novia hermosa.

Las cosas no eran mejor dentro de las clases. Había este odioso sujeto deportista con pelo rapado que estaba tomando la clase con su hermosa novia. Ellos siempre se sentaban al lado del otro, hablando y tocándose el uno al otro con afecto. Cada día yo tenía que ver eso, y mi envidia crecía y crecía. Yo constantemente los miraba con puro odio. ¿Qué había hecho mal yo que ellos hicieron bien? Le grité al universo mientras regresaba a casa. ¿Por qué él se merece el amor de una chica hermosa, y no yo? ¿Por qué las mujeres me odian tanto? Preguntas y preguntas. Todo lo que podía hacer era cuestionar por qué estaba sufriendo tanta injusticia en la vida.

Un día, mi madre me dijo que yo debería volverme escritor, ya que yo tenía algo de talento para la escritura. Para mí, escuchar eso fue extraño. Toda mi vida yo nunca había sido talentoso en nada de lo que había intentado. Era demasiado débil para hacer deporte con otros chicos cuando yo era pequeño; nunca me volví profesional en montar patineta sin importar cuanto practiqué; y nunca era tan hábil en ninguno de los videojuegos que yo jugaba… inclusive World of Warcraft.

Steve y Mark podían jugar con sus personajes con una habilidad mucho mayor que la mía, y ellos habían empezado a jugar mucho después que yo. En el fondo, yo siempre supe que no tenía ningún talento, y siempre intentaba no pensar en eso.

Ciertamente, era extraño escuchar a mi madre decir que yo podría convertirme en un escritor famoso, pero sí me dio una idea. Empecé a preguntarme si yo de verdad podría convertirme en un escritor. Podría escribir una historia épica de fantasía que adaptaran en una película, y yo me volvería rico por eso. Ser rico definitivamente me volvería lo suficientemente atractivo para tener una novia hermosa. Eso no era imposible, y trabajar hacia eso me daría algo para lo cual vivir. Lo estuve pensando y pensando por un tiempo.

Nuevamente fuimos a la casa de playa de Jack en Malibu para pasar un par de noches. Mi madre me llamó por teléfono para comentarme el plan mientras yo estaba en la universidad. Era un día solitario y deprimente en la universidad, y me sentí contento de poder tener un respiro en esa hermosa casa de playa. Inmediatamente conduje allí desde Moorpark una vez mi clase terminó.

Mi madre trajo a algunos amigos, y también trajo mucha comida deliciosa. Después de devorar porciones de cada platillo, y beber muchas copas de vino, salí a dar una caminata tranquila por la playa, deseando tener una novia que caminara a mi lado. Antes de ir a la cama, pensé más sobre la posibilidad de volverme rico. Si yo era un millonario, y poseía una casa como aquella en la que pasaría la noche, podría tener a cualquier mujer que quisiera. Estar en esa posición compensaría toda la miseria que he tenido que aguantar en el pasado… y compensarla era mi meta más importante en la vida. Mi único deseo es sentirme satisfecho por la forma en que es la vida.

Seriamente empecé a considerar el trabajar en escribir una historia épica. Yo siempre estaba creando historias en mi mente para alimentar mis fantasías. Usualmente esas historias se trataban de alguien como yo llegando al poder, después de haber sido tratado injustamente por el mundo. Mentalmente examiné todas las historias que había desarrollado, y me enfoqué en unas pocas que consideraba que se convertirían en libros líderes en ventas. Si podía lograr que uno se convirtiera en una película, definitivamente me convertiría en millonario. Esa era la única solución a mis problemas. Me veía a mí mismo como una persona altamente inteligente y magnífica que estaba destinada para grandes cosas. Yo podía ser una persona así.

Pasé el siguiente par de semanas enfocándome en escribir para mí en vez de hacer mis trabajos para la universidad. De todas formas, no me ponían muchos trabajos para hacer en casa. Escribí resúmenes para tres historias diferentes, y creo que le mostré dos a mi madre. Ella parecía pensar que serían buenas películas, y eso incrementó mi seguridad en mí mismo. Yo quería o escribir una novela primero, o hacerla un libreto directamente.

Durante dos semanas, pasé cada tarde trabajando en esta meta. Mi tiempo en la universidad era miserable. Yo frecuentemente lloraba camino a casa porque sentía demasiada envidia de todas las parejas que caminaban por el lugar. Le metí toda mi energía a buscar alguna forma de hacer que esta meta funcionara.

Mi fe de que podría escribir una historia épica que me hiciera rico pronto… colapsó. Leí muchísimos artículos por Internet sobre las probabilidades de que un libreto fuese hecho en una película. También vi que la mayoría de escritores, inclusive de las películas con la mayor cantidad de fondos, no ganaron tanto dinero como pensaban… Definitivamente no lo suficiente como para vivir el resto de sus vidas.

También pensé, con mucha desesperación, del tiempo que me tomaría alcanzar una meta así. La mayoría de autores o libretistas de obras más vendidas no se volvieron millonarios sino hasta que estaban en sus cuarenta o cincuenta años. ¡Yo no quería esperar hasta tener cuarenta años para perder mi virginidad! El pensamiento de pasar los siguientes veinte años trabajando muy duro para tener una oportunidad de ganar un millón de dólares o dos me llenó de repugnancia. Para cuando ya me volviera millonario, ya no podría conseguir chicas jóvenes porque sería muy viejo. Decidí que la escritura no era mi camino para la salvación, y abandoné completamente la idea. Por supuesto, en el futuro me sentiría tentado por la idea unas veces más, pero eso sería debido a la desesperada y falsa esperanza que yo frecuentemente me creaba a mí mismo.

Ya no pude seguir aguantando el ver a esa maldita pareja de mi clase. Nunca entendí esa chica bonita qué veía en su bruto novio. Ese sujeto podía vivir su vida universitaria con su hermosa novia a su lado, mientras que yo estaba completamente solo. Eso me hizo sentir inferior. Yo tenía que verlos juntos, todos los días. La tortura era inaguantable. Un día, cuando llegué a casa de la universidad, abandoné la clase lleno de ira.

Yo no quería pensar sobre cómo reaccionaría mi madre a que yo hubiese abandonado la clase. Sabía que ella estaría muy decepcionada, y yo no podía darme el lujo de que ella estuviese decepcionada de mí. Yo estaba dependiendo de ella para todo. Lo que ella me daba, ella fácilmente me lo podía quitar. Me dio pánico, y decidí conseguir un trabajo para tranquilizarla.

Después de preguntarle a Tony, mi mentor de habilidades sociales, si podía conseguir un trabajo a través del centro regional, él me llamó nuevamente, y me comentó que había un trabajo disponible para mí. No me dio mucha información sobre el trabajo, pero decidí inscribirme justo en ese momento. Después de que esto estaba asegurado, me sentí lo suficientemente tranquilo como para comentarle a mi madre que había abandonado mi clase en Moorpark. Pude haberle mentido y decirle que no había abandonado la clase, pero en ese momento sentía mucho miedo de mentirle a ella.

Empecé mi primer día en este nuevo trabajo. Estaba localizado en un edificio de oficinas que estaba conectado al Aeropuerto de Los Ángeles. Para mi horror y humillación, el trabajo resultó ser un trabajo insignificante de conserje, donde tenía que limpiar las oficinas e inclusive los baños. No había ninguna forma en que yo me degradaría a un nivel así. Me sentí como pura mierda al siquiera considerar trabajar en un lugar así. Solo trabajé por unas horas mientras pensaba en cómo manejar esta horrible situación… y al día siguiente llamé para anunciar que renunciaba. Ese sería el segundo y último "trabajo" que yo tendría en la vida. Trabajé allá menos de un día.

Después de renunciar, entré en un estado de pánico peor en el que estaba cuando abandoné mi clase de Moorpark. Rápidamente me preguntaba a mí mismo: ¿Y ahora qué hago? Llamé a Karl Champley para ver si él tenía otro trabajo para mí en su casa, pero me dijo que su casa ya estaba casi terminada, y que literalmente no había trabajo que yo pudiese hacer allá. Yo estaba arruinado. Pensé que si mi madre se enteraba de que renuncié, me echaría de su casa.

Mi madre estaba de vacaciones en Hawaii con mi hermana durante este tiempo. Yo contaba con algunos días para relajarme y planear mi siguiente movimiento. Concluí que ir a la universidad y aguantar el ver a parejas caminando por el lugar era mejor que tener que recurrir a trabajar un trabajo de clase baja en algún lado, así que tuve que elegir uno de los dos para tranquilizar a mi madre. La universidad también era benéfica, ya que podía aprender y educarme por medio de ella.

Llamé a mi madre y le lloré por teléfono, explicándole por qué había renunciado al trabajo al cual había aplicado, y le pedí que me diera otra oportunidad. Le comenté que me registraría a más clases en Moorpark, y que le metería toda mi energía a estudiar duro. También le comenté que seguiría trabajando en mi escritura. Para mi alivio, ella fue muy comprensiva, y me dijo que ella me seguiría apoyando si yo hacía esto.

La presión temporal que tuve que enfrentar ese verano se había desvanecido, pero después de pensar en ello, supuse que era insignificante comparado con la presión general que había sido puesta sobre mis hombros desde que pasé por la pubertad: Mi lucha contra una sociedad que me miraba con desdén… contra el género femenino por negarme el sexo y el amor.

Las hirientes palabras de Addison Altendorf me persiguieron durante todo el verano. Veía mi futuro, y solo veía más sombría soledad. Nunca tendré sexo. Nunca tendré amor. Las mujeres me ven como alguien que no lo merece, pensé una y otra vez. Lloré cada día cuando imaginaba la mucha diversión y placer que otros adolescentes estaban teniendo, y me pudría de la desesperación.

Mi cumpleaños número 19 pasó deprimentemente, y me causó que me sintiera todavía más derrotado. Diecinueve, y todavía era virgen, miserablemente proclamé para mí mismo ese día. Mi padre ni siquiera me dio una llamada. En su lugar, me envió una carta deseándome feliz cumpleaños, y diciéndome que quería que yo me disculpara con Soumaya, cosa que por supuesto me rehusé a hacer.

El laptop que recibí cuando cumplí 17 años había sido infectado con muchos virus, así que mi madre me compró uno todavía mejor cuando cumplí 19. Elegí uno que pudiese manejar muy bien los videojuegos, ya que acababa de tomar la decisión de volver a jugar World of Warcraft. Simplemente no podía seguir manejando el tormento en mi vida, y necesitaba un descanso, sin importar lo dañino que WoW sería para mí, y el mucho tiempo que me haría desperdiciar.

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