La historia de Elliot Rodger - Capítulo 9

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19 Años

Una vez configuré mi nuevo laptop, inmediatamente instalé todos mis discos de WoW. Inicié sesión en mi cuenta, y le di una mirada a todos mis personajes que no había tocado durante un año y medio. Justo cuando inicié sesión con mi personaje principal fui contactado por James, y él me invitó a unirme a un grupo en línea con él, Steve, y Mark. Ellos me dieron una calurosa bienvenida.

Y allí estaba yo, atrapado en el abismo de la desesperanza una vez más; exactamente en la misma posición en la que estaba cuando tenía catorce, quince, dieciséis y diecisiete años. A pesar de todos los esfuerzos que hice para mejorar mi vida durante mi dieciochoavo año de vida, no tenía nada que mostrar por ello. No tenía amigos, ni chicas, ni vida.

Empecé a ir más seguido a la casa de James, ya que yo ahora podía conducir hasta allá, y los dos jugaríamos WoW juntos otra vez. De por sí, ver a James siempre era agradable. Él era mi camarada en la virginidad, ya que él tampoco obtenía nada de atención por parte de las mujeres, y estoy seguro de que sufría por eso, pero no tanto como yo. Yo me sentía bastante perplejo de por qué él no sentía ninguna rabia hacia las mujeres por negarle sexo. Él debería estar tan furioso como yo. Supongo que él no tenía una libido tan alta, o que él simplemente era una persona débil en general.

Tener furia hacia las injusticias que uno sufre es una señal de fortaleza. Es una señal de que uno tiene la voluntad de luchar contra aquellas injusticias, en vez de agachar la cabeza y aceptarlas como destino. Mis dos amigos James y Philip parecían ser del tipo de personas débiles y aceptadoras; mientras que yo soy un luchador. Nunca me quedaré de brazos cruzados si soy insultado, y en algún momento tendré mi venganza contra todos los que me insultaron, sin importar lo que tenga que hacer.

Durante el resto del verano, me relajé y jugué WoW con James, Steve y Mark; justo como en los viejos tiempos. También empecé a leer una nueva saga de libros llamada Una Canción de Hielo y Fuego, por George R.R. Martin. Esta saga de fantasía medieval era espectacular. El primer libro de la serie fue Un Juego de Tronos, y una vez leí el primer capítulo, no pude dejar de leer el resto del libro. Este libro era como nada de lo que había leído antes, con una enorme selección de personajes complejos, y algunos con los que me sentía identificado. Me enteré de que la saga sería adaptada a una serie de televisión de HBO, y eso me emocionó mucho.

Sumergirme en historias de fantasía como las de WoW y Juego de Tronos no me hizo olvidar todos mis problemas en la vida, pero sí me daban un tranquilizante sentimiento de escape, el cual necesitaba de vez en cuando. La vida sería imposible de manejar sin esos respiros temporales.

Rob Lemelson le sugirió a mi madre que me uniera a una clase de karate a la que él asistía. Rob era un experto de cinta negra, y James también estaba tomando la misma clase con él. Ellos se encontraban cada martes y viernes por la noche, y yo acordé ir los viernes. Todos los viernes comencé la rutina de conducir a la casa de James, y luego, los dos iríamos a la clase de karate en Santa Mónica en el auto de James. James obtuvo su primer auto unos pocos meses después de que yo consiguiera el mío, aunque su auto era mucho más viejo y desgastado.

Rob pensaba que empezar a practicar karate sería sano para mí, ya que se supone que este incrementa la seguridad en uno mismo, y refuerza el carácter. Yo tenía deseos de ver si practicarlo me beneficiaría. La clase era agradable. Era un buen ejercicio, y me hacía sentir revigorizado. Generalmente había otros seis o siete estudiantes, y me sentí particularmente fastidiado de un chico de doce años que parecía pensar que era mejor que yo porque él tenía cinta café, y yo era un novato con cinta blanca. Apuesto a que él pensaba que podría vencerme en una pelea por eso… ¡Ja! De ninguna manera. Era fastidioso, pero al mismo tiempo, me daba gracia.

Después de la clase de karate, Rob nos llevaría a un buen restaurante para cenar si él tenía tiempo. Si Rob estaba ocupado esa noche, James y yo iríamos a nuestro lugar acostumbrado para cenar en Palisades, y luego regresaríamos a su casa para pasar un rato juntos.

Empezó mi nuevo semestre en la Universidad Moorpark. Solo pude inscribirme a una clase, pero le prometí a mi madre que tomaría por lo menos tres clases el próximo semestre. Mis dos abuelas ofrecieron enviarme algo de dinero para ayudarme con mis gastos de vida, y sabiamente ahorré cada cheque que recibía de ellas. Una de mis prioridades era empezar a ahorrar dinero en caso de que mi vida se volviera muy drástica.

La clase que empecé a tomar era una clase de ciencias políticas. Inferí que ganaría conocimientos útiles al tomar esa clase, aunque no me gustaba el profesor, ya que este tenía la tendencia de llamarme al azar para hacerme preguntas. Yo todavía me sentía aterrorizado de hablar en frente de la clase, inclusive si era para decir una sola oración.

Mi ansiedad social siempre ha hecho difícil mi vida, y nunca nadie la entendió. Yo odiaba como todos los demás parecían no tener nada de ansiedad. Yo era como un lisiado comparado con ellos. Sus vidas parecían ser mucho más fáciles. Afortunadamente, no había parejas en esta clase, pero yo todavía tenía que verlas cuando caminaba por la universidad. Lo único que podía hacer era agachar la cabeza y pretender que esas parejas no existían. Yo todos los días seguía llorando mientras conducía a casa.

Mi abuela Jinx vino de visita a los estados Unidos en octubre, y se quedó en casa de mi padre. Esto presentó una situación difícil. Ella por supuesto quería verme, a su nieto mayor, pero yo no estaba hablando con mi padre ni Soumaya. Yo sentía mucho resentimiento hacia mi padre por la forma en que me trató durante el último incidente, y nunca lo perdonaré por eso. Mi padre básicamente me abandonó en uno de los momentos más cruciales de mi vida.

Aunque de hecho, él nunca había estado de verdad presente en mi vida como para haberme abandonado realmente. Cuando lo analizo bien, él siempre ha estado ausente en mi vida. Cuando mi mundo entero cayó en una espiral de oscuridad después de que llegué a la pubertad, él nunca hizo ningún esfuerzo para salvarme. A él simplemente no le importaba.

Yo nunca permitiría que lo que me pasó a mí le pasara a un hijo mío, si yo llegase a tener un hijo… aunque como iban las cosas, parecía que yo nunca tendría un hijo, ya que las mujeres no querían tener sexo conmigo. Yo sería un padre mucho mejor que mi propio padre.

La abuela Jinx nos presionó para que nos reconciliáramos. Ella insistía en que yo me encontrara con Soumaya y con mi padre en casa de él, donde los tres de nosotros saldríamos para almorzar en algún lado. Yo fui a casa de mi padre, y le di un enorme abrazo a mi abuela. Mi padre no me dijo ni una palabra, ni yo tampoco a él.

Fuimos a un restaurante japonés en la zona. Mi padre se sentó en silencio mientras mi abuela Jinx me preguntaba montones de preguntas sobre mi vida. Finalmente llegamos al tema que estaba colgando en el aire. Si no fuese por mi abuela, la conversación no hubiese llegado a ningún lado. Mi padre y yo nos lanzamos acusaciones el uno hacia el otro. La abuela Jinx nos persuadió a los dos para que abandonáramos nuestros resentimientos y siguiéramos adelante. Tomé la mano de mi padre, y acordamos dejar el pasado en el pasado.

Salí a caminar con la abuela Jinx después de que regresamos a casa de mi padre. La llevé a mi antiguo lugar de contemplación – la colina que tenía vista al vecindario, al cual yo siempre le llamaba el Mirador. Ese era uno de los lugares más especiales en mi vida. Tenía recuerdos de ese lugar que empiezan desde mis dichosos diez años. Recuerdo subir hasta allá para montar patineta cuesta abajo; monté mi bicicleta allí durante mis años de secundaria; caminé hasta allá cuando Max se estaba quedando en casa de mi padre como estudiante de intercambio; y me pudría de la desesperación allí cuando salía en mis caminatas solitarias a la edad de diecisiete y dieciocho años; y ahora, le estaba mostrando ese lugar a mi abuela. Cuando los dos llegamos a la cima, cada recuerdo regresó a mí, y sentí una nostalgia agridulce.

Después de la caminata no quise entrar a casa de mi padre. Soumaya estaba ahí - yo no la había visto desde ese horrible día en el que ella hizo que mi padre me echara de la casa. Una vez más, mi abuela forzó el problema, y yo estuve de acuerdo con entrar para hablar. Todos nos sentamos en la mesa de la cocina, y acordamos que pelear no nos llevaría a ningún lado. Mi padre y Soumaya estaban dispuestos a empezar de ceros, y yo estuve de acuerdo con darle otra oportunidad a nuestra relación. Antes de que mi abuela regresara a Inglaterra, ella nos hizo prometer que mantendríamos una relación positiva, y se aseguró de que ellos me invitaran frecuentemente a cenar.

Pronto fui a esas cenas en casa de mi padre. Era una experiencia incomoda el cenar con ellos dos después de toda la tensión. No pusimos ningún problema, y hablamos de cosas agradables. Fue bueno ver de nuevo a mi hermano Jazz. Me impactó lo mucho que había crecido en los últimos meses. Él ya no era un bebé, sino un chico de cinco años que pronto cumpliría seis. Yo ya podía tener conversaciones completas con él.

Jazz era un chico muy sociable, y muy ruidoso… y eso empezó a preocuparme. Él podría convertirse en una de las personas que yo odiaba y envidaba tanto. Sentí un toque de celos de que mi hermano de cinco años fuese tan buen versado en habilidades sociales a tan temprana edad. Yo siempre sufrí de timidez y ansiedad social, pero Jazz no parecía tener ese problema.

Traté de no pensar en esa preocupación. Él era mi hermano, y él de verdad me admiraba. Él era una de las pocas personas que me trataba como yo quería ser tratado, con respeto y adoración. Disfruté pasar tiempo con el chico.

A medida que me acostumbré a tener mi propio auto y conducirlo, con frecuencia salí a lo que llamé "paseos de noche" alrededor del vecindario de mi madre. Estos casi reemplazaron las largas caminatas que yo solía tener en las tardes. Quedarme en mi habitación todo el tiempo solo incrementaba mi depresión. Era sofocante. Para aliviar esa sofocación, con frecuencia yo entraría a mi auto por la noche, encendía el radio, y me ponía a conducir sin ningún destino en particular. La canción "Two Is Better Than One" [Dos es mejor que uno] siempre sonaba en la radio cuando yo salía a dar esos paseos. La canción me hacía sentir triste, aunque era tranquilizante al mismo tiempo. Esa canción siempre me recordaría de la soledad que sentía durante esas experiencias.

Pronto aprendí, de la forma difícil, que no debía pasear por la noche los viernes y sábados. Ahí era cuando salían los adolescentes. Inclusive en el vecindario tranquilo y residencial en el que vivía mi madre, yo frecuentemente veía a grupos de adolescentes merodeando por la calle. Ellos eran estudiantes de preparatoria, más jóvenes que yo; más que todo vándalos skateboarders, o presumidos jugadores de fútbol americano que tenían a chicas bonitas a su lado. El verlos me hacía enfurecer como nada en el mundo, y me hacían recordar la vida de la que me había perdido. Ellos probablemente se dirigían a una fiesta en la casa de alguien, donde se embriagarían, tendrían sexo, y harían todo tipo de cosas placenteras que yo nunca tuve la oportunidad de hacer. ¡Que todos se vayan al infierno!

Mi semestre de otoño en la Universidad Moorpark pasó tan rápido como un rayo. Era como si este ni siquiera hubiese existido en mi vida. Se suponía que la Universidad Moorpark sería un lugar de esperanza para mí, pero resultó ser un lugar de desesperación, al igual que todos los demás. Yo era invisible allá. Nadie sabía que yo existía, y a nadie le importaba quien era yo. Por lo menos esta vez, terminé una clase.

El día de mi examen final fue el 7 de diciembre, el cual también fue el día en el que se lanzó la nueva expansión de World of Warcraft, llamada Cataclismo. Completé fácilmente mi examen final, y así, completé mi primera clase de universidad, en la que recibí una calificación de B. Luego, corrí a Best Buy a comprar el nuevo juego. Con cada expansión nueva de WoW, regresaban a mí algunos de esos viejos sentimientos que sentí cuando recién empecé a jugar, y quería sentir eso nuevamente. Era reconfortante, y ese sentimiento de confort era algo que necesitaba para protegerme.

También sabía que le ganaría a James, Steve y Mark en alcanzar el nivel máximo antes que ellos. Yo supuse que eso me daría una pequeña satisfacción competitiva. Hacer que un personaje llegara al nivel más alto lo más rápido posible era la única parte del juego en la que yo de verdad era bueno, pero supongo que eso se debía a las masivas cantidades de tiempo libre que yo tenía a mi disposición. Ya que mi clase de universidad se había acabado, y eran las vacaciones de invierno, podía literalmente jugar el juego cada minuto que yo estuviese despierto.

Y eso hice. Mi último periodo de jugar World of Warcraft fue intenso. Alcancé el nivel máximo en menos de dos días, y una vez llegué a ese punto, sentí placer repetidamente al matar a los personajes de James, Steve y Mark cuando intentaban subir de nivel, como una forma insignificante de venganza por no incluirme en sus encuentros de hace años, y porque me sentía celoso de que Steve y Mar fuesen más hábiles en el juego que yo. Tener un nivel más alto durante esos días me dio la ventaja que necesitaba para igualar el marcador. Pero me estoy saliendo del tema.

Después de dos semanas de jugar World of Warcraft sin parar, nuevamente tomé la abrupta decisión de dejar el juego. La nueva expansión había sido una gran decepción. Blizzard Entertainment, los creadores del juego, hicieron cambios que, a mi parecer, arruinaron todo lo que era divertido en el juego. No entraré en detalles, ya que la mayoría de personas leyendo esto no entenderán términos complicados de videojuegos.

Pero eso fue solo una pequeña parte de la razón por la que lo dejé. La principal razón fue el perturbador aumento de jugadores. El juego se hacía más grande con cada expansión nueva, y a medida que se hacía más grande, traía consigo una enorme cantidad de jugadores nuevos. Noté que más y más personas "normales" que tenían vidas sociales activas y agradables estaban empezando a jugar el juego, y que los nuevos cambios se habían realizado para satisfacer a esa gente.

WoW ya no era mi santuario en el que me ocultaba de las maldades del mundo, ya que las maldades del mundo me habían seguido hasta allá. Vi a gente en el juego presumiendo sobre sus experiencias sexuales con chicas… y usaban el término "virgen" como insulto hacia personas que estaban más inmersas en el juego que ellos.

El insulto dolía, porque era cierto. Nosotros los vírgenes tendíamos a estar más inmersos en cosas así, debido a que nos faltaban cosas en la vida real. Ya no podía aguantar jugar WoW sabiendo que mis enemigos, la gente que yo odiaba y envidiaba tanto por tener vidas sexuales, ahora estaban jugando los mismos juegos que yo. Ya no tenía sentido. Me di cuenta del terrible error que había cometido al darle la espalda al mundo otra vez. El mundo era brutal, y necesitaba luchar para tener mi lugar en él. Mi vida llegó a un punto de giro crucial, y yo no podía seguir desperdiciando más tiempo.

En la fiesta de navidad de los Lemelson le comenté a James que iba a dejar de jugar WoW otra vez, y él me dijo que sospechaba que yo dejaría el juego muy pronto. Era solo cuestión de tiempo. Inclusive jugando conmigo por Internet, él podía detectar como mi furia e ira hacia el mundo se filtraba por la pantalla del computador.

Yo le pregunté cómo es que él podía seguir viviendo sin sentir ningún tipo de ira o resentimiento sobre sus circunstancias, las cuales eran similares a las mías. Después de todo, él era un virgen de diecinueve años al igual que yo. Él simplemente y casualmente me dijo que no le ponía atención a eso, y que en vez de eso se enfocaba en sus fortalezas. ¿En qué fortalezas me puedo enfocar yo? Me pregunté yo. El mundo me ve como un debilucho. Tal vez necesitaba probarle al mundo que este estaba equivocado.

El día de navidad mi padre organizó una enorme fiesta navideña en su casa. Yo fui invitado, ya que estábamos hablando de nuevo. Yo había recibido algunas camisetas nuevas para navidad, así que decidí usar una para la ocasión. Yo no había visto a ninguno de los amigos de mi padre durante un tiempo, y fue agradable volver a verlos. Los Bubenheim no estaban allí; mi padre recientemente había peleado con Alex, abruptamente terminando su amistad con él. Supongo que era lo mejor. Si Leo hubiese estado en esa fiesta, yo probablemente hubiese terminado teniendo una horrible pelea con él. Mi odio hacia Leo era tan volátil que yo deseaba confrontarlo. Quería lastimarlo. No podía dejar que él se saliera con la suya en cuanto a los insultos que me lanzó en el pasado.

Algunos amigos de la familia me dieron cumplidos por mi apariencia, y eso me hizo sentir mejor de mí mismo. Es peculiar como una simple sonrisa o un cumplido puede cambiar completamente cómo me siento hacia el mundo por unos momentos.

Durante los últimos días del 2010, fuimos con mi madre y hermana a la casa de playa de Jack en Malibu para pasar unas noches. Ellas llegaron allá unas horas antes que yo, y cuando yo llegué a la casa, ellas ya habían invitado a varios invitados para una reunión por la tarde. Me sentí ultrajado al ver que mi madre había invitado a Maddy y su novio. Yo deseaba tener otro descanso en la hermosa mansión de Malibu, donde podría experimentar algo de opulencia, y olvidarme de mi depresiva soledad. Tener a una pareja joven en el lugar solo me recordaba mi insignificancia. Me sentí extremadamente molesto con mi madre por haberlos invitado. Ella debió haber sido más considerada.

Si yo solo tuviese una novia para poder llevar a ese lugar. La casa de playa era el lugar perfecto para llevar una novia. Tenía piscina y jacuzzi, y estaba localizada en una playa privada donde podríamos caminar agarrados del brazo. La casa inclusive contaba con un teatro privado. Una oportunidad así, desperdiciada… y todo porque yo no tenía a una chica que me diera una oportunidad. En su lugar, yo estaba completamente solo, y tenía que ver a otra pareja ver películas juntos en ese mismo teatro.

Por fortuna, esa pareja solo se quedó por unas pocas horas. Mi madre invitó a unos invitados más, y pedimos que la cena nos fuese entregada a domicilio de un restaurante local. Cuando la cena llegó, yo ya me había tomado tres copas de vino, y me tomé la cuarta copa con la comida. Todo es mejor con un poco de vino en el estómago, como diría un famoso personaje de Juego de Tronos. No me incluyeron en la mayoría de conversaciones, como siempre pasaba, por lo cual simplemente me senté en silencio, bebiendo mi vino mientras tenía que aguantar el escuchar a Maddy hablar sobre lo increíble que era su vida.

Respetuosamente me retiré tan pronto como terminé de comer, y vaya que me atraganté de comida. Luego salí a caminar por la playa. El vino ya se me había subido a la cabeza, haciéndome sentir un mareo revigorizante. Empecé a caminar por la playa, absorbiendo lo magnífico del suave océano iluminado por la luna. Era tan… romántico. Seguí caminando y caminando sin destino en mente. El romance del lugar me llenó de desesperación y deseo. Yo quería tener una novia con la cual poder experimentar ese momento, pero ninguna mujer quería ser mi novia. Lo único que podía hacer era imaginarme lo celestial que sería tener a una chica bonita a mi lado. Era una tragedia muy triste.

Terminé caminando durante dos horas, y al final terminé llorando yo solo debido a lo triste que me sentía. Cuando regresé a la casa, Maddy y su novio se habían ido, además de la mayoría de los invitados. Los únicos invitados que quedaban eran los amigos de mi madre Alan y Rebecca, y sus dos hijos, ya que ellos estaban pasando las noches allí con nosotros.

Pasé el resto del tiempo relajándome y viendo películas en el teatro. Vimos la trilogía completa de Parque Jurásico, la cual me trajo recuerdos agradables de mi niñez. Tuvimos algunas caminatas más por la playa durante el día. La playa siempre era tranquila y pacífica, ya que las únicas personas que la visitaban eran aquellos que vivían en casas en esa playa. Yo aproveché esto tanto como pude. Las playas siempre me han parecido verdaderamente hermosas, pero yo nunca podría ir a playas públicas debido a que estaban llenas de parejas jóvenes caminando por ahí en sus trajes de baño reveladores, lo cual me llenaba de ira envidiosa.

En la playa privada yo podía disfrutar de la serenidad del ambiente sin tener que preocuparme de que parejas jóvenes me hicieran sentir celoso. Ya no había parejas jóvenes – solo algunas familias, y una que otra pareja vieja. Sin embargo, yo sí pasé por el lado de una chica joven, la cual parecía como una diosa que había bajado del cielo. Ella estaba caminando sola, en su traje de baño, con su atractivo cabello rubio moviéndose por el viento. Yo no pude evitar admirar su belleza furtivamente cuando pasamos por el lado del otro.

Yo tenía miedo. Tenía miedo de que ella me viera como un insecto inferior cuya presencia arruinaba su atmósfera. ¡Su belleza era embriagante! Y entonces, cuando pasamos por el lado del otro, ella me miró. Ella me miró, y sonrió. La mayoría de chicas ni siquiera se habían dignado a mirarme, y esta de verdad me había mirado, y me había sonreído. Nunca me había sentido tan eufórico en mi vida. Una sonrisa. Una sonrisa fue todo lo que tomo para iluminar mi día entero. El poder que tienen las mujeres hermosas es increíble. Ellas temporalmente pueden darle un giro completo al mundo de un chico desesperado con solo sonreír.

Esa sonrisa me puso de un ánimo bueno y sano durante el resto de la caminata, pero pronto se desvaneció cuando me di cuenta de que nunca podría tener a una chica tan hermosa como ella. Ella probablemente solo me había sonreído por cortesía. Ella nunca iría por mí. ¿Y cuál era el sentido de la vida si no podía tener a una chica tan bella como ella? Algunos hombres tienen novias hermosas como esa, y algunos no. Yo estoy entre aquellos a los que se les negó ese placer, y es por eso que odio la vida.

Después de pasar tres días en la casa de playa de Malibu, fue triste dejarla. Tenía el presentimiento de que nunca más volvería a ver de nuevo ese lugar, y se hizo realidad. Esa fue la última vez que fui allá. Mi madre terminó su relación con Jack en algún momento dentro de los meses siguientes, aunque ella nunca me habló directamente sobre el tema.

Pasé la Víspera de Año Nuevo solo y miserable, al igual que el año anterior. Y de hecho, igual que el año anterior a ese. Ese fue el último día que mi cuenta de WoW estuvo activa, así que me conecté a mi cuenta de WoW solo por esa ocasión. Con rabia empecé peleas con gente aleatoria dentro del juego a quienes vi presumiendo sobre sus novias. Les escupí todo mi odio hacia ellos, pero a ellos solo les daba gracia. Fue una experiencia muy agravante, y me hizo sentir contento de cancelar mi cuenta de WoW. Ya no podía ocultarme en ningún lado. El tiempo estaba corriendo, y el Año Nuevo acababa de empezar. Concluí en que tenía que esforzarme más en usar mejor mi tiempo.

El día de Año Nuevo me propuse a que no me masturbaría hasta que hiciera algo para exitosamente dar un paso adelante en la vida. Teniendo una libido alta, yo usualmente me masturbaba por lo menos cada otro día. Siempre fantaseaba sobre el sexo… y el hecho de que no podía tener sexo me hacía sentir aún más obsesionado.

Dejar de masturbarme por más de tres días era todo un problema. Duré siete días. El séptimo día, los deseos se volvieron demasiado abrumadores. Todo mi cuerpo fue envuelto por ellos. Pensaba en chicas cada segundo, y no tener una chica con quien tener sexo era inaguantable. Ya no podía seguir funcionando, así que tuve que quebrantar mi compromiso. La sesión de masturbación que tuve después de ese periodo de siete días fue increíble. Me puse a fantasear, como normalmente lo hacía, sobre tener sexo con una hermosa chica alta de cabello rubio; pero esta vez la intensifiqué mucho, y creé toda una historia en mi mente solo para hacer que la experiencia pareciera más real. Si solo pudiese ser real. Algunos hombres viven esa fantasía, mientras que yo solo podía soñar con ella. La vida no es justa.

Terminé el cuarto libro de la saga de Canción de Hielo y Fuego. La adaptación para televisión, Juego de Tronos, estrenaría en unos pocos meses, y yo tenía muchos deseos de empezar a verla. También esperaba leer el quinto libro de la serie, el cual se lanzaría en Julio 12. Después de terminar los cuatro libros, me volví un gran fan de la saga. Esta mostraba un mundo mucho más emocionante que el mundo en el que yo vivía, con una gran selección de personajes complejos, y algunos con los que me sentía muy identificado.

Cuando estaba leyendo sobre el lanzamiento del quinto libro, encontré un contador en línea que mostraba el día, hora, minuto y segundo que quedaba hasta julio 12. Ya que julio 12 estaba tan cerca de mi cumpleaños número 20, usé ese contador como el contador oficial de mis últimos días como adolescente. Lo puse como mi página inicial en mi explorador de Internet, y esperé que este me motivara para hacer todo lo que pudiera hacer para cambiar mi vida durante este periodo crucial de ella.

Ya que yo volví a hablar con mi padre, y mi relación con él mejoró, mi madre estuvo de acuerdo con encontrarse con él y conmigo para hablar sobre mi situación de vida. Cenamos en un restaurante japonés, donde tuvimos una larga conversación sobre lo que yo estaba haciendo en mi vida, y cuales eran mis planes universitarios. Mi madre y padre acordaron que para cambiar mi vida, yo debía alejarme de mi ambiente actual, y empezar desde ceros. Vivir en el apartamento de mi madre se estaba tornando dañino, y ellos pensaron que si yo vivía en un lugar propio las cosas mejorarían. Fue en ese momento que empezamos a formar el plan de Santa Bárbara, en el cual yo iría a la Universidad de Santa Bárbara, y viviría con los estudiantes de allá.

Esa noche formamos el plan de Santa Bárbara, pero sus raíces se estiraban hasta cuando yo cumplí los dieciocho años. Todo fue porque vi esa película Sospechas Mortales. La película tuvo un profundo efecto en mí, ya que mostraba a muchas personas jóvenes disfrutando de vidas sexuales placenteras. Yo pensé en ello durante muchos meses después del suceso, y constantemente leía sobre la historia por Internet.

Me enteré de que esta película se había filmado en Santa Barbarta, lo cual me dio pie para leer sobre la vida universitaria allí. Aprendí sobre Isla Vista, una ciudad pequeña adyacente a la UCSB, donde todos los estudiantes de universidad vivían y tenían fiestas. Cuando me enteré de todo esto, tuve la desesperada esperanza de que si me mudaba a esa ciudad, yo también podría vivir esa vida. Esa vida era lo que yo deseaba – una vida de placer y sexo. Algunas veces, cuando tenía dieciocho años, hablé con mi madre sobre el prospecto de ir a la universidad de Santa Bárbara. Ella pensaba que era una buena idea; eso ciertamente la liberaría de la carga de tener que vivir conmigo, pero nunca lo consideramos seriamente. Hasta ese día.

Mi madre le propuso el plan a mi padre, y mi padre se vio muy entusiasta en cuanto a ese plan. Hicimos todo el trabajo preliminar en ese momento. Mi padre todavía estaba pasando por su crisis financiera, pero estuvo de acuerdo con pagar mi matrícula, y contribuir con quinientos dólares al mes para mis gastos diarios, mientras que mi madre pagaría el arriendo de mi apartamento, y seguiría proveyéndome con el auto. Yo tomaría un semestre más en Moorpark por ahora, y luego me transferiría a la Universidad de Santa Bárbara en el verano.

Ese fue un giro de acontecimientos muy sorpresivo. No me esperaba eso, y no tenía ni idea de cómo reaccionar. Estaba totalmente estupefacto. Pensé que esa solo sería una cena casual donde simplemente hablaríamos de mi vida, y terminamos haciendo planes para cambiarla drásticamente.

En ese periodo de mi vida yo estaba a punto de abandonar todas mis esperanzas de que algún día llegaría a vivir la vida que deseaba, pero esto lo cambiaba todo. Yo ahora tenía la oportunidad de empezar de nuevo, en una hermosa ciudad, una nueva universidad, con mi propio lugar para vivir. Por supuesto, yo tendría que compartir un apartamento con otros estudiantes, pero eso era parte de la experiencia. Eso me daría mayor credibilidad social que vivir con mi madre, eso era seguro.

En el fondo, yo siempre quise una oportunidad como esta; y ahora tenía una, justo cuando estaba a punto de rendirme completamente en todo. Fue muy abrumador, y necesité algunos días para meditar sobre lo que habíamos decidido.

Fue un giro tal de acontecimientos que lo tuve fuera de mi mente durante los dos meses siguientes. Todavía quedaban cinco meses antes de empezar la universidad en Santa Bárbara, así que decidí no preocuparme por eso por ahora. En el presente, tenía que preocuparme por mi nuevo semestre en Moorpark, el cual acababa de empezar.

Me registré para tomar tres clases durante el semestre de primavera en Moorpark. La primera era una clase de historia temprano por la mañana, seguida de sociología y psicología. Todas estas fueron desastrosas, como esperé que lo fueran. Tuve que abandonar la clase de sociología el primer día debido a esta chica rubia extremadamente candente que tomaba la clase con el bruto de su novio. No podía aguantar el verlos sentados juntos. Salí a mitad de la clase porque ya no lo podía aguantar.

Abandonar mi clase de sociología me dejó con un enorme espacio de tiempo entre mis clases de historia y psicología. Durante ese tiempo yo normalmente iba a un lugar tranquilo y aislado que tenía algunas mesas que daban vista a las montañas. Pasé mucho tiempo allá, escribiendo en mi diario, y contemplando mi lugar en el mundo.

Mis otras dos clases no fueron mucho mejores. En mi clase de historia sentía mucha atracción hacia una chica muy bonita allí, solo para enterarme de que ella tenía novio, y en mi clase de psicología había un grupo de chicos populares que actuaban de forma molesta todo el tiempo. Uno de ellos era una chica rubia muy bonita, y ella en verdad disfrutaba asociarse con los odiosos chicos en su grupo. ¡Vaya injusticia! Los odiaba a todos.

Todos me trataban como si yo fuese invisible. Nadie me hablaba, nadie sabía que yo existía. Yo era un fantasma. Era una agonía, pero no podía abandonar todas mis clases… yo ya sentía culpa de abandonar una de ellas, y tenía miedo de que mis padres se enteraran. Me salté mucho mis clases, y solo iba cuando había lecciones importantes y exámenes. Pasé mucho tiempo en mi área aislada de la universidad.

A medida que pasé más tiempo meditando, me di cuenta de que mi vida se estaba repitiendo a sí misma en un círculo vicioso de tormento e injusticia. Cada semestre nuevo de universidad resultaba en la misma vida solitaria y célibe, desprovista de chicas o cualquier tipo de interacción social. Era como si una maldición de desgracia hubiese sido puesta sobre mí.

Me pregunté cuál era el sentido de intentar empezar una vida nueva en Santa Bárbara. ¿Qué no estaba haciendo lo mismo en Moorpark? Pensé yo, con un escalofrió de terror corriéndome por la espina, sobre lo horrible que sería si lo mismo terminaba ocurriendo después de mi gran mudanza a Santa Bárbara. Yo ni siquiera quería imaginarme lo épicamente horrible que sería esa derrota. Sabiamente puse todos esos pensamientos a un lado, y me enfoqué con intensa determinación en cómo cambiar mi vida en el presente.

Mi padre me dio un libro llamado El Secreto después de cenar en su casa en febrero. Él me dijo que este me ayudaría a desarrollar una actitud positiva. El libro explicaba los fundamentos de un concepto conocido como la Ley de la Atracción.

Yo nunca antes había escuchado o leído algo como esto, y me sentí intrigado. La teoría establecía que los pensamientos de uno estaban conectados a una fuerza universal que puede moldear el futuro de la realidad. Siendo alguien que siempre ha amado la fantasía y magia, y alguien que siempre deseó que esas cosas fueran verdad, este libro me llenó con una ola temporal de entusiasmo.

El prospecto de que yo podría cambiar mi futuro solo visualizando en mi mente la vida que yo quería, me llenó con una explosión de esperanza de que mi vida podría terminar siendo feliz. Por supuesto, la idea era ridícula, pero el mundo es un lugar tan ridículo que pensé en intentarlo de todas formas. Además, me sentía tan desesperado de tener algo para lo cual vivir que quería creer en la Ley de la Atracción, inclusive si estaba comprobado que no era real.

Una vez terminé de leer el libro, conduje hasta Point Dume en Malibu, y escalé los riscos de la punta. Era un día ventoso, y podía ver océano agitarse debajo de mí. Cuando cayó la noche, miré a las estrellas, y le proclamé al universo todo lo que yo deseaba en la vida. Proclamé que quería ser millonario, para poder vivir una vida lujosa, y poder atraer a las chicas hermosas que tanto deseaba.

Deseé compensar por los años de mi juventud que desperdicié en deprimente soledad, y al hacerlo, me vengaría de todos los que pensaban que eran mejores que yo, solo por ser mejor que ellos a través de la acumulación de riqueza. En ese entonces, yo creía que la única forma en que yo lograría alcanzar esa riqueza era ganar la Lotería, y eso es lo que me visualizaba haciendo.

Descendí del risco en Point Dume, y caminé hasta el océano de Malibu, al igual que lo había hecho hace un par de meses en la casa de playa. Vi a una pareja caminar por la playa en frente de mí; el hombre parecía estar a final de sus años 20 o a inicios de sus 30, y la chica con la que caminaba se veía como una supermodelo. Asumí que él era muy adinerado, y que poseía una casa bonita en Malibu.

Los dos estaban caminando sostenidos de las manos, y lo vi sutilmente poner su mano en el trasero de ella de vez en vez. Él estaba viviendo la buena vida. Él estaba en el cielo. Yo sentía envidia, pero como este hombre era mayor que yo, también me dio un rayito de esperanza, especialmente después de mi proclamación al universo desde el peñasco. Si yo me convierto en un multi-millonario, también podría caminar por la playa con una novia hermosa, y mi vida estaría completa. Eso es lo que yo quería. Eso es lo que deseaba para mi futuro. Yo siempre he creído que estoy destinado para grandes cosas. Convertirme en un joven multi-millonario es a lo que yo estaba destinado.

Mi fe pronto se rompería cuando compré algunos boletos de la Lotería Megamillions, y me visualicé siendo el ganador. Usualmente lo visualizaba meditando en el techo del apartamento de mi madre justo cuando estaban realizando el sorteo. Una parte de mí sabía que era imposible usar mi mente para que el universo me hiciera el ganador, y todo por desearlo sentado sobre un techo… pero me sentía tan desesperado que quería creer que podía. Quería creer que tenía el PODER de hacerlo. Después de no ganar cuando el premio gordo se reinició debido a que alguien más ganó, perdí toda mi fe en ese libro, y casi lo hago trizas por la frustración.

Desesperadamente pensé si había otra forma en la que pudiese hacer millones de dólares a mi edad, pero no se me ocurrió nada. Me di cuenta de que mi miserable y solitaria vida de virgen continuaría, y que mi única esperanza era probar yendo a Santa Bárbara.

Yo todavía estaba yendo a clases de karate con James y Rob Lemelson cada semana. La mayoría del tiempo, Rob no podía ir debido a que estaba ocupado con algo, así que éramos más que todo James y yo yendo juntos. Fue una agradable tradición de viernes por la noche que duró varios meses, y disfruté de la oportunidad que me daba de pasar tiempo con James, y tener algún tipo de interacción social. Pero últimamente, las cosas se estaban poniendo tensas.

Me sentía constantemente molesto de cómo yo no estaba mejorando en mis movimientos de karate, y como ese niño pequeño todavía me trataba con irrespeto porque yo todavía tenía cinta blanca, y él tenía cinta café. También me sentía frustrado de cómo James era mucho más fuerte que yo físicamente, y cómo era mucho más hábil en el karate que yo.

Durante las sesiones de enfrentamientos, a veces se vería la profunda ira dentro de mí que se había acumulado durante una vida de dolor e injusticia, y usé mi ira para darme una ventaja cuando me enfrentaba a James y a otros estudiantes. A los profesores de karate no les gustó esto, y me criticaron. La ira me pareció bastante eufórica cuando la usaba para luchar, y en una forma agridulce, la disfrutaba.

Después de nuestra sesión de karate, James y yo fuimos a un restaurante en Palisades para cenar. Yo a veces me ponía muy furioso cuando veía a un grupo de adolescentes, o una pareja adolescente. Constantemente le hablaba a James, con una furia vehemente, sobre mi envidia e ira hacia esas personas. Le comenté sobre cómo deseaba hacerlos sufrir a todos. Tuvimos muchas conversaciones sobre lo que haríamos si tuviésemos todo el poder en el mundo, y yo le comentaba sobre todos los tortuosos actos de venganza que llevaría a cabo contra todos aquellos que me hayan insultado, o que hayan vivido una vida mejor que la mía. Pensé que James se identificaría conmigo, ya que él también eran un virgen que no tenía mujeres en su vida, pero algunas de las cosas que le dije también comenzaron a perturbarlo.

Una noche me dijo él, con mucha aflicción, que ya había sido suficiente. Él no quería escuchar más de eso. Esa también fue la noche que decidí abandonar la clase de karate.

No hablé con James sino hasta que los dos fuimos a la fiesta de cumpleaños de Rob Lemelson a finales de la primavera. Esta fue celebrada en un restaurante de muy alta clase en Los Ángeles, y la familia Lemelson rentó una habitación privada con siete mesas para la ocasión. La comida era absolutamente deliciosa, y el vino era exquisito. Cada botella era de 1985, y cada una probablemente costaba mil dólares.

Me senté junto a James en la "mesa de personas jóvenes", ¡y en esa mesa me encontré con ningún otro que Julian Ritz-Barr! No lo había visto desde que salimos juntos con Charlie, John Jo y Elijah… Pero eso fue hace siete años.

El zoquete ni siquiera me recordaba. Me enteré de que su padre era buen amigo de Rob. Cuando lo mencioné antes en la historia, hablé sobre lo mucho que lo envidiaría, y esa era la noche que eso ocurrió. Había algunas chicas en nuestra mesa, hijas de los amigos de Rob. Una de ellas era muy bonita – creo que era la hija de Pietro Scalia, un reconocido director de películas. Ella tenía ojos muy sexis, y era alta… Siempre me gustaron las chicas altas, y ella era casi más alta que yo. Tuve que sufrir al ver a Julian coqueteándoles a todas las chicas. Él actuaba de forma tan segura de sí mismo, y la forma en que la chica bonita lo miraba con esos sexys ojos… esa era una mirada que ninguna mujer jamás me daría. Yo podía notar que ella estaba atraída hacia él.

Me sentí más y más furioso cada segundo que tuve que sufrir eso. Las chicas me trataban como si yo fuese invisible, pero todas le ponían atención a Julian. Lo que hizo peores las cosas es que Julian era un año más joven que yo, y actuaba como un cretino odioso, ¡pero a las chicas les gustaba!

Mientras más enfurecido me ponía, más vino bebía. James probablemente estaba preocupado por lo furioso que me estaba poniendo, e intentaba iniciar conversaciones aleatorias conmigo para distraerme de Julian. Fue muy difícil contenerme de levantarme y echar mi vino sobre la estúpida cabeza de Julian. Tal vez debí hacerlo… si el pastel de cumpleaños no hubiese sido presentado tan pronto. Todos se levantaron para cantarle feliz cumpleaños a Rob, y luego la cena se terminó. Algunos de los invitados se fueron, y James y yo nos pasamos a una mesa diferente. Cuando la fiesta se terminó, yo me había bebido ocho copas de ese vino de 1985. Yo era menor de edad, pero nadie pareció notar que yo estaba bebiendo. Literalmente me estaba tambaleando afuera del restaurante.

Vi a James otra vez un par de semanas después, y esa sería la última vez que lo vería por un largo tiempo. Fue en otra cena que tuvimos en casa de Rob en Palisades, aunque no era debido a ninguna ocasión especial. Esta vez, otra persona fue el objetivo de mi envidia extrema; su nombre era Roy, un chico de Indonesia que era el hijo de la empleada doméstica de Rob. Él era cuatro años más joven que James y yo, y sacó placer de presumirnos sobre su éxito con las mujeres. Se puso a mostrarnos fotos de sus supuestas conversaciones por mensaje de texto con chicas. A James parecía no importarle, para mi ultrajada sorpresa. Yo, por otra parte, a duras penas podía tolerar a ese insolente y pequeño gusano.

Durante la reunión, James y yo con frecuencia salimos a la parte de afuera para tener conversaciones sobre nuestras fantasías. Yo sabiamente me detuve de ser muy extremo con lo que decía, pero me ingenié algunos escenarios interesantes. Por ejemplo, hablamos sobre lo que haríamos si descubríamos ciertos poderes mágicos, y eso escalaría a crear nuestras propias historias de gloria que viviríamos en una situación así. Hablé sobre cómo usaría mis poderes para dominar el mundo y hacer que todo fuese justo, y James también tenía ideas similares. Parecimos llevárnosla muy bien, pero después de esa noche, James se rehusó a contactarme durante un par de meses.

El primer episodio de mi serie favorita de televisión de todos los tiempos, Juego de Tronos, se lanzó en abril. Vi el episodio sintiendo una profunda emoción. Siendo un fan de los libros, este era un evento muy anticipado para mí. Ver a todos los personajes que yo conocía tan bien, en la pantalla de la televisión, fue espectacular. La serie excedió todas mis expectativas. Cada semana esperaba a ver el siguiente episodio, y cada episodio me daba una pequeña probadita de dicha en mi sombría vida.

A finales de mi semestre de primavera en Moorpark, me sentía tan frustrado con mi solitaria situación en la universidad que me rehusé a si quiera conducir hasta allá durante las últimas semanas. Dejaba mi casa en las mañanas, haciéndole creer a mi madre que iba a la universidad, pero en vez de eso iba y me sentaba en Barnes & Noble hasta que mi madre saliera a trabajar, y luego yo regresaría a casa. Me aseguraba de estar en el Barnes & Noble durante por lo menos dos horas, en caso de que mi madre se fuera más tarde de lo usual. Siempre he sido meticulosamente cuidadoso con todo lo que he hecho.

El último día asistí a mis clases, tomé mis exámenes finales, y me fui. Cuando los estudiantes de mis clases esperaban para entrar a los salones y tomar los exámenes finales, todos tenían un grupo con quien socializar, mientras que yo me quedaba parado a un lado, solo. Todos debieron pensar que yo era un completo perdedor. Gracias al cielo que era el último día. La gente en esas clases me enfurecía hasta la médula. Esa fue la última vez que estuve en esa universidad. Mientras conducía a casa, lloré yo solo mientras escuchaba el radio, como siempre lo hacía. Había fallado en conseguir la vida que quería en Moorpark.

Nada me estaba saliendo bien en la vida, excepto por el prospecto de empezar una vida nueva en Santa Bárbara. Esa era mi única esperanza, y parecía muy sombría. Como habían sido las cosas en Moorpark, temía que las cosas empeoraran en Santa Bárbara… pero tenía que intentar. Estaba desesperado por vivir la vida que sabía que merecía; una vida de ser querido por chicas atractivas, una vida de sexo y amor. Otros hombres pueden tener una vida así… ¿así que por qué no yo? ¡Me la merezco! Soy magnifico, sin importar que el mundo me tratara como lo contrario. Estoy destinado para grandes cosas.

Al final de la primavera tuve que prestar servicio de jurado. Recibí mi citación por correo unos meses antes, pero la pospuse hasta mayo debido a que me sentía muy angustiado como para lidiar con algo tan trivial en ese entonces. La corte estaba hasta Santa Mónica. Cuando me senté en el cuarto de espera antes de mi entrevista con el juez, vi a una chica muy bonita que parecía tener mi misma edad. Ella tenía un rostro que derritió mi corazón. Lo que daría por sostenerla en mis brazos y besar esa bonita cara de ella… yo quería hablar con ella, pero simplemente no pude. Me sentí muy inseguro. Tenía miedo de que ella me considerara un rarito asqueroso, como todas las demás mujeres. Para mi furia, otro hombre llegó y empezó a conversar con ella. Ellos empezaron a hablar cómodamente, ¡y él inclusive la hizo reír! Tuve que ver todo eso, lo cual me rompió el corazón.

Yo quería salir de ahí tan pronto como pudiese. Esperaba poder dar una excusa para no tener que prestar servicio de jurado. Cuando me llamaron para la entrevista, pedí ser excusado debido a que pronto me mudaría a Santa Bárbara. Para mi alivio, el juez me dijo que me podía ir, y me deseó buena suerte. Cuando salí del parqueadero de la corte en mi auto, vi a la misma chica bonita. Tal vez ella también fue excusada. De nuevo, deseé poder haberle dicho algo. Ella hubiese sido la novia perfecta para mí, pero probablemente ya se sentía atraída al otro sujeto que le coqueteó en el cuarto de espera. ¡Al diablo con él!

Me sentí tan mal cuando conduje a casa. Cuando pasé por Palisades, me detuve en el parque en el que solía jugar con James cuando los dos estábamos pequeños. Caminé allí un poco, y me monté en el columpio, recordando tiempos mejores.

Al final de mayo, mi madre me dio la desagradable sorpresa de que yo tenía que mudarme a Santa Bárbara el 4 de junio, lo cual era dentro de pocos días. No estaba preparado para mudarme tan pronto. Pensé en que iría hasta allá al final de junio, justo antes de empezar mi clase de verano. Yo quería más tiempo para prepararme emocionalmente y mentalmente para una tarea como esa. Y sí que era una tarea enorme. Por primera vez en mi vida, me mudaría de la casa de mis padres; y además, tenía que mudarme a un apartamento con otros universitarios. No tenía ni idea que esperar, y por supuesto, me sentí muy nervioso.

Mi madre y yo encontramos dos conjuntos de apartamentos en Isla Vista a los cuales podría mudarme. Viajé con mi madre y padre a Santa Bárbara para mirar los apartamentos. Primero almorzamos en un restaurante en Cliff Drive, y mientras estuve allí, admiré lo hermosa que era Santa Bárbara en realidad. Me pareció que era una mezcla entre Malibu y Santa Mónica, dependiendo de en qué parte del lugar se encontrara uno.

Me sorprendí cuando exploramos Isla Vista. Era toda una ciudad de estudiantes universitarios viviendo juntos, al lado de la UCSB, y justo al lado de la playa. Era como nada de lo que había visto en mi vida. Cuando leí sobre el lugar por Internet pensé que era demasiado bueno para ser verdad, pero ahí estaba yo. Era exactamente lo que esperaba que fuera. Habían rubias caminando por todos lados.

Siempre teoricé que uno de los principales impedimentos de que yo viviera la vida que deseaba era mi situación de vivir en el apartamento de mi madre. Pensé, mientras explorábamos más de la ciudad universitaria, que si yo vivía ahí, que no había forma de que tuviese problemas consiguiendo una vida social, y perdiendo mi virginidad. Era el ambiente perfecto para hacerlo. Si no puedo acostarme con una chica allá, definitivamente no había ninguna esperanza para mí.

El primer edificio que miramos era agradable, pero solo tenía habitaciones compartidas, y yo quería mi propia habitación. El segundo conjunto de apartamentos se llamaba Apartamentos Capri, y tenían una instalación de muchos apartamentos de dos habitaciones compartidos entre universitarios, en el cual uno ocupa una habitación, y los otros dos ocupan la habitación compartida.

Las habitaciones para una sola persona cuestan más, por supuesto, pero no mucho. Mis padres y yo nos sentamos en un café para hablar sobre eso. Acordamos que los Apartamentos Capri sería la mejor elección. Mi madre regresó a su oficina para arreglar lo del arriendo. Capri era un conjunto de apartamentos muy popular, así que era difícil conseguir un lugar tan tarde en el año. Ellos no tenían ninguna unidad de apartamento lista para el semestre de otoño, sino hasta julio, así que acordamos que me quedaría en una unidad temporal durante el primer mes, y luego me mudaría a una unidad permanente en julio una vez estuviese lista. El arriendo fue firmado y quedó listo. Yo me mudaría a Santa Bárbara el 4 de junio.

Mi madre fue muy firme en que yo me mudara en esa fecha en particular. Ella me dijo que era porque quería que yo fuera y me instalara antes de que empezara la universidad, pero yo sabía la verdadera razón. Ella siempre quería que yo me fuera de su casa porque odiaba tener que lidiar conmigo. El plan de Santa Bárbara la liberaría de mí, y ella quería eso tanto que estaba dispuesta a pagar $900 al mes para pagar el arriendo de mi habitación. Básicamente, ella estaba pagando dinero para deshacerse de mí. Me di cuenta de que una vez me mudara, ya no había vuelta atrás. Eso establecería el precedente, y el umbral sería cruzado. Mi madre nunca más me volvería a dar la bienvenida para vivir en su casa permanentemente.

En los últimos días que tuve en el apartamento de mi madre, pasé mucho tiempo meditando sobre cómo lidiaría con este enorme cambio. Tuve que prepararme tanto como fuese posible, así que hice mucha introspección, y me evalué a mí mismo en gran detalle. Esta mudanza a Santa Bárbara era la última oportunidad que tenía para lograr la vida que deseaba. Tenía que hacer lo mejor que podía para lograr que esto funcionara, proclamando para mí mismo que esta vez, no fracasaría.

Me ejercité en el gimnasio durante muchas horas para aumentar mi seguridad en mí mismo tanto como fuese posible, y fui al centro comercial para comprar ropa. La navidad pasada recibí algunas tarjetas de regalo para la tienda de departamentos Macy, y me las gasté todas en unas camisetas que pensé que se veían bien, además de zapatos nuevos. Después de hacer todo lo que podía para mejorar mi seguridad en mi cuerpo y mi apariencia física, me sentí listo.

Y así, termina otra era de mi extraordinaria y trágica vida. Yo la llamo la era de Esperanza y Desesperanza, donde andaba sin rumbo y me pudría en mi solitaria desesperación mientras vivía en el apartamento de mi madre, y atendí a dos universidades.

En varios intervalos, algo ocurrió para darme una nueva esperanza para mi vida, solo para que esta fuese destrozada en el futuro. Mi vida había seguido ese mismo patrón por mucho tiempo, y estaba enfermo y harto de eso. Y mientras sufría esta solitaria existencia, otros chicos de mi edad vivían sus vidas felices de placer y sexo. Nunca olvidaré esa injusticia, y me comprometí a compensar por ella en el futuro. Tenía que compensar por todos los años que perdí en soledad y aislamiento, ¡sin que fuese mi culpa! Era la culpa de la sociedad por rechazarme. Era la culpa de las mujeres por rehusarse a tener sexo conmigo.

La mudanza a Santa Bárbara era el final del juego, el clímax final de todo. La vi como una nueva oportunidad que se me había dado para finalmente tener las cosas que yo deseaba en la vida: amor, sexo, amigos, diversión, aceptación, y sentir que pertenezco. Pero nunca perdonaría al mundo por negarme esas cosas en el pasado. Yo pronto cumpliría veinte años. Ya había perdido demasiados años de mi vida. Merecía algo mejor que eso. Soy un caballero inteligente, y merezco el amor de las chicas más que otros odiosos chicos de mi edad, y aun así, ellos consiguen chicas, y yo no. Ese es un crimen que nunca podrá ser olvidado, ni perdonado.

Yo siempre quise ejecutar mi venganza sobre la humanidad por forzarme a vivir una vida así, pero siempre había tenido la esperanza de que si puedo hacer cosas en la vida para compensar todo ese sufrimiento, entonces que en sí misma esa sería una forma de venganza pacífica.

La verdad, la mudanza a Santa Bárbara era una oportunidad que yo le estaba dando al mundo, ¡no el mundo a mí! Le estaba dando al mundo una última oportunidad de darme la vida que yo sabía que me merecía, y que me deberían dar - la vida que otros chicos podían vivir fácilmente. Si yo todavía tenía que sufrir el mismo rechazo e injusticia inclusive después de mudarme a Santa Bárbara, eso ya sería la gota que rebozó el vaso. Tendría mi venganza.

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