Agresión "legalizada" | La superstición más peligrosa

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PARTE 3.5: El efecto sobre los defensores

Aunque la mayoría de personas se imaginan a sí mismos como simples "espectadores" en cuanto a la opresión e injusticia autoritaria…

La verdad es que casi todos defienden la violencia de los "gobiernos", de una u otra forma.

Cualquier persona que vote, sin importar el candidato, o que apoye verbalmente alguna "política" o "programa" del "gobierno", está aceptando la iniciación de violencia contra su prójimo, inclusive si él o ella no lo reconoce.

Esto es porque la "ley" no se trata de sugerencias amistosas, o peticiones amables.

Cada supuesta "ley" promulgada por los políticos es una orden respaldada por la amenaza de ejercer violencia contra aquellos que no la obedezcan.

Como George Washington dijo una vez: "El gobierno no es razón, y no es elocuencia. Es fuerza."

La mayoría de personas en su diario vivir son muy reacias a usar amenazas de usar fuerza física, o a usar fuerza física, contra su prójimo.

Solo una pequeña fracción de muchos desacuerdos personales que ocurren terminan en conflictos violentos.

Sin embargo, debido a la creencia en los "gobiernos", casi todos defienden la extensión de un montón de violencia, sin darse cuenta de ello.

Y ellos no sienten ninguna culpa por ello, ya que perciben las amenazas y coerción como inherentemente legítimas cuando corresponden a la "imposición de la ley".

Todos saben lo que pasa si alguien es pillado "violando la ley"…

* Puede ser solo una "multa" (una orden de pago bajo la amenaza de la fuerza)

* O puede ser un "arresto" (capturar a alguien por la fuerza)

* O puede inclusive resultar en que los "agentes de imposición" maten a alguien que se siga resistiendo

Pero eso sí, cada "ley" es una amenaza respaldada por la habilidad y disposición de usar fuerza letal contra aquellos que desobedezcan, y cualquier persona que analice esta idea con honestidad reconocerá este hecho.

Ahora, la creencia en la "autoridad" conlleva a una extraña contradicción en cómo la gente ve el mundo:

Casi todos defienden la idea de que la "ley" sea usada para obligar a otros a hacer ciertas cosas, o a financiar ciertas cosas.

Sin embargo, al defender esas acciones, sabiendo bien las consecuencias que sufrirán aquellos que sean pillados desobedeciendo…

Esas mismas personas fallan en reconocer que lo que están defendiendo es violencia.

Por ejemplo, existen millones de personas que se consideran pacíficas y civilizadas – algunos inclusive usan orgullosamente la etiqueta de "pacifistas"…

Mientras defienden el robo a mano armada hacia todas las personas que conocen, además de millones de desconocidos.

Ellos no ven ninguna contradicción, ya que al robo se le da el eufemismo de "impuesto", y es llevado a cabo por personas que imaginan que tienen el derecho de cometer esos robos, en el nombre del "gobierno".

El nivel de negación que crea la creencia en la "autoridad" es profundo.

A la hora de defender y apoyar la violencia "política", la gente no acepta responsabilidad por los resultados.

Por ejemplo, aquellos quienes aplican para recibir una "pensión del gobierno", están pidiendo recibir dinero robado a la fuerza de sus prójimos por medio del "cobro de impuestos".

Así mismo, aplicar para un trabajo en el "gobierno" se traduce a pedir que tu prójimo sea forzado a pagar tu salario.

Cuando la persona recibe un pago directo, servicio, programa, u otro beneficio "gubernamental", él o ella usualmente aceptará la propiedad robada sin la más mínima vergüenza o culpa.

Y él o ella actuaría de forma totalmente amable y normal hacia las personas a quien le pidió al estado que atracara.

Pero en ninguna otra situación ocurre una desconexión mental así de extraña, no solo para aquel que defiende el acto de agresión, sino también para la víctima de ese acto.

Por ejemplo, si una persona le hubiese pagado a un ladrón armado para entrar a la fuerza a la casa de su vecino y robarse algunos de sus objetos de valor, y el vecino hubiese descubierto lo que hizo esa persona…

Pues cuando menos, esos dos vecinos nunca volverán a interactuar en términos amistosos.

Sin embargo, cuando exactamente lo mismo se hace usando la "autoridad", por medio de elecciones seguidas de robos "legislados", ni el ladrón ni la víctima perciben que haya algo de malo en esa situación.

(Nota personal del autor: He perdido la cuenta de las muchas personas que han expresado simpatía hacia mí y mi esposa por haber sido aprisionados, por el "crimen" de no inclinarnos ante la IRS.

Pero a nuestros conocidos no-anarquistas nunca se les llega a ocurrir que nosotros fuimos aprisionados por la gente por la que ellos votaron, y por desobedecer las órdenes que ellos defendían.

Hasta donde yo se, ni un solo estatista de los que conocemos jamás ha notado la esquizofrenia e hipocresía de apoyar activamente extorsiones en masa ("cobro de impuestos"), para luego darnos sus sentidas condolencias por ser víctimas de esa misma extorsión.)

Uno puede ver la esencia sobrenatural de la "autoridad" en el hecho de que, entre las personas quienes con entusiasmo votan para que sus vecinos sean extorsionados y atracados "legalmente"…

Pocos le pedirían o pagarían a meros mortales para que hicieran eso mismo.

Pocas personas se sentirían justificadas en contratar a una pandilla callejera para atracar a sus vecinos para poder pagar por la escuela de sus hijos…

Pero precisamente eso es lo que millones de personas defienden cuando apoyan los "impuestos de propiedad" para financiar las escuelas "públicas".

¿Por qué es que ambas situaciones se sienten tan moralmente diferentes para ellos?

Porque aquellos que creen en los "gobiernos" creen que este consiste en algo que va más allá de las personas que lo conforman.

Ellos imaginan que los "gobiernos" poseen derechos que los meros mortales no poseen.

Desde la perspectiva de un estatista, pedirle al "gobierno" que haga algo tiene mucho más en común con rezarle a los dioses para que hagan algo, que pedirle a gente común y corriente que hagan algo.

Un estatista que demanda cierta "legislación" se sentiría horrorizado y ofendido si un grupo de personas promedio ofreciera proveer servicios similares.

Por ejemplo, imagínate a una pandilla callejera haciéndole la siguiente oferta a un residente local:

"Vamos a extorsionar a sus vecinos y usaremos lo que consigamos para pagar por cosas que usted quiere, como:

* La escuela de su hijo

* Reparar caminos y carreteras

* Y cosas por el estilo

Y por supuesto, nosotros nos quedaremos con una parte.

Además, díganos cómo desearía que se comportaran sus vecinos, y nos aseguraremos de que se comporten así.

Si ellos no hacen lo que decimos, les quitaremos sus cosas y los encerraremos en una jaula."

Si gente promedio hiciera una oferta así, ello serían condenados por su intento de vandalismo.

Pero cuando exactamente lo mismo es propuesto en un discurso de campaña por un sujeto que busca conseguir una posición en el "gobierno"…

Y cuando cosas así son hechas en el nombre de abstracciones políticas vagas como "el bien común" o "la voluntad de la gente"…

Esas cosas no son solo vistas como permisibles, sino como nobles y virtuosas.

Cuando un político dice:

"Necesitamos proveer una financiación adecuada para la educación de nuestros hijos, y necesitamos invertir en nuestra infraestructura"…

Ese sujeto literalmente está hablando de quitarle dinero a la gente por la fuerza (por medio de "impuestos"), y gastarlo de las formas que él o ella considere que debería gastarse.

Ese tipo de agresión es aceptada y justificada cuando se hace en el nombre de la "autoridad", pero se reconoce como inmoral si es ejecutada por simples mortales.

Esto muestra que, en la mente del estatista, el "gobierno" es algo que va más allá de una simple colección de seres humanos.

Paradójicamente, el estatista insistirá que todo lo que el "gobierno" tiene permiso de hacer, y todo lo que este es, viene de "la gente".

Todo lo que es la creencia en los "gobiernos" requiere de la absurda creencia tipo culto de que, por medio de documentos y rituales políticos pseudo-religiosos (como las constituciones, elecciones, nombramientos, legislación, y todo eso)…

Un montón de simples mortales pueden conjurar la existencia de una entidad que posee derechos sobrehumanos – derechos que no son poseídos por ninguna persona que conjuró a esa entidad.

Y una vez la gente alucina la existencia de una cosa así, ellos con entusiasmo rogarán que esa cosa controle forzosamente y extorsione a sus prójimos.

La gente reconoce que los simples mortales no tienen el derecho de hacer cosas así, pero de verdad creen que la deidad llamada "gobierno" tiene todo el derecho de hacer esas cosas.

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