Alterando la moralidad | La superstición más peligrosa

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El concepto de la "autoridad" depende de los conceptos del bien y el mal (es decir, la moralidad).

Tener "autoridad" no significa simplemente tener la habilidad de controlar a la fuerza a otras personas, algo que poseen incontables matones, ladrones y pandillas quienes no son consideradas "autoridad".

No. Tener "autoridad" significa tener el derecho de controlar a otras personas, lo cual implica que aquellos siendo controlados tienen la obligación moral de obedecer, no solo para evitar castigos…

Sino también porque esa obediencia (ser "respetuoso hacia las leyes") es moralmente buena, y la desobediencia ("violar la ley") es moralmente mala.

Así, para que pueda existir algo como la "autoridad", entonces debe existir el bien y el mal.

(Ahora, cómo es que uno defina qué es bueno y qué es malo, o lo que uno crea que sea la fuente de la moralidad, no es algo importante en esta discusión.

Si utilizas tus propias definiciones, la lógica que encuentras y encontrarás aquí igual seguirá aplicando.)

Aunque el concepto de "autoridad" requiere de la existencia del bien y el mal, ese mismo concepto es descartado totalmente debido a la existencia del bien y el mal.

Una simple analogía probará esta idea que suena un poco extraña:

Las leyes de las matemáticas son una parte objetiva e invariable de la realidad.

Si tú juntas dos manzanas con otras dos manzanas tendrás en total cuatro manzanas.

Aquellos que estudian las matemáticas buscan entender más sobre la realidad, para aprender sobre aquello que ya existe.

Si alguien entrara al campo de las matemáticas con la meta de alterar las leyes de las matemáticas sería visto como un demente, y con toda razón.

Imagínate lo absurdo que sería si un profesor de matemáticas proclamara:

"¡Aquí decreto que dos más dos es igual a cinco!"

Sin embargo, una locura así es lo que ocurre cada vez que los políticos decretan "legislaciones".

Ellos no están simplemente observando el mundo, tratando de determinar qué es lo bueno y qué es lo malo – algo que todo individuo debe hacer por sí mismo.

No, ellos están declarando que están alterando la moralidad expidiendo un nuevo decreto.

En otras palabras, como el desquiciado profesor de matemáticas que cree que con una simple declaración puede hacer que dos más dos sea cinco…

Los políticos hablan y actúan como si ellos fuesen la fuente de la moralidad, como si tuviesen el poder de inventar (por medio de "legislaciones") lo que es bueno y malo, como si un acto pudiese volverse malo simplemente porque ellos lo declararon "ilegal".

Sea que el problema sean las matemáticas, la moralidad, o cualquier otra cosa, existe una enorme diferencia entre intentar determinar lo que es verdad, y tratar de dictar lo que es verdad.

Lo primero es útil. Lo segundo es demente.

Y eso segundo es lo que aquellos en el "gobierno" pretenden hacer todos los días.

En su "legislación", los políticos no solo expresan cómo es que ellos piensan que las personas deberían comportarse, basándose en estándares universales de moralidad.

Todos tienen el derecho a decir, "Creo que hacer esto está mal, y hacer esto otro está bien", pero nadie llamaría "leyes" esas opiniones.

En vez de eso, el mensaje de los políticos es, "Estamos haciendo que esto sea malo, y estamos haciendo que esto otro sea bueno."

En resumen, todo "legislador" sufre de un complejo-de-dios profundamente fantasioso, lo cual lo lleva a él o ella a creer que, por medio de rituales políticos en realidad obtiene el poder, junto con sus compañeros "legisladores", de cambiar lo bueno a lo malo, por simple decreto.

Los seres humanos no pueden alterar la moralidad, así como no pueden alterar las leyes de las matemáticas.

Su entendimiento de algo puede variar, pero ellos no pueden, por decreto, cambiar la naturaleza del universo.

Y nadie que esté cuerdo intentaría hacer eso.

Sin embargo, eso es lo que toda nueva "ley" pasada por los políticos pretende ser: Un cambio en lo que constituye el comportamiento moral.

Y a pesar de lo absurda que es esa noción, es un elemento necesario para sostener la creencia en los "gobiernos":

La idea de que las masas están moralmente obligadas a obedecer a los "legisladores", y que desobedecer ("violar la ley") es moralmente malo, no porque resulte que las ordenes de los políticos encajan con las reglas objetivas de la moralidad…

Sino porque los mandamientos de ellos dictaminan y determinan lo que es moral, y lo que no lo es.

Entender este simple hecho de que los simples mortales no pueden transformar lo bueno en lo malo, o lo malo en lo bueno, hace que el mito de los "gobiernos" se desintegre.

Cualquier persona que entienda esta simple verdad no puede seguir creyendo en los "gobiernos", ya que si los políticos carecen de un poder sobre-natural como ese, sus mandamientos no cuentan con ninguna legitimidad, y así ellos dejan de ser "autoridad".

A menos que lo bueno y lo malo sea lo que los políticos digan que sea, a menos que el bien y el mal en realidad provengan de los caprichos de los dioses políticos…

Nadie puede tener obligación moral alguna de respetar u obedecer los mandamientos de los políticos, y sus "leyes" se vuelven totalmente inválidas e irrelevantes.

En resumen, si existe el bien y el mal, como sea que tú definas esos términos, entonces las "leyes" de los "gobiernos" siempre son ilegítimas y sin valor alguno.

Toda persona (por definición) tiene la obligación moral de hacer lo que se siente que es correcto.

Si una "ley" le dice lo contrario, esa "ley" es inherentemente ilegítima, y debería ser desobedecida.

Y si una "ley" resulta coincidir con lo que es correcto, entonces esa "ley" es simplemente irrelevante.

Por ejemplo, la razón para no cometer asesinatos es porque el asesinar es inherentemente inmoral.

Sea que los políticos hayan expedido o no una "legislación" declarando que el asesinato está mal, y sea que lo hayan hecho "ilegal" o no, no tiene ningún efecto sobre la moralidad / inmoralidad del acto de asesinar.

Una "legislación", sin importar lo que diga, nunca es la razón de por qué algo es bueno o malo.

Como resultado, inclusive "leyes" que prohíben actos malvados como el asalto, asesinato, y robo, son ilegítimas.

La gente no debe cometer actos así, pero eso es porque los actos en sí son intrínsecamente malvados, y no porque "leyes" creadas por políticos dicen que son malvados.

Y si no existe la obligación de obedecer las "leyes" de los políticos entonces, por definición, ellos no poseen ninguna "autoridad".

Regresando a la analogía del profesor de matemáticas, si el profesor autoritariamente declarara que, solo por que él lo decreta, él hará que dos más dos sea cinco…

Cualquier individuo cuerdo vería que ese decreto es incorrecto y fantasioso.

Pero si por otra parte, el profesor declarara que él hará que dos más dos sea cuatro, una declaración así igual sería tonta e inútil a pesar de que dos más dos sí sea igual a cuatro.

La declaración del profesor no es la razón de que dos más dos sea cuatro.

De cualquier forma, la declaración del profesor no tendría ningún efecto en la habilidad de la gente de sumar dos y dos.

Y así mismo ocurre con las "leyes" que crean los políticos:

Sea que estas encajen o no con lo que objetivamente es bueno o malo, esas leyes nunca tienen "autoridad", ya que estas:

* Nunca son la fuente del bien y el mal

* Nunca crean la obligación de que la gente se comporte de cierta forma

* Y así, no tienen ninguna relevancia en lo que un individuo considere que es moral o inmoral

Considera por ejemplo las "leyes" anti-narcóticas en Estados Unidos:

Creer que es malo usar la violencia contra alguien por beber una cerveza (lo cual es "legal")…

Pero creer que es bueno que los "agentes de imposición" usen violencia contra alguien por fumar marihuana (porque es "ilegal")…

Lógicamente implica que los políticos tienen la habilidad de alterar la moralidad…

La habilidad de tomar dos comportamientos esencialmente idénticos, y convertir a uno de ellos en un acto inmoral que justifica inclusive la retribución violenta.

Además, si uno acepta la legitimidad de las "leyes" (los mandamientos de los políticos), uno también debe aceptar que beber alcohol puede ser perfectamente moral un día…

Pero al día siguiente podría volverse inmoral – el día en que la "prohibición del alcohol" fue declarada en los Estados Unidos.

Luego, un muchos años más tarde, el alcohol era inmoral un día, y moral el día siguiente – el día en que la prohibición fue abolida.

Inclusive los dioses de la mayoría de religiones no aclaman tener el poder de corregir y revisar constantemente sus mandamientos, y de cambiar regularmente lo que es bueno y lo que es malo.

Solo los políticos aclaman tener ese tipo de poder.

Cada acto de "legislación" involucra ese tipo de demencia:

La noción de que un día, un acto podría ser perfectamente permisible…

Y que el día siguiente – el día en que se hizo "ilegal" – sería inmoral.

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