Crianza anti-autoritaria | La superstición más peligrosa

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Con tanta frecuencia la crianza de los hijos está basada en el autoritarismo que muchos no pueden si quiera imaginarse cómo puede verse un tipo de crianza no-autoritaria.

Es importante clarificar el efecto que perder la superstición de la "autoridad" tendría en la crianza:

No significaría que los padres no le pondrían restricciones a lo que sus hijos pueden hacer, ni tampoco significa que los padres no puedan controlar a sus hijos contra su voluntad en varias situaciones.

Pero sí cambiaría drásticamente la mentalidad tanto de los padres como los hijos.

Hoy en día, enseñarles a los niños el bien y el mal, y enseñarles a obedecer, es visto por la mayoría de personas como la misma cosa.

Sin embargo, un padre le puede ordenar a su hijo a hacer algo malo tan fácilmente como puede ordenarle a hacer algo bueno.

Contrario a lo que enseña la crianza autoritaria, el hecho de que un padre de una orden no hace automáticamente buena esa orden, y tampoco hace que el niño esté obligado a obedecerla.

Por ejemplo, si un padre le ordena a su hijo a robar algo en una tienda, el niño no tiene ninguna obligación moral de hacer eso, y la desobediencia sería perfectamente justificada (aunque probablemente riesgosa).

Por supuesto, el niño puede no entender que robar es malo si sus padres le dicen que robe.

Por otra parte, un padre puede imponerle una restricción necesaria y justificada al niño, la cual el niño detesta y cree que no es justificada.

En cualquier caso, el niño solo tiene la obligación de hacer lo que él o ella considere que es bueno.

La alternativa sería que el niño tiene la obligación moral de lo que él o ella considera que es malo, lo cual es imposible.

He aquí en donde yace la diferencia:

La madre o padre autoritario le enseña a su hijo que la obediencia, por sí sola, es un imperativo moral sin importar la orden ("¡Porque soy tu papá y lo digo yo!").

La madre o padre no-autoritario también puede imponerle restricciones a su hijo, pero no pretende que al hijo le gusten, ni tampoco pretende que esas restricciones son justas simplemente porque él o ella las impuso.

En otras palabras, debido a que el niño aún no tiene el conocimiento o entendimiento para ser lo suficientemente competente para tomar sus propias decisiones…

La madre o padre no-autoritario puede ver la necesidad de forzar ciertas restricciones sobre un niño (en cuanto a la hora de ir a dormir, su alimentación, etc.), pero la madre o padre NO declara que el niño tiene la obligación moral de obedecer sin chistar.

Mientras más pronto se le enseñe al niño la razón para una "regla", más pronto el niño podrá entender por qué hacer lo que dicen sus padres lo beneficiará.

Por supuesto, eso no siempre es posible, especialmente cuando los niños son muy jóvenes.

El padre que evita que su hijo se coma una caja de dulces estará beneficiando al niño, quien aún no tiene un suficiente entendimiento ni auto-control para servir sus propios intereses.

Pero enseñarle al niño que él debería sentir una obligación moral de obedecer reglas que le parecen injustas, inútiles, estúpidas, o inclusive dañinas, solo porque una "autoridad" se lo dijo, es enseñarle al niño la lección más peligrosa que puede haber:

Que él tiene la obligación moral de aguantar cosas injustas, inútiles, estúpidas y dañinas… si son hechas por la "autoridad".

Para evitar pasar la superstición de la "autoridad", los padres nunca deberían citar "porque yo lo digo" como la razón de que un niño haga algo.

El padre debería expresar que existen razones racionales para las restricciones, inclusive si el niño todavía no puede comprender esas razones.

En otras palabras, la justificación para las "reglas" no es que los padres tengan el derecho de imponer a la fuerza las reglas que quieran sobre sus hijos…

Sino que los padres (con suerte) tengan mucho más entendimiento y conocimiento que los niños, de tal forma que los padres deben tomar muchas de las decisiones del niño por él o ella…

Hasta que el niño se vuelva lo suficientemente competente para tomar sus propias decisiones.

Todavía más importante es cómo un padre controle el comportamiento de su hijo hacia otras personas.

Es extremadamente importante enseñarle a un niño que es inherentemente malo causarle daño intencional a otra persona (excepto cuando sea necesario para defender a alguien inocente).

Pero si en vez de ese principio, el padre o madre enseña la idea de "obedéceme", y luego le ordena al niño a no golpear a otros, el padre o madre le estará enseñando obediencia al niño, pero no moralidad.

Si el niño se abstiene de golpear a otros, no porque él o ella entiende que hacer eso está mal, sino solo porque se lo ordenaron…

Entonces el niño funcionará de la misma forma que un robot amoral, y no habrá aprendido nada sobre cómo ser un ser humano.

Los resultados prácticos a corto plazo pueden verse iguales – es decir, el niño se abstiene de golpear a otros…

Pero las lecciones aprendidas son muy diferentes.

Cuando al niño a quien solo se le ha enseñado a obedecer a los adultos, llega otra "autoridad" y le dice que él o ella debería hacerle daño a otros…

Pues el niño casi ciertamente lo hará, ya que fue entrenado para hacer lo que le ordenan.

Por otra parte, al niño a quien se le ha enseñado a respetar los derechos de otros, y a quien se le han enseñado los principios de la auto-propiedad y la no-agresión…

No abandonará fácilmente esos principios solo porque alguien que declara ser "autoridad" se lo ordene.

Los niños aprenden siguiendo ejemplos. Si un niño ve a sus padres actuando como los súbditos incondicionales de una clase gobernante, el niño aprenderá a ser un esclavo.

Pero si en su lugar los padres demuestran en sus vidas diarias cómo usar, y cómo seguir, la mente y corazón de uno mismo, el niño aprenderá a hacer lo mismo.

El niño debe entender que es su deber no solo el seguir las reglas de ser una buena persona, sino averiguar por sí mismo cuáles son las reglas de ser una buena persona.

Los estándares a partir de los que vive una "persona que se posee a si misma" igual pueden ser descritos como "reglas"…

Pero el valor de esas "reglas" no viene del hecho de que una "autoridad" las expidió.

El valor de esas "reglas" se da porque el individuo cree que dichas "reglas" describen un comportamiento inherentemente moral.

Esto no quiere decir que todo el mundo está de acuerdo sobre lo que es moral, aunque existe un amplio consenso en varios principios básicos.

Pero inclusive con el comportamiento individual de cada persona, guiado por su propio entendimiento imperfecto e incompleto del bien y el mal…

Los resultados generales mejorarían drásticamente en comparación a la alternativa autoritaria, en la que gente básicamente buena hace cosas que ellos saben que están mal…

Porque se sienten obligadas a hacer lo que sea que la "autoridad" les exija hacer (como lo demuestran los experimentos Milgram).

De nuevo, aunque muchas personas falsamente asumen que una sociedad sin una "autoridad" centralizada que escriba las reglas se traduciría en "cada uno por su cuenta"…

La realidad es que los acuerdos y la cooperación grupal no requieren de ninguna "autoridad"…

Y aquellos niños que pasen sus años formativos aprendiendo a interactuar con gente diferente de todas las edades bajo una base mutuamente voluntaria…

En lugar de aprender a hacer ciegamente lo que les ordenan…

Estarán mucho mejor equipados para formar relaciones, y llevar a cabo esfuerzos conjuntos basados en acuerdos, concesiones y cooperación.

Las interacciones voluntarias de ese tipo pueden tomar lugar entre dos personas, o entre dos millones.

Inclusive la libertad limitada experimentada por los estadounidenses ha demostrado que inclusive industrias extremadamente complejas pueden estar completamente basadas en la participación y cooperación voluntarias de todos los involucrados.

Y la historia también nos demuestra que en el momento en que se utilice un método de organización basado en control centralizado y coercitivo, como ocurre en las supuestas "economías planeadas"…

Se producirán bajonazos extremos de productividad, además de extremas alzas de pobreza y esclavitud.

Sin embargo, la mayoría de niños siguen siendo criados en ambientes autoritarios, con la declaración de que eso los preparará mejor para la vida en el mundo real…

Pero en realidad, la crianza autoritaria los prepara solo para una vida de esclavitud.

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