Efectos disuasorios e incentivos | La superstición más peligrosa

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Algunas personas asumen que si no fuese por los "gobiernos", los delincuentes tendrían la libertad de hacer lo que les diera la gana sin ninguna repercusión.

De nuevo, esto muestra un profundo malentendido sobre la naturaleza humana, y sobre lo que el "gobierno" es.

La realidad es que la creencia en la "autoridad" no añade nada a la efectividad de cualquier sistema de defensa y protección.

La gente que usa formas de agresión contra otras personas, como asalto, robo y asesinato, obviamente no es refrenada por su propia moralidad ni por respecto a la auto-propiedad de sus víctimas.

Sin embargo, ellos pueden elegir no cometer un crimen en particular si se imaginan que existe un riesgo de que ellos mismos salgan afectados negativamente por intentar cometerlo.

A eso se le llama un "efecto disuasorio".

Y los efectos disuasorios, por definición, no dependen de apelar a la consciencia del atacante, sino que hacen uso del instinto de auto-preservación del atacante.

Para ser franco, el mensaje que funciona sobre los criminales de verdad NO es: "No hagas eso porque es malo"…

El mensaje que sí funciona es: "No hagas eso, o saldrás lastimado."

La supuesta justicia moral, o la "autoridad", de la amenaza contra un agresor en potencia es irrelevante a la efectividad del efecto disuasorio.

Sea un "oficial de policía", un perro, el furioso propietario de una vivienda, o inclusive otro ladrón, la única pregunta en la mente del atacante es si él o ella puede sufrir dolor o muerte si intenta robar o atacar a alguien.

Los efectos disuasorios para otros tipos de mal comportamiento, los cuales no son tan severos u obvios como el robo o asalto, tampoco requieren de "autoridad".

Algunas personas aseguran que sin inspectores y reguladores "gubernamentales", todos los negocios lanzarían productos mal hechos y peligrosos al mercado…

Pero una declaración así esta, nuevamente, basada en una profunda falta de entendimiento sobre la naturaleza humana y la economía.

Sin importar lo avaricioso o egoísta que un emprendedor pueda ser, él o ella NO puede llegar a tener éxito a largo plazo si intenta vender productos que no satisfacen a sus clientes.

Alguien que conscientemente venda productos defectuosos, o comida contaminada, tendrá pocos clientes o ninguno.

Los muchos y altamente costosos "retiros de productos" que muchas compañías llevan a cabo voluntariamente, inclusive por defectos o problemas relativamente triviales, comprueban este hecho.

A diferencia de la situación actual, en la que el poder del "gobierno" es usado para apoyar y proteger a corporaciones irresponsables y destructivas…

En un mercado verdaderamente libre, con consumidores informados y competición abierta, la corrupción y el crimen simplemente no pagarían, y a los negocios les sería imposible aislarse a si mismos de las consecuencias de su irresponsabilidad.

Los inspectores y reguladores de los "gobiernos" son motivados por el incentivo de imponerle multas a la gente, e imponer "leyes" y "regulaciones", sin importar si estas tienen sentido o no.

En contraste, un sistema de inspectores privados, que le rinden cuenta únicamente a las personas que quieren saber qué es seguro y qué no, la cual no tiene ningún poder de imposición…

Carece de cualquier incentivo para interferir con los negocios, o inventarse cosas de las cuales quejarse.

Los negocios pueden invitar voluntariamente reseñas privadas de sus productos e instalaciones, como lo hacen actualmente entidades como Underwriters Laboratories ("UL"), los boletines de consumidores, y otros, para poder mostrarle al público una opinión imparcial de lo seguros y confiables que son sus productos.

Muchas compañías hacen esto hoy en día, además de tener que saltar a través de todos los aros burocráticos que los "gobiernos" ponen en su camino.

Muchos otros asuntos podrían manejarse de formas similares y no-autoritarias:

Por ejemplo, inspectores privados de edificios, los cuales ya son utilizados por muchas compañías de bienes inmuebles, tendrían el trabajo de determinar, a nombre de compradores potenciales, qué tan seguro y resistente es un edificio.

Además de inspectores privados, los restaurantes podrían simplemente invitar a clientes potenciales para que examinen las instalaciones ellos mismos.

Todas estas acciones serían voluntarias.

Un negocio podría elegir no permitir ninguna inspección, y los clientes potenciales elegirían ellos mismos si compran los productos y servicios de ese negocio, o no.

Asumir que estos, y muchos otros, son problemas que la "autoridad" es la que debe manejarlos…

Es una señal de pereza intelectual.

Los clientes quieren productos de calidad, y los emprendedores que desean ser exitosos deben proveer productos de calidad.

Por lo tanto, está en el interés de ambos poder demostrar objetivamente la calidad de los productos siendo ofrecidos.

A diferencia del estereotipo del hombre de negocios malvado, avaricioso, y que solo piensa en ganancias, la forma de volverse adinerado en una sociedad libre es proveyendo productos y servicios que en realidad beneficien al cliente.

Casi todos los esquemas deshonestos que dan ganancias a largo plazo son aquellos que son creados y/o apoyados a la fuerza por los "gobiernos", como:

* La estafa de la "banca de reserva fraccional" (en la cual bancos le prestan al público dinero que dichos bancos no tienen en realidad)

* La estafa "legal" de falsificación de dinero llamada "política monetaria" (en la que bancos centrales y otras entidades imprimen tanto dinero como quieran, robándole poder adquisitivo al dinero de toda la sociedad)

* El fraude de la litigación

* Y así

Inclusive sin "gobiernos" pueden darse conflictos serios ocasionalmente.

Por ejemplo, supón que una fábrica se pone a verter desechos tóxicos en un rio, matando a todos los peces en las propiedades de otras personas, lo cual constituiría una forma de invasión y destrucción de propiedad.

La ausencia de la "autoridad" no evita que las víctimas hagan algo al respecto – y de hecho, puede hacer que para ellas sea más fácil hacer algo al respecto.

En vez de demandar por medio de una corte "gubernamental", donde el juez puede ser sobornado para que apoye el millonario negocio…

La respuesta puede ser algo más efectivo, inclusive si por encima parece menos civilizada.

La gente que vive en el río puede hacer algo tan simple como decirle al propietario de la fábrica que si sigue permitiendo que su polución fluya por el río, destruirán físicamente su fábrica.

Obviamente, pueden haber formas más diplomáticas y pacíficas de resolver el problema, como boicotear o publicitar las prácticas inmorales de la fábrica.

De cualquier forma, la gente puede crear un efectivo efecto disuasorio para los comportamientos inapropiados, especialmente cuando no hay ningún "gobierno" involucrado que pueda ser comprado y corrompido.

Actualmente, muchas contribuciones de campaña se reducen a sobornos para que los reguladores "gubernamentales" miren para otro lado.

De la misma forma, las cortes "gubernamentales" pueden fácilmente encontrar razones para descartar casi cualquier demanda, permitiendo así que prosperen los criminales adinerados – los criminales que sí tienen víctimas de verdad.

El cliché del hombre de negocios avaricioso y malvado con frecuencia omite el hecho de que los crímenes de gran escala usualmente son cometidos con la cooperación de los oficiales del "gobierno".

Sin la protección del "gobierno", inclusive el emprendedor más avaricioso y desalmado tendría un enorme incentivo de no hacer enojar a sus clientes hasta el punto de que dejen de comprar sus productos…

O hasta el punto de que estos clientes reaccionen violentamente hacia él o ella.

La mayoría de personas, la mayoría del tiempo, se sentirían reacias a usar la fuerza sabiendo que ellas solas tendrían que sostener la responsabilidad y riesgos de usarla.

Siendo así, habría un enorme incentivo para arreglar disputas y desacuerdos de forma pacífica, y por medio de acuerdos mutuos.

Por otra parte, cuando la creencia en los "gobiernos" es prevalente, ya no hay ningún incentivo para arreglar las cosas pacíficamente, ya que ganar la batalla "política" no representa ningún riesgo para aquellos que apoyan la violencia por medio de "gobiernos".

Sin una clase gobernante a la cual llorarle para que le imponga legislativamente un plan central a todo el mundo, la gente se vería forzada a lidiar el uno con el otro como adultos racionales, en vez de niños chillones e irresponsables.

La gente se vería mejor servida por medio de intentos de cooperación y conciliación pacífica, que por medio de luchar para ver quién puede usar la espada del "gobierno".

Cuando el matoneo y la agresión ya no son reconocidos como formas legítimas de interacción humana, los seres humanos por necesidad aprenderán a "jugar limpio".

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