Identificando al enemigo | La superstición más peligrosa

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Desde nuestra tierna infancia se nos ha enseñado a someternos a la voluntad de la "autoridad".

Se nos ha enseñado, de una u otra forma, a obedecer los decretos de aquellos quienes, de una u otra forma, han adquirido posiciones de poder y control.

Desde el principio, que tan bueno es un niño o no se mide, ya sea de forma explícita o implícita…

* Primero, dependiendo de qué tan bien obedece a sus padres

* Luego, dependiendo de qué tan bien obedece a sus profesores

* Y finalmente, dependiendo de qué tan bien obedece las "leyes" de su "gobierno"

Sea de forma implicada o declarada, la sociedad está saturada con el mensaje de que la obediencia es virtud, y de que la gente buena es quienes hacen lo que la "autoridad" les dice hacer.

Como resultado de ese mensaje, los conceptos de moralidad y obediencia se han vuelto tan difusos en las mentes de las personas que cualquier ataque a la noción de la "autoridad" se sentirá, para la mayoría de personas, como un ataque a la moralidad en sí misma.

Cualquier sugerencia de que los "gobiernos" son inherentemente ilegítimos sonará como sugerir que todas las personas deberían comportarse como animales indiferentes y despiadados, viviendo la vida bajo el código de la supervivencia del más fuerte.

El problema es que el sistema de creencias de la persona promedio yace sobre una mescolanza de conceptos y suposiciones vagas, y usualmente contradictorias.

Términos como moralidad y crimen, ley y legislación, líderes y ciudadanos, usualmente son usados por personas quienes nunca han examinado racionalmente conceptos así.

Para entender la naturaleza de la "autoridad" y los "gobiernos", debemos empezar definiendo con precisión lo que estos términos significan.

¿Qué es esa cosa que llamamos "gobierno"?

Es una organización que le dice a la gente qué hacer.

Pero eso por sí solo no provee una definición completa, debido a que todo tipo de individuos y organizaciones que no llamamos "gobierno" también le dicen a la gente qué hacer.

Sin embargo, un "gobierno" no sugiere o pide el favor de hacer algo – un "gobierno" lo ordena.

De nuevo, podría decirse que anunciantes y predicadores también dan órdenes, pero ellos no son considerados "gobierno".

A diferencia de las "ordenes" de predicadores y anunciantes publicitarios, las ordenes de un "gobierno" están respaldadas por la amenaza de dar castigo – por el uso de la fuerza contra aquellos que no obedezcan.

Pero inclusive eso no nos da una definición completa, ya que delincuentes en la calle, y gente que hace matoneo / bullying también imponen sus órdenes a la fuerza, pero nadie se refiere a ellos como "gobierno".

La característica distintiva del "gobierno" es que se piensa que este tiene el derecho moral de dar órdenes, e imponerlas a la fuerza.

Sus órdenes se llaman "leyes", y desobedecer esas órdenes se llama "crimen".

En resumen, el factor definitivo que convierte a algo en "gobierno" es la percibida legitimidad y virtud del poder y control que ese algo ejerce sobre otros – en otras palabras, su "autoridad".

Siendo así, la "autoridad" puede ser resumida como el derecho a gobernar.

No es solo la simple habilidad de controlar a otros por la fuerza, la cual casi todo el mundo posee hasta cierto punto.

Es el supuesto derecho moral de controlar a otros por la fuerza.

Lo que distingue a una pandilla callejera de un "gobierno" es cómo ellos son percibidos por la gente que controlan.

Las intrusiones, robos, extorsiones, asaltos y asesinatos cometidos por matones comunes son percibidos por casi todas las personas como actos inmorales, injustificados y criminales.

Puede que las víctimas de esos matones obedezcan sus demandas, pero no por ningún sentimiento de obligación moral, sino por puro miedo.

Si las víctimas de la pandilla de matones consideraran que pueden resistirse sin ningún peligro para ellos mismos, ellos se resistirían sin el más mínimo sentimiento de culpa.

Ellos no perciben al matón de la calle como un gobernante legítimo y virtuoso.

Ellos no lo imaginan como "autoridad".

El botín que obtiene el matón no es referido como "impuesto", y sus amenazas no son llamadas "leyes".

Por otro lado, las órdenes dadas por aquellos que usan la etiqueta de "gobierno" son percibidas de una forma muy diferente por parte de aquellos quienes reciben las órdenes.

La mayoría de personas perciben como acciones válidas, legítimas, "legales", y buenas, el poder y control que los "legisladores" en el "gobierno" ejercen sobre toda la demás gente.

La mayoría de personas que siguen esas órdenes "obedeciendo la ley", y quienes renuncian a su dinero "pagando impuestos", no lo hacen por miedo a ser castigados si desobedecen, sino que lo hacen por un sentimiento de deber.

Nadie se enorgullece de que un matón callejero lo robe, pero muchos usan la etiqueta de "ciudadano que respeta la ley y paga sus impuestos" como una medalla de honor.

Esto se debe totalmente a cómo los obedientes perciben a quienes dan las órdenes.

Si los controladores son percibidos como "autoridad", entonces por definición los controladores son vistos como gente que tiene el derecho moral de dar esas órdenes, lo cual a su vez implica una obligación moral por parte de la gente de obedecer esas órdenes.

Ponerse a uno mismo la etiqueta de "ciudadano que respeta la ley y paga sus impuestos" es fanfarronear sobre su leal obediencia hacia su "gobierno".

En el pasado, algunas iglesias declaraban tener el derecho de castigar a los heréticos y a otros pecadores, pero en el mundo occidental de hoy en día, el concepto de la "autoridad" casi siempre está conectado a los "gobiernos".

De hecho, hoy en día, cada término implica el otro:

La "autoridad" supuestamente se deriva de los decretos ("leyes") del "gobierno", y el "gobierno" es la organización que la gente imagina que tiene el derecho a gobernar – es decir, que tiene "autoridad".

Es esencial diferenciar entre una orden siendo justificada por la situación, y una orden siendo justificada por quién dio la orden.

Solo el segundo tipo de "autoridad" es del que estaremos hablando en este libro, aunque el término ocasionalmente se usa en otro sentido, lo cual tiende a confundir esta distinción.

Por ejemplo, cuando alguien declara que tenía la "autoridad" de detener a un atracador para recuperar el bolso de una anciana, o dice que tenía la "autoridad" de ahuyentar intrusos de su propiedad, él o ella no está declarando que posee derechos especiales que otras personas no tienen.

En casos así, la persona simplemente está diciendo que él cree que ciertas situaciones justifican dar órdenes, o usar la fuerza.

En contraste, el concepto del "gobierno" se trata de que ciertas personas específicas tienen el derecho especial de gobernar.

Y esa idea, la noción de que algunas personas tienen el derecho moral de controlar a otros (como resultado de llevar a cabo elecciones, o algún otro ritual político, por ejemplo), en situaciones en las que la mayoría de personas NO tendrían ese derecho, es el concepto que se está abordando en este libro.

Solo aquellos que hacen parte de un "gobierno" son considerados como personas que tienen el derecho de decretar "leyes".

Solo ellos son considerados como personas que tienen el derecho de imponer "impuestos".

Solo ellos son considerados personas que tienen el derecho de declarar guerras, de regular ciertos asuntos, o de otorgar licencias para varias actividades, y así.

Cuando en este libro se discute "la creencia en la autoridad", ese es el significado al que nos estamos refiriendo:

A la idea de que algunas personas tienen el derecho moral de controlar a otros a la fuerza, y que por consecuencia, esas personas controladas tienen la obligación moral de obedecer.

También deberíamos resaltar que la "autoridad" siempre está en el ojo del que la mira.

Si aquel que es controlado cree que quien lo está controlando tiene el derecho de hacerlo, entonces aquel que es controlado ve a su controlador como "autoridad".

Si aquel que es controlado no percibe ese control como algo legítimo, entonces el controlador no es visto como "autoridad", sino que es visto como un matón o un delincuente.

Los tentáculos de la creencia en la "autoridad" alcanzan todos los aspectos de la vida humana, pero el denominador común siempre es la legitimidad percibida del control que ejerce sobre otros.

Cada "ley" y cada "impuesto" (federal, estatal y local), cada elección y campaña, cada licencia y permiso, cada debate y movimiento político…

En resumen, todo lo que tenga que ver con los "gobiernos", desde un decreto trivial para un pueblo, hasta una guerra mundial…

Yace totalmente sobre la idea de que ciertas personas de alguna forma, y en cierto grado, han adquirido el derecho moral de gobernar sobre otros.

El problema aquí no se trata del abuso de "autoridad", o un argumento sobre "gobiernos malos" contra "gobiernos buenos", sino una examinación fundamental del concepto subyacente de la "autoridad".

Sea que la "autoridad" sea vista como absoluta, o sea vista como algo que tiene condiciones o límites, puede tener algo que ver con qué tanto daño hace esa "autoridad"…

Pero no tiene que ver con si el concepto subyacente es racional o no.

Por ejemplo, la inmensa mayoría de estadounidenses imaginan que la constitución de los Estados Unidos ha creado una "autoridad" la cual, por lo menos en teoría, provee un derecho a gobernar severamente restringido.

Sin embargo, esta igual buscaba crear una "autoridad" con el derecho de hacer cosas (como "cobrar impuestos" e "imponer regulaciones") las cuales un ciudadano promedio no tiene el derecho de hacer por sí solo.

Aunque esta constitución pretende otorgar el derecho a gobernar solo sobre ciertas cuestiones específicas, esta de todas formas declaraba otorgarle "autoridad" a una clase gobernante.

Y así, esta constitución, y cualquier otra constitución, también son un blanco de los siguientes criticismos hacia la "autoridad" – no solo la "autoridad" de un dictador supremo.

(Por cierto, el término "autoridad" a veces es usado en formas que nada tienen que ver con el tema de este libro.

Por ejemplo, aquel que es un experto en algún área usualmente es referido como una "autoridad" en el área.

De igual forma, una relación puede parecer de "autoridad", pero no involucra ningún derecho a gobernar.

Por ejemplo, la relación de empleador-empleado es vista como si allí hubiese un "jefe" y un "subordinado".

Sin embargo, sin importar que tan dominante o prepotente sea un empleador, él o ella no puede obligar a sus empleados a trabajar, ni los puede meter a una prisión por su desobediencia.

El único poder que el empleador realmente tiene es el poder de terminar el acuerdo con el empleado, despidiéndolo.

Y el empleado posee ese mismo poder, ya que puede renunciar al trabajo.

Lo mismo es cierto para otras relaciones que parecen de "autoridad", como un artesano y su aprendiz, un sensei de artes marciales y su pupilo, o un entrenador y el atleta que él o ella entrena.

Escenarios así involucran acuerdos mutuos llevados a cabo voluntariamente, en el cual ambas partes son libres de salir del acuerdo.

Una relación así, en la que la persona A voluntariamente le permite a una persona B dirigir sus acciones con las esperanzas de que la persona A se beneficiará de los conocimientos y/o habilidades de la persona B…

Ese no es el tipo de "autoridad" a la que me refiero en este libro.)

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