La religión del "gobierno" | La superstición más peligrosa

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"Gobierno" no es un concepto científico, ni tampoco es un constructo sociológico racional.

Tampoco es un método lógico / práctico para la organización y cooperación humana.

La creencia en el "gobierno" no está basada en la razón – está basada en la fe.

La realidad es que la creencia en los "gobiernos" es una religión conformada por enseñanzas dogmáticas – doctrinas irracionales que se derrumban ante la evidencia y la lógica, las cuales son metódicamente memorizadas y repetidas por las personas de fe.

Como otras religiones, el evangelio del "gobierno" describe una entidad súper-humana y súper-natural, por encima de los simples mortales, la cual declara mandamientos para los plebeyos, para quienes una obediencia incondicional es un imperativo moral.

Desobedecer los mandamientos ("violar la ley") es visto como un pecado, y la gente de fe se deleita con el castigo hacia los impíos y pecadores ("criminales"), mientras que sienten un gran orgullo en su propia lealtad y humilde sumisión a su dios (como "ciudadanos que pagan impuestos y cumplen las leyes").

Y aunque los meros mortales pueden rogarle favores y permisos humildemente a sus amos, se considera blasfemo y ultrajante que uno de los bajos plebeyos se imagine a sí mismo apto para decidir cuáles de las "leyes" del dios "gobierno" él o ella debería seguir, y cuáles puede ignorar.

Su mantra es: "Tú puedes esforzarte para intentar cambiar la ley, pero mientras la ley sea la ley, ¡todos la tenemos que seguir!"

La naturaleza religiosa de la creencia en la "autoridad" se hace evidente para todos siempre que la gente se levanta solemnemente, con sus manos puestas sobre sus corazones, y religiosamente proclaman su fe y lealtad inquebrantables, a una bandera y a un "gobierno" (la "república").

En los Estados Unidos, rara vez se le ocurre a aquellos que recitan el Juramento de Lealtad, mientras sienten gran orgullo, que lo que están haciendo es jurarle lealtad a un sistema subyugante de control autoritario.

En resumen, ellos están prometiendo hacer lo que les ordenen, y comportarse como los súbditos leales de sus amos.

Aparte de la frase evidentemente falsa al final del juramento que habla de "libertad y justicia para todos", el juramento entero habla sobre sumisión al "gobierno" que declara representar colectivamente a la gente, como si esa fuese una meta grandiosa y noble.

Ese juramento, y la mentalidad y emociones que intenta producir, aplicaría igualmente bien a cualquier otro régimen tiránico en la historia:

Es una promesa a ser obediente, a ser fácilmente controlado, y subordinarse a uno mismo a "la república", en lugar de una promesa de hacer lo correcto.

Muchos otros rituales y canciones patrióticas, además de la abierta reverencia religiosa que se le da a dos trozos de papel – la declaración de independencia, y la constitución de los Estados Unidos – también demuestra que las personas no ven al "gobierno" solo como una necesidad práctica…

Sino que lo ven como un dios, que debe ser alabado y adorado, honrado y obedecido.

El principal factor que distingue la creencia en los "gobiernos" de las demás religiones de hoy en día es que la gente de verdad cree en el dios llamado "gobierno".

Los otros dioses en los que la gente dice creer, y las iglesias a las que ellos atienden actualmente son, en comparación, poco más que rituales vacíos y supersticiones repetidas desanimadamente.

En sus vidas diarias, el dios al que la gente en realidad le reza para que los salve de la miseria, para derrotar a sus enemigos, y para llenarlos de bendiciones, es el dios "gobierno".

Son del "gobierno" las órdenes que la gente con mayor frecuencia respeta y obedece.

Sea que un conflicto surja entre un "gobierno" y las enseñanzas de un dios inferior – como "Paga tu parte justa " (cobro de impuestos) contra "No robarás", o "Deber a tu país" (servicio militar) contra "No matarás"…

Los mandamientos del "gobierno" desbancan todas las enseñanzas de las otras religiones.

Los políticos, los sumos sacerdotes de la iglesia del "gobierno" – los portavoces y representantes del "gobierno" quienes hacen entrega de las sagradas "leyes" desde los cielos…

Inclusive declaran abiertamente que es permisible que la gente practique la religión que quiera, siempre y cuando esta no vaya en contra de la religión suprema desobedeciendo "la ley" – las órdenes del dios llamado "gobierno".

Tal vez lo más revelador es que si llegas a sugerirle a la persona promedio que tal vez no existe ningún dios, él o ella probablemente responderá de forma menos emocional y hostil que si le sugirieras la idea de vivir sin "gobierno".

Esto indica hacia qué religión la gente se siente más apegada, y cuál religión ellos creen con más firmeza.

De hecho, ellos creen tan profundamente en el "gobierno" que no lo reconocen para nada como una creencia.

La razón por la que muchas personas responden a la idea de una sociedad sin "gobiernos" (anarquía) con insultos, predicciones apocalípticas, y pataletas emocionales, en vez de un razonamiento calmado…

Es porque su creencia en el "gobierno" NO es el resultado de una consideración cuidadosa y racional de la evidencia y la lógica.

Es, en todo sentido, una fe religiosa mantenida únicamente debido al prolongado adoctrinamiento que ha sufrido la persona.

Y no hay casi nada que aquellos que adoran a los gobiernos encuentren más existencialmente terrorífico que contemplar la posibilidad de que el "gobierno" – su protector, salvador, profesor y amo – no existe en realidad, y nunca existió.

Muchos rituales políticos tienen un tono expresamente religioso:

* Los grandiosos edificios gubernamentales con aire de catedrales religiosas

* Los bombos y platillos de las inauguraciones y otras ceremonias gubernamentales

* Los disfraces tradicionales y rituales milenarios

* La forma en que los miembros de la clase gobernante son tratados y descritos (por ejemplo, cuando ellos son llamados "honorables")

Todo eso le da a los actos políticos un aire de santidad y reverencia, mucho más indicativos de rituales religiosos que de una forma práctica de organización colectiva.

Sería útil contar con una deidad moralmente superior y toda-poderosa para proteger a los inocentes y prevenir las injusticias…

Y eso es lo que los estatistas esperan que sea el "gobierno":

Un "árbitro definitivo" que es sabio, imparcial, omnisciente y omnipotente, que ignorará y superará los egoístas caprichos de los humanos, y que dispensará justicia y ecuanimidad sin cometer error alguno.

Sin embargo, algo así no existe, no puede existir algo así, y existen muchas razones de por qué es tonto e ingenuo ver a los "gobiernos" como la solución a la imperfección humana.

La gente puede decir que quiere que su "gobierno" imponga reglas objetivas de comportamiento civilizado…

Pero lo que cada estatista realmente quiere es que su propia idea de justicia y moralidad sea impuesta por la "autoridad".

Pero el estatista no se da cuenta que en el momento en el que exista una "autoridad", ya no está en manos del estatista decidir qué cuenta como moral y justo – la "autoridad" es la que tendrá el derecho de declarar eso.

Y así, una y otra vez, los creyentes en la "autoridad" han intentado crear una fuerza todo-poderosa para el bien, consagrando a algunas personas como gobernantes…

Solo para rápidamente descubrir que una vez el amo está en el trono, a él o ella no le importa lo que sus esclavos esperaban que él o ella haría con el poder que ellos le han dado.

Y esto le ha ocurrido a todo tipo de estatistas, todos con diferentes creencias y objetivos:

* Los socialistas aseguran que se necesita de un "gobierno" para redistribuir "justamente" la riqueza

* Los objetivistas declaran que un "gobierno" es necesario para proteger los derechos individuales de las personas

* Los constitucionalistas aseguran que un "gobierno" es necesario para llevar a cabo única y exclusivamente aquellas tareas enumeradas en la constitución

* Los creyentes en la democracia declaran que un "gobierno" es necesario para llevar a cabo la voluntad de la mayoría

* Muchos cristianos aseguran que un "gobierno" es necesario para imponer las leyes de su dios

* Y así

Y en cada caso los estatistas terminan decepcionados porque la "autoridad" siempre cambia el plan, y termina sirviendo es los intereses de la gente que se encuentra en el poder.

Una vez un conjunto de gobernantes está "a cargo", lo que las masas pretendían que los gobernantes hicieran con su poder ya no importa.

Este hecho ha sido demostrado con cada "gobierno" en la historia:

Una vez la gente crea un amo, la gente, por definición, ya no está a cargo.

Esperar lo contrario, inclusive sin todos los ejemplos históricos que existen, es absurdo.

Esperar que el amo sirva a sus esclavos – esperar que el poder sea usado solo para el beneficio del esclavo que está siendo controlado, y no para el beneficio del amo – es ridículo.

Lo que lo hace todavía más demente es que los estatistas aseguran que designar gobernantes es la única forma de lidiar con las imperfecciones y no-confiabilidad de los humanos.

Los estatistas ven un mundo lleno de extraños, cada uno con motivaciones cuestionables y moralidad dudosa, y tienen miedo de lo que algunas de esas personas pueden hacer.

Como tal, esa es una preocupación perfectamente razonable.

Pero luego, como protección contra lo que algunas de esas personas podrían hacer, el estatista propone lo siguiente:

Darle a algunas de esas mismas personas de cuestionable virtud una enorme cantidad de poder, y el permiso social de gobernar sobre todos los demás, con la esperanza en vano de que, por milagro, esas personas decidirán usar sus nuevos poderes solo para el bien.

En otras palabras, el estatista mira a su prójimo y piensa, "No confío en ti como mi vecino, pero sí confío en ti como mi amo."

Descabelladamente, casi todos los estatistas admiten que los políticos son más deshonestos, corruptos, confabuladores y egoístas que la mayoría de personas…

Pero igual insisten en que la civilización solo puede existir si a esas personas particularmente no-confiables se les da tanto el poder como el derecho de controlar a la fuerza al resto de la gente.

Los creyentes en el "gobierno" de verdad creen que lo único que puede mantenerlos a salvo de los defectos de la naturaleza humana es agarrar a algunos de esos humanos defectuosos – de hecho, algunos de los MÁS defectuosos…

Y designarlos como dioses, con el derecho de dominar a toda la humanidad, con la absurda esperanza de que si se les da ese tremendo poder, esas personas lo usarán para el bien.

Y el hecho de que eso jamás ha ocurrido en la historia del mundo no detiene a los estatistas de insistir que los "gobiernos" son "necesarios" para asegurar la existencia de una civilización pacífica.

(Nota personal del autor:

Digo todo esto como alguien que solía ser un devoto estatista, quien durante la mayoría de mi vida no solo aceptaba las fantasiosas y auto-contradictorias racionalizaciones que "soportaban" el mito de los "gobiernos", sino que yo mismo esparcía la mitología vehementemente.

Yo no me escapé de mi propio adoctrinamiento autoritario de forma rápida y cómoda, sino que abandoné la superstición lentamente y a regañadientes, con muchos "berrinches" intelectuales en el camino.

Menciono esto solo para que se entienda que cuando me refiero a la creencia en la "autoridad" como totalmente irracional y demente, estoy atacando mis propias creencias anteriores tanto como las de cualquier otra persona.)

Otra forma de verlo es que que los estatistas se preocupan de que personas diferentes tengan creencias diferentes, puntos de vista diferentes, y estándares diferentes de moralidad.

Ellos expresan preocupaciones como, "¿Qué hacemos si no hay gobierno y un sujeto piensa que es moral matarme y robar mis cosas?"

Sí, ciertamente existen percepciones conflictivas que pueden llevar a conflictos, las cuales siempre han existido y siempre existirán.

La "solución" autoritaria consiste en que, en vez de que cada persona decida por sí misma qué es lo correcto, y qué debería hacer…

Que en su lugar debería haber una "autoridad" central que creará un conjunto de reglas que serán impuestas sobre todos.

Obviamente los estatistas tienen la esperanza de que esa "autoridad" declarará e impondrá las reglas correctas, pero ellos nunca explican cómo o porqué ocurriría eso.

Ya que los mandatos del "gobierno" son escritos por simples seres humanos – usualmente humanos excepcionalmente corruptos y hambrientos de poder – ¿Por qué alguien esperaría que las "reglas" que esos seres humanos declaren sean mejores que las "reglas" que cada individuo elegiría para sí mismo?

La creencia en el "gobierno" no hace que todos estén de acuerdo – solo crea una oportunidad para escalar drásticamente desacuerdos personales a través de guerras a gran escala, y opresión en masa.

Además, tener la "autoridad" de resolver una disputa tampoco hace nada para garantizar que el lado "correcto" gane.

Pero aún así los estatistas hablan como si el "gobierno" fuese a ser justo, razonable, y racional en situaciones en las que meros individuos no lo serían.

De nuevo, esto demuestra que los creyentes en los "gobiernos" imaginan a la "autoridad" como algo que tiene virtudes súper-humanas en las cuales se debería confiar por encima de las virtudes de meros mortales.

Pero la historia muestra lo contrario.

Un retorcido sentido de moralidad en una persona, o en unas pocas, puede resultar en el asesinato de una persona, o inclusive docenas…

Pero ese mismo retorcido sentido de moralidad que yace en unas pocas personas, cuando obtienen control de la máquina llamada "gobierno", puede resultar en el asesinato de millones.

El estatista quiere que su idea de las "reglas buenas" sean forzadas sobre todos por una "autoridad" central, pero no tiene cómo hacer que ocurra, ni ninguna razón para esperar que eso ocurrirá.

En su búsqueda por un "chico bueno" todo-poderoso que salve el día, los estatistas siempre terminan creando chicos malos todo-poderosos.

Una y otra vez ellos construyen gigantescos y monstruosos "gobiernos" con la esperanza de que ellos defenderán a los inocentes…

Solo para encontrar que los monstruos se convierten en una amenaza mucho más grande para los inocentes, que las amenazas que se supone que los "gobiernos" debían evitar.

Irónicamente, lo que los estatistas en realidad terminan construyendo con sus intentos de garantizar justicia para todos… es la legitimación de la maldad.

La verdad es que todo lo que hace la creencia en la "autoridad", y todo lo que siempre hará, es introducir más violencia inmoral a la sociedad.

Esta no es una coincidencia desafortunada, sino el efecto secundario de una idea básicamente buena.

Es algo evidente basado en la naturaleza de la creencia en la "autoridad", y es fácil de probar lógicamente.

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