Las reglas del juego | La superstición más peligrosa

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Inclusive la mayoría de personas que declaran amar la libertad, y que creen en la existencia de derechos "inalienables", permiten que la superstición de la "autoridad" limite drásticamente la efectividad de sus acciones.

La mayoría de lo que hacen estas personas, de una u otra forma, consiste en pedirle a los tiranos que cambien sus "leyes".

Sea que activistas hagan campañas por o contra un candidato en particular, o hagan cabildeo por o contra una cierta pieza de "legislación", ellos simplemente están reforzando la suposición de que la obediencia a la autoridad es un imperativo moral.

Cuando los activistas intentan convencer a los políticos de que reduzcan los "impuestos", o que revoquen una "ley", esos activistas implícitamente están admitiendo que necesitan el permiso de sus amos para poder ser libres.

Y la persona que "se postula para un cargo político", prometiendo luchar por la gente, también implica que depende de quienes están en el "gobierno" decidir lo que los plebeyos tienen permiso de hacer.

Como una vez dijo Daniel Webster:

"Hay hombres de todas las edades que tienen la intención de gobernar bien… pero su intención igual es gobernar.

Ellos prometen ser buenos amos… pero su intención ES ser amos."

Los activistas gastan enormes cantidades de tiempo, dinero y esfuerzo rogándole a sus amos que cambien sus órdenes.

Muchos inclusive se esfuerzan para resaltar el hecho de que están "trabajando dentro del sistema", y que no están apoyando nada que sea "ilegal".

Esto demuestra que, sin importar su descontento con aquellos en el poder, ellos todavía creen en el mito de la "autoridad", y cooperarán con la injusticia "legal" a menos que, y hasta que puedan convencer a sus amos de que cambien las reglas…

Hasta que puedan convencerlos de que "legalicen" la justicia.

Aunque el mensaje previsto de los disidentes es que desaprueban lo que los amos están haciendo, el mensaje real que envían todas las acciones políticas a quienes están en el poder es:

"Deseamos que cambien sus órdenes, pero nosotros seguiremos obedeciendo sea que cambien sus órdenes o no."

La verdad es que aquel que busque alcanzar la libertad haciéndole peticiones a aquellos en el poder para que se la den, ya habrá fracasado sin importar la respuesta.

Rogar por la bendición de la "autoridad" es aceptar que la decisión está totalmente en manos del amo, lo que significa que la persona ya es, por definición, un esclavo.

Aquel que ruega por menos "impuestos" implícitamente está de acuerdo con que está en manos de los políticos qué tanto una persona puede mantener de lo que se ha ganado.

Aquel que le ruegue a los políticos que no lo desarmen (por medio del "control de armas") está concediendo que es la decisión del amo si la persona puede tener armas o no.

De hecho, aquellos que hacen cabildeo para que los políticos respeten los "derechos inalienables" de las personas no creen para nada en los derechos inalienables.

Si unos derechos requieren de la aprobación de un "gobierno" entonces no son inalienables… de hecho, ni si quiera son derechos.

Esos vendrían a ser privilegios, otorgados o retenidos según los caprichos del amo.

Y aquellos quienes sostienen las posiciones de poder saben que no tienen nada que temer de gente que no hace nada más que rogarles patéticamente por libertad y justicia.

Sin importar lo fuerte que hablen los disidentes sobre "demandar" sus derechos, el mensaje que en realidad están enviando es este:

"Amo, estamos de acuerdo con que depende de usted lo que nosotros podamos hacer o no."

Ese mensaje subyacente puede verse en todo tipo de actividades erróneamente imaginadas como formas de resistencia.

Por ejemplo, la gente usualmente participa en protestas en frente de edificios "gubernamentales", cargando letreros y pancartas, corando lemas, y a veces inclusive participando en violencia, para expresar su descontento por lo que los amos están haciendo.

Sin embargo, en su mayoría, esas "protestas" no hacen más que reforzar el autoritarismo.

Las marchas, las sentadas, las protestas, y actividades así, están diseñadas para enviarle un mensaje al amo, y el objetivo es convencer a que los amos dejen de ser tan malos.

Pero ese mensaje igualmente implica que depende de los amos lo que la gente puede hacer o no, lo cual se convierte en una profecía auto-cumplida:

Cuando la gente se siente obligada a seguir a una "autoridad", ellos son obligados a seguir una "autoridad".

Aquellos en los "gobiernos" derivan todo su poder del hecho de que sus súbditos se imaginan que los "gobernantes" tienen poder.

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