Los experimentos Milgram | La superstición más peligrosa

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En resumen, los estudios Milgran fueron diseñados para determinar hasta qué punto la gente normal y ordinaria le causaría dolor a gente desconocida, solo porque una figura de "autoridad" se los ordenó.

Para una descripción completa de los experimentos y los resultados puedes consultar el libro del Doctor Milgram: Obedience to Authority [Obediencia a la Autoridad]. La siguiente es una corta sinopsis de sus experimentos y hallazgos:

A los sujetos de prueba se les pidió ser voluntarios para lo que les dijeron que era un experimento sobre la memoria humana.

Bajo la supervisión de un científico (la figura de "autoridad"), una persona era atada a una silla y conectada a electrodos, y la otra persona – el sujeto real del estudio – se sentaba en frente de una máquina que generaba choques eléctricos.

Al sujeto en frente de la máquina de choques le decían que la meta del experimento era probar si darle un choque eléctrico a la otra persona cuando él o ella respondía mal una pregunta de memorización afectaría su habilidad de recordar cosas.

Sin embargo, la verdadera meta del estudio era probar hasta que punto el sujeto frente a la máquina de choques le causaría dolor a un desconocido inocente, simplemente porque una "autoridad" percibida se lo ordenó.

La máquina de choques tenía varios interruptores que iban hasta 450 voltios, y la idea era que el sujeto de pruebas incrementara el voltaje, y administrara otro choque eléctrico, cada vez que la persona con los electrodos respondía mal una pregunta.

En realidad la persona con los electrodos era un actor que no estaba recibiendo choques eléctricos en lo absoluto, pero dependiendo del supuesto nivel de voltaje de la máquina…

* Él o ella gritaría de dolor

* Se quejaría de problemas de corazón

* Exigiría detener el experimento

* Gritaría suplicando piedad

* Y finalmente, quedaría totalmente en silencio, fingiendo estar inconsciente o muerto

Además, la supuesta máquina de choques estaba marcada con etiquetas de peligro en los interruptores con el nivel de voltaje más alto.

Los resultados de este experimento impactaron incluso al mismo Doctor Milgram:

En resumen, una significativa mayoría de los sujetos del estudio, casi dos de tres, seguían el experimento hasta el final, produciéndole lo que ellos creían que era choques eléctricos terriblemente dolorosos – si no letales – a un total desconocido…

A pesar de los gritos de agonía, súplicas de piedad, e inclusive la inconsciencia o muerte de la víctima / actor.

El Doctor Milgram resumió, de forma concisa, la conclusión a la que se llegó:

"Con una gran regularidad, la gente buena fue vista sucumbiendo ante las demandas de la autoridad, llevando a cabo acciones que eran crueles y severas…

Una sustancial proporción de personas hacen lo que otros les ordenan hacer, sin importar el contenido del acto, y sin limitaciones de consciencia, siempre y cuando perciban que las órdenes vienen de una autoridad legítima."

Vale la pena notar que en los experimentos no había amenaza de que el sujeto que producía los choques eléctricos fuese castigado por no obedecer las ordenes, ni tampoco había ninguna recompensa especial prometida por ser obediente.

Así que los hallazgos no fueron el resultado de que alguien le hiciera daño a otro para "salvar su propio pellejo", o para obtener ganancias a costa de otro.

En vez de eso estos resultados demostraron que, inclusive en la ausencia de cualquier promesa de recompensa o castigo, la persona promedio le causará un horrible dolor, inclusive la muerte, a un total desconocido, por ninguna otra razón que se lo ordenó una percibida "autoridad".

Este punto no puede ser enfatizado lo suficiente:

Existe una creencia en particular que lleva a la gente buena a hacer cosas malas – inclusive cosas cruelmente malvadas.

Inclusive las atrocidades del Tercer Reich de Hitler fueron el resultado NO de millones de personas malvadas, sino de un pequeño puñado de gente verdaderamente malvada quienes adquirieron posiciones de "autoridad", y millones de personas obedientes quienes simplemente hicieron lo que esa "autoridad" percibida les ordenó hacer.

En su libro sobre el burócrata mayor de Hitler, Adolf Eichmann (a veces llamado el "arquitecto del holocausto"), la autora Hannah Arendt usó la frase "la banalidad de la maldad" para referirse al siguiente hecho:

La mayoría de actos malvados no son el resultado del odio o malicia personal, sino que son simplemente el resultado de la obediencia ciega – individuos renunciando a su propio albedrío y juicio a favor de una sumisión irreflexiva a una "autoridad" imaginada.

Es interesante notar que tanto el libro de Arendt, y los experimentos del doctor Milgram, ofendieron a muchas personas. La razón por qué es simple:

A las personas a quienes se les ha enseñado a respetar a la "autoridad", y se les ha enseñado que la obediencia es una virtud, y que cooperar con la "autoridad" es lo que nos hace civilizados…

No les gusta escuchar la verdad:

El hecho de que la gente realmente malvada, con toda su malicia y odio, representan una amenaza mucho menor a la humanidad que toda la gente básicamente buena que cree en la "autoridad".

Cualquier persona que examine honestamente los resultados de los experimentos del doctor Milgram no puede escapar este hecho.

Pero a parte de la lección general que se puede aprender de los experimentos Milgram – que la mayoría de personas lastimarán intencionalmente a otras personas, si una "autoridad" percibida se los ordena…

Hay otros hallazgos en el trabajo de Milgram que vale la pena notar:

1) Muchos de los sujetos de prueba en los experimentos mostraron señales de estrés, culpa, y angustia, a la hora de producirle dolor a otros, pero aún así continuaron haciéndolo.

Este hecho demuestra que los sujetos de prueba no eran simplemente un montón de sádicos buscando una excusa para lastimar a otros – por el contrario, los sujetos no disfrutaron para nada de la experiencia.

Además, esto muestra que los sujetos sabían que lo que estaban haciendo estaba mal, pero igual lo hicieron porque una "autoridad" se los había ordenado.

Algunos sujetos protestaron, pidieron poder parar, temblaban incontrolablemente, e inclusive algunos lloraron, pero casi todos siguieron hasta el final del experimento.

La conclusión no podría ser más obvia:

La creencia en la "autoridad" hace que la gente buena cometa actos malvados.

2) El nivel de ingresos, el nivel de educación, la edad, sexo, y otros factores demográficos de los sujetos parecieron tener poco o ningún efecto en los resultados.

Estadísticamente hablando, una mujer joven, adinerada, culta y educada obedecerá tan fácilmente una orden autoritaria de agredir a alguien más, como un hombre analfabeta y pobre que hace trabajo manual.

El factor común compartido por todos aquellos que siguieron hasta el final del experimento es que (obviamente) creían en la "autoridad".

De nuevo, el mensaje que se puede aprender de esto, sin importar lo preocupante que sea, es lógicamente inescapable:

Casi sin importar cualquier otro factor, la creencia en la "autoridad" convierte a la gente buena en agentes de la maldad.

3) Cuando se le describe a la persona promedio el experimento, pero sin incluir los resultados, creen que la compasión y conciencia de la mayoría de personas los detendría de continuar el experimento hasta el final.

Los psiquiatras profesionales predecían que solo una de cada mil personas obedecerían hasta el final del experimento, cuando en realidad fueron más o menos un 65% de sujetos.

Y cuando se le pregunta a la persona promedio (quien no ha sido sujeto al experimento) si personalmente hubiese seguido hasta el final del experimento si él o ella hubiese sido probada…

La persona normalmente insiste que no hubiese hecho eso…

Sin embargo, la mayoría de personas sí lo hacen.

De nuevo, el mensaje es preocupante pero indiscutible:

Casi todos subestiman enormemente la proporción hasta la que la creencia en la "autoridad", inclusive en la persona misma, puede ser usada para persuadir a gente buena para que cometa actos malvados.

4) El Doctor Milgram también encontró que algunos de los sujetos de prueba, desafiando toda la razón, estaban determinados en echarle la culpa de los resultados de su obediencia ciega a la víctima – aquel que estaba recibiendo los choques eléctricos.

En otras palabras, a través de quién sabe que tipo de retorcida mentalidad, algunos de los sujetos dando los choques eléctricos se imaginaban que de alguna forma, la víctima era la responsable por su propio sufrimiento.

Con eso en mente, no debería ser sorpresa que cuando se descubren a oficiales de policía asaltando a civiles inocentes, o cuando se descubren soldados aterrorizando o asesinando a prisioneros…

Su defensa usualmente es echarle la culpa a la víctima, sin importar qué tanto los agresores autoritarios tienen que enredar la verdad y la lógica para poder hacerlo.

Es interesante notar que aunque en los juicios de Nuremberg, "solo estaba siguiendo órdenes" no fue aceptado como una excusa válida por lo que hicieron los nazis…

Esta sigue siendo la respuesta por defecto de soldados, policías, recolectores de impuestos, burócratas, y otros agentes de la "autoridad", siempre que la moralidad de su comportamiento es cuestionada.

En los experimentos de Milgram, y en incontables abusos de poder en la vida real, aquellos quienes agreden intencionalmente a otros simplemente recaen sobre la excusa por defecto…

Declarando que ellos no son personalmente responsables porque simplemente estaban siguiendo órdenes.

En los experimentos de Milgram, varios sujetos inclusive le preguntaron directamente a la figura de "autoridad" quién de ellos era responsable por lo que estaba ocurriendo.

Cuando la figura de "autoridad" decía que él – la figura de "autoridad" en sí – era el responsable de lo que ocurriera, la mayoría de sujetos de prueba seguían el experimento sin más discusión…

Aparentemente sintiéndose tranquilos con la noción de que lo que sea que ocurriera a partir de ahí ya no era su culpa, y que ellos no se harían responsables.

De nuevo, el mensaje es difícil de escapar:

La creencia en la "autoridad" resulta en que gente básicamente buena se disocien a sí mismos de los actos malvados que ellos mismos cometen, aliviándolos de cualquier sentimiento de responsabilidad personal.

5) Cuando se le daba la opción al sujeto de pruebas de elegir qué voltaje utilizar, muy rara vez este iría más allá de los 150 voltios, el punto en el que la "víctima" que pretendía recibir choques eléctricos diría que ya no quería seguir.

Es muy importante notar que hasta ese punto – casi todos los sujetos llegaron a ese punto – la "víctima" echaba gruñidos de dolor, pero no pedía que el experimento se detuviera.

Como resultado, el sujeto produciendo los choques podría decir muy razonablemente que la "víctima" recibiendo los choques había aceptado el acuerdo, y que hasta ese punto esa "víctima" era un participante dispuesto.

Es interesante notar que, de los pocos sujetos quienes NO llegaron hasta el final, muchos de ellos se detuvieron tan pronto como la "víctima" dijo que quería que el experimento terminara.

Esta podría ser nombrada la "línea libertaria", ya que una vez la "víctima" pide ser desatada, que el sujeto de pruebas siguiera dándole choques eléctricos sería iniciar violencia contra otra persona – precisamente aquello que oponen los libertarios.

Desafortunadamente, aquellos que se detienen en la "línea libertaria" solo son una minoría de la población.

Y para el resto, los hallazgos son perturbadoramente claros:

De aquellas personas, quienes a petición de una "autoridad" le darían choques eléctricos a un extraño quien calmadamente ha dicho, "Ya no quiero seguir haciendo esto…", la mayoría seguirían causando dolor, inclusive si la víctima estuviese gritando de agonía.

¿Es esto porque la gente es naturalmente malvada?

No. Es porque ellos han sido acondicionados a hacer lo que les ordenan, y han sido adoctrinados en la superstición más peligrosa de todas:

La creencia en la "autoridad".

Sobresale el hecho de que inclusive el doctor Milgram no pudo escapar su propio adoctrinamiento al culto de la adoración a la "autoridad".

De paso, y con pocos comentarios, inclusive él opinó que, "no podemos tener una sociedad sin algún tipo de estructura de autoridad".

Él hizo un débil intento de defender la enseñanza de la obediencia hacia la "autoridad" diciendo:

"La obediencia con frecuencia es racional. Tiene sentido seguir las órdenes de un doctor, obedecer las señales de tráfico, y salir de un edificio cuando la policía nos informa que hay una amenaza de bomba."

Sin embargo, ninguno de esos ejemplos requiere ni justifica la creencia en la "autoridad".

A pesar de la forma en que la gente suele hablar, los doctoren no dan "órdenes".

Ellos solo son "autoridades" en el sentido de que tienen conocimientos en el campo de la medicina, pero no en el sentido de tener el derecho a gobernar.

En cuanto a los otros ejemplos, la principal razón para observar las reglas del camino, o salir de un edificio con una bomba, no es porque la obediencia a la "autoridad" sea una virtud, sino porque la alternativa es salir lastimado o hasta morir.

Si una persona sin "autoridad" percibida en un teatro sacara una bomba de debajo de su asiento, la levantara para que todos la vieran, y dijera:

"¡Miren, una bomba! ¡Huyamos de aquí!"

¿Acaso todos se quedarían donde están porque la persona no es percibida como una "autoridad"?

Por supuesto que no.

Y si el "gobierno" revocara la "ley" que decía por qué lado del camino es que la gente debería conducir, ¿acaso la gente empezaría a serpentear aleatoriamente en sus coches?

Por supuesto que no.

Ellos seguirían conduciendo por el lado derecho del camino porque no querrían estrellarse el uno contra el otro.

Así, aunque inclusive el doctor Milgram se aferró a la noción de que la creencia en la "autoridad" a veces es necesaria y buena, él no logró dar un argumento racional para soportar su declaración.

Es un testamento de la fortaleza del mito de la "autoridad" el hecho de que inclusive alguien que había presenciado lo que el doctor Milgram había presenciado, al final no pudo abandonar completamente la superstición.

Después de que el doctor Milgram publicó sus hallazgos, muchas personas se sintieron impactadas y consternadas por el grado hasta el que la gente normal estaba dispuesta a causarle dolor o muerte a desconocidos inocentes, cuando se los pedía una "autoridad" percibida.

Pruebas similares llevadas a cabo a partir de los experimentos del doctor Milgram han producido resultados similares, lo cual sigue impactando a la gente.

Sin embargo, esos resultados no deberían ser sorpresivos para nadie quien se ha puesto a mirar cómo es que los seres humanos son criados.

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