El mito del contrato | La superstición más peligrosa

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La mitología que rodea a la constitución estadounidense (y las de otros países) declara que esta sirvió como un tipo de contrato entre el pueblo y los nuevos "sirvientes" en el congreso.

Pero no hay ni una sola pizca de verdad en esa declaración.

Uno no puede, firmando un contrato, atar a otra persona a un "acuerdo".

La idea de que una docena de hombres blancos adinerados y propietarios de tierras pudiesen llevar a cabo un contrato a nombre de los otros más de dos millones de personas que entonces vivían en Estados Unidos…

Es simplemente absurdo.

Además, ningún contrato puede crear un derecho que ninguno de los participantes posee, lo cual es lo que todas las constituciones de los "gobiernos" pretenden hacer.

La forma del documento deja claro que no era un contrato real, sino un intento de fabricar de la nada el derecho a gobernar, sin importar lo "limitado" que se pretendía que fuese ese derecho.

Un acuerdo real por medio de un contrato es algo fundamentalmente diferente a cualquier otro documento que intenta crear un "gobierno".

Por ejemplo, si mil colonos estadounidenses hubiesen firmado un contrato que dijera:

"Estamos de acuerdo con que daremos una décima parte de lo que produzcamos, a cambio de los servicios de protección de la compañía de protección George Washington."

En ese caso los colonos sí estarían atados por ese acuerdo.

(Por cierto, crear un acuerdo y quebrantarlo es una forma de robo, similar a ir a la tienda y llevarte algo sin pagar por él.)

Pero ellos no pueden atar a otras personas a ese acuerdo, ni tampoco pueden usar ese acuerdo para darle a la "compañía de protección George Washington" el derecho de empezar a atracar o a controlar a otras personas que no tuvieron nada que ver con el contrato.

Además, aunque la constitución pretende autorizar al "congreso" para que pueda hacer varias cosas, esta no le exige al congreso que deba hacer nada.

¿Qué persona cuerda firmaría un contrato en el que no se le exigiera a la otra parte a hacer nada?

(En el caso DeShaney vs. Winnebago, 489 U.S. 189, la corte suprema oficialmente declaró que el "gobierno" no tiene ningún deber de proteger al público.)

El resultado es que la constitución, en vez de ser un contrato brillante, útil y válido, fue un demente intento por parte de un puñado de hombres de subyugar unilateralmente a millones de personas al control de una máquina de agresión…

A cambio de ninguna garantía de nada.

El hecho de que millones de constitucionalistas desesperadamente intentan regresar a eso, con la esperanza de que la constitución puede salvar su "país" si la gente intenta usarla de nuevo…

Después de que fracasó completamente la primera vez…

Es un testamento al poder, y la demencia, de la superstición de la "autoridad".

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