Siguiendo órdenes | La superstición más peligrosa

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PARTE 3.2: El efecto sobre los agentes de imposición

Los "legisladores" dan las órdenes, pero sus leales agentes son quienes las llevan a cabo.

Millones y millones de personas que de otra forma son decentes y civilizadas, gastan sus días acosando, amenazando, extorsionando, controlando, y oprimiendo a otras personas quienes no han lastimado ni amenazado a nadie.

Pero como las acciones de esos "agentes de la ley" son consideradas "legales", y porque esos agentes creen que están actuando en nombre de la "autoridad", ellos se imaginan que no cargan con la responsabilidad de sus acciones.

De hecho, ellos ni siquiera ven sus acciones como si fuesen sus propias acciones.

Ellos hablan y actúan como si sus mentes y cuerpos hubiesen sido poseídos por una entidad invisible llamada "la ley" o "gobierno".

Ellos dicen cosas como:

"Mira, yo no hago las leyes – yo solo las impongo".

Ellos hablan y actúan como si fuese físicamente imposible para ellos hacer algo diferente a llevar a cabo la voluntad de un poder llamado "autoridad", y que por lo tanto no son personalmente responsables por sus acciones…

Así como un títere no es responsable por lo que su titiritero le haga hacer.

Cuando actúan en su capacidad "oficial", mientras "son poseídos por el espíritu de la autoridad", estos "agentes de imposición" se comportan en formas en las que en otras situaciones nunca se comportarían…

Y hacen cosas que ellos reconocerían como incivilizadas, violentas y malvadas si ellos las hicieran ellos mismos por su cuenta, sin una "autoridad" diciéndoles que las hagan.

Ejemplos de esto ocurren por todo el mundo, en cada hora de cada día, en una amplia variedad de formas.

Un soldado podría dispararle a un completo extraño, cuyo único pecado fue salir a caminar en una zona ocupada por militares después de un toque de queda declarado por ellos.

Un grupo de hombres fuertemente armados podría derribar la puerta de la casa de alguien y arrastrarlo afuera, o dispararle a un hombre en frente de su esposa e hijos, solo porque el hombre estaba cultivando una planta que los políticos proclamaron que era prohibida ("ilegal").

Un burócrata podría llenar unos papeles que le ordenan a una institución financiera a sacar miles de dólares de la cuenta bancaria de alguien en el nombre de la "recolección de impuestos".

Otro burócrata podría enviar matones armados al descubrir que alguien tuvo el atrevimiento de construir una plataforma de madera en su propiedad, con la aprobación de sus vecinos, pero sin la aprobación del "gobierno" (en la forma de un "permiso de construcción").

Un policía de tránsito puede detener y extorsionar a alguien (por medio de una "multa") por tener una luz trasera defectuosa.

Un agente de la TSA (en español, la Administración de Seguridad de Transporte) podría manosear a alguien, y escarbar entre sus pertenencias personales, sin la más ligera razón para sospechar que la persona ha hecho, o hará, algo malo.

Un "juez" puede ordenarle a matones armados a meter a alguien en una jaula durante meses, semanas o años, por hacer cosas como:

* Mostrar desprecio hacia el juez

* Conducir un coche sin un permiso aprobado por los políticos (en la forma de una "licencia" de conducción)

* Y haber participado en cualquier tipo de comercio mutuamente voluntario, pero no aprobado por los políticos (es decir, "ilegal")

Estos ejemplos, y literalmente millones de otros que podrían darse, son actos de agresión cometidos por los perpetradores quienes no los hubiesen cometido si una percibida "autoridad" no se los hubiese ordenado.

En resumen, la mayoría de instancias de robo, asalto y asesinato ocurren solo porque una "autoridad" le dijo a alguien que robara, atacara o matara.

La mayoría del tiempo, la gente que lleva a cabo esas órdenes no hubiese cometido esos crímenes por su propia cuenta.

De las 100 000 personas que trabajan para la IRS (en español, el Servicio de Impuestos Internos), ¿cuantos de ellos han participado en acoso, extorsión y robo antes de volverse agentes de la IRS?

Pocos, si es que hay alguno.

¿Cuantos soldados acosaban, amenazaban o mataban gente que no conocían antes de unirse al ejército?

Pocos, si es que hay alguno.

¿Qué tantos oficiales de policía regularmente detenían, interrogaban y secuestraban a gente no-violenta antes de volverse "agentes de imposición"?

Muy pocos.

¿Qué tantos "jueces" ordenaban meter a personas en jaulas por comportamientos no-violentos antes de ser designados a una "corte"?

Probablemente ninguno.

Cuando actos de agresión como esos se vuelven "legales", y se hacen en el nombre de "imponer la ley", aquellos quienes los cometen se imaginan que esos actos son inherentemente legítimos y válidos…

Inclusive aunque ellos reconocen que si ellos hubiesen cometido esos mismos actos por su propia cuenta, en vez de hacerlo en nombre de la "autoridad"…

Esos actos hubiesen sido crímenes, y hubiesen sido inmorales.

Aunque obviamente hay engranajes más significativos y menos significativos en las ruedas de la máquina del "gobierno", desde burócratas de bajo nivel a mercenarios armados, todos ellos tienen dos cosas en común:

1) Ellos imponen molestias a otros de una forma que ellos no hubiesen hecho por su propia cuenta.

2) Ellos no aceptan responsabilidad personal alguna por sus acciones mientras están en modo de "agente de imposición".

Nada hace esto más obvio que el hecho que, cuando lo apropiado o la moralidad de sus acciones es cuestionada, su respuesta casi siempre es una variación de, "Solo hago mi trabajo".

La obvia implicación de todas las declaraciones así es:

"No soy responsable por mis acciones porque la 'autoridad' me dijo que hiciera esto."

De la única forma en que eso tendría alguna pizca de sentido es si la persona fuese literalmente, físicamente incapaz de rehusarse a hacer algo que una percibida "autoridad" le ordena hacer.

Desafortunadamente, la horrible verdad es que la mayoría de personas, como resultado de su adoctrinamiento autoritario, parecen ser psicológicamente incapaces de desobedecer las ordenes de una imaginada "autoridad".

Para la mayoría de personas, dada la opción entre:

* Hacer lo que ellos saben que es lo correcto

* Y hacer lo que ellos saben que es lo incorrecto, cuando se los ordena una percibida "autoridad"

Tomarán la segunda opción.

Nada demuestra esto más claramente que los resultados de los experimentos de psicología hechos por el doctor Stanley Milgran en la década de los 1960s.

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